‘Times Are Changing’: Bob Dylan y la literatura

Imagen de Bob Dylan en un concierto reciente [Foto: David Oppenheimer vía Flickr].

¿Qué es la literatura? Gracias a un profesor de la carrera, Javier Aparicio, un hombre inolvidable y de gran sabiduría, llegué a aprender algunas nociones básicas sobre teoría literaria. El profesor nos repetía casi a diario, y a modo de mantra, que la literatura es como un taller en el que las obras se construyen a través de las herramientas que son las palabras. Las historias se pueden narrar a través de otras artes, pero el modo de hacerlo, los útiles que toma la literatura y que la hacen única son las letras. La literatura  (de la buena) no es otra cosa que palabras que no han sido arrastradas por el viento del tiempo. ¿Por qué entonces ha sido un músico, Bob Dylan (1941, Minnesota), el que se ha llevado el Nobel de Literatura? Esta pregunta sintetiza la raíz de la polémica que se ha formado entorno al fallo de la Academia Sueca y que tanto los medios de comunicación como las redes sociales han convertido en viral.

Foto: Portada del disco Times are changing de Bob Dylan vía Flickr

Portada del disco “The Times They Are A Changin'” de Bob Dylan [Foto vía Flickr].

En primer lugar, debemos de tener presente lo que el crítico de cine Carlos Boyero apuntaba en un artículo para El País, que la Academia Sueca “ignoró a Tólstoi, Proust, Kafka, Joyce, Fitzgerald, Pessoa, Borges, Cortázar, Kavafis, Chirbes, Chaves Nogales”, Cela y a otros muchos. Por el momento tampoco ha reconocido la obra de gran recorrido y calidad de Paul Auster, Murakami o Javier Marías. No, la Academia nos sorprendió en esta ocasión en su deliberación heterodoxa y por ello se aseguró de justificar el fallo, consciente de las críticas que recibiría. En un vídeo que se puede consultar en Youtube, Sara Danius habla en representación de la institución Sueca y afirma que “Dylan ha creado nuevas expresiones poéticas de gran originalidad que entroncan con una tradición poética de gran calado y que ha sabido reinventarse creando una nueva identidad”.

Lo cierto es que catedráticos de Oxford, como Christopher Ricks, llevan décadas reivindicando el valor literario de la obra del cantautor y hace años que el músico estaba en las quinielas entre otros literatos. Sus canciones, dirán los defensores, traspasan el ámbito de la música. Se trata de una poesía ideada para ser escuchada, igual que los rapsodas griegos que difundieron las obras de Homero a través de canciones, y de los poemas melódicos de Safo de Mitilene.

Con tal de comprender mejor lo sucedido nos deberíamos hacer otra pregunta: ¿Por qué ahora, en este preciso momento, se ha llevado el premio Dylan? Debemos de entender el galardón como un homenaje a la contracultura americana de los hippies y al mundo beatnik. No podemos perder de vista la coyuntura política actual para entender un fallo que ha asombrado a muchos. Estamos en 2016, año de elecciones presidenciales en el que el líder republicano Donald Trump podría llegar a gobernar la potencia mundial que es EE.UU., llevando a cabo políticas típicas de la extrema derecha: populistas, racistas y sexistas. Tiene sentido, por lo tanto, que una institución como la Academia Sueca valore al escritor de canciones como ‘Blowin’ in the Wind’ o ‘The Times They Are A-Changin”, odas que inspiraron revoluciones estudiantiles y movimientos pacifistas a la generación de los ’60 y siguen emocionando a espíritus jóvenes y combatientes.

Bob Dylan y Joan Baez vía Flickr

Imagen de Bob Dylan y Joan Baez [Foto vía Flickr].

La música tiene una doble virtud: por un lado, llega al receptor de un modo agradable, apelando a su sensibilidad antes que a su razón; del otro, se trata de composiciones breves a modo de micro-relatos, un formato muy adecuado a los tiempos actuales en los que nadie parece disponer de tiempo para leer grandes libros.

Seguirá habiendo quienes opinen que es un error laurear a un músico en los tiempos que corren, en los que cada vez se lee menos literatura, y opinarán que se ha perdido la oportunidad de reconocer a escritores al uso. También y siguiendo la línea de Leonard Cohen, habrá gente que tenga en alta estima al cantante pero que considere que “el premio Nobel a Dylan es como ponerle una medalla al Everest, a la montaña más alta”, condecorar a alguien que tiene las estanterías a rebosar de galardones. Aquellos que se hayan alegrado, considerarán a Dylan como el mejor poeta de la lengua inglesa actual y un personaje que llegó a influir a grandes como los Beatles. Habrá hasta quienes propongan, como Sabina, que el próximo Premio Cervantes se lo lleve Serrat. No obstante, y pese a las opiniones divergentes, nadie puede negar que la situación ha generado un debate enormemente enriquecedor que normalmente suele quedar relegado al territorio de las aulas universitarias de disciplinas afines a las Humanidades: la reflexión sobre qué es la literatura. Como diría nuestro rapsoda: “The answer, my friend, is blowin’ in the wind. The answer is blowin’ in the wind. (La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento. La respuesta está soplando en el viento.)”

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.



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