21/10/2017 BARCELONA

Las claves del último conflicto congelado: del Euromaidán a la Guerra del Donbass

¿Qué fue el Euromaidán? ¿Qué es la Guerra del Donbass? Desde las revueltas ucranianas de 2004, pasando por la revolución de 2014, la anexión de Crimea por parte de Rusia y el estado en el que se encuentra hoy en día Ucrania, repasamos las claves del enésimo conflicto congelado del entorno post-soviético.

Euromaidan, Guerra del Donbass… sucesos ocurridos durante los últimos años en Europa del Este, específicamente en Ucrania, y de los que poco se sabe por no ser un punto de interés prioritario para los Estados Unidos. No obstante, la agenda internacional tiene injerencia en este tema y esto se debe a la evidente influencia rusa en la zona y a las constantes sanciones económicas aplicadas por parte de las Naciones Unidas y Estados Unidos, tanto a Ucrania como a Rusia a consecuencia de los actos de violencia desarrollados en el territorio. Sin duda, este contexto peculiar, hace complicado comprender ¿qué fue el Euromaidán y qué es hoy en día la Guerra del Donbass?

Ucrania alcanzó su independencia de la Unión Soviética tras su disolución en el año 1991. Desde entonces se dio inicio al proceso de construcción del Estado, principalmente de un sistema político, en alguna medida democrático, que si bien consistió en elecciones en las que todo el pueblo podía participar, también dio lugar a un sistema prácticamente monopartidista; es decir, existían partidos opositores, pero estos sólo pudieron comenzar a mostrar su peso político a partir del inicio del siglo XXI. A partir de aquí se suceden diferentes períodos desde la presidencia de Leonid Kuchma (1994-2005), que solía ocupar un cargo de gran importancia en la administración soviética y que basó su gobierno en un grupo de decisores reducidos, seguido por el fraude electoral de Viktor Yanukovich del 2004, que desata los sucesos de la Revolución Naranja para finalmente derivar en la instauración de una frágil y endeble democracia qué sólo mantendría una cierta estabilidad hasta el año 2014, en el que se producen los levantamientos que luego tomarían el nombre de Euromaidán.

Primeras movilizaciónes pro-europeístas del Euromaidán en Kiev [Foto vía Wikimedia Commons]

¿Qué fue el Euromaidán?

Ucrania había tenido levantamientos previamente. En el año 2004, la población de clase media se movilizó hacia la plaza central de Kiev en apoyo al candidato de la oposición Viktor Yushchenko, quien había presentado evidencias del fraude electoral llevado a cabo por Yanukovich. Este suceso fue lo que luego se dio a conocer como Revolución Naranja.

Los objetivos de la Revolución Naranja eran claros: instaurar un gobierno democrático y elegido de forma transparente; acabar con los altos niveles de corrupción; bajar el índice inflacionario y estabilizar la crisis económica en la que la gran mayoría de las repúblicas ex soviéticas se vieron sumidas a partir de 1991. Dicho con otras palabras, mejor calidad de vida, mejores condiciones laborales, retribución de sueldos, y el otorgamiento de los derechos y garantías básicos para cualquier ciudadano ucraniano.

Diez años después, la población vuelve a movilizarse en la plaza central de Kiev, pero esta vez el movimiento es nacionalista. El Euromaidán fueron una serie de alzamientos dados entre finales del año 2013 hasta febrero de 2014, conformados por jóvenes y estudiantes indignados por la negativa del presidente a negociar la anexión de Ucrania a la Unión Europea, y por firmar, en paralelo, un acuerdo económico con la Federación Rusa. Es de ahí de donde el conflicto toma su nombre: la palabra Euromaidán se desglosa en “Euro” por la preferencia del pueblo a alinearse con Europa, y “maidan” que en ucraniano significa “plaza”, que es donde las movilizaciones tuvieron lugar.

El conflicto multicultural

Mapa que muestra la división en términos de lengua parlante y áreas en las que ganó cada candidato en las últimas elecciones presidenciales de 2010 [Foto vía NYTimes].

Sin restarle importancia a los factores económicos y políticos involucrados en el Euromaidán, la perspectiva que debe tenerse en cuenta a la hora de analizar el conflicto es precisamente la que no se tomó. El factor multicultural pareciera haberse pasado por alto de forma casi deliberada por parte de aquellos que decidieron tomar las riendas a la hora de resolver el conflicto. Y es que, simultáneamente a los alzamientos realizados en Kiev a favor de la incorporación de Ucrania a la Unión Europea y de la dimisión del presidente el cual, efectivamente, es destituido ese mismo mes por el poder legislativo, se dieron levantamientos (sumamente violentos) en el este del país, en las provincias de Donetsk, Luhansk, Odessa y Crimea, regiones en donde más del 80% de la población se identificaba como “rusa”.

Bajo el precepto de “autodeterminación de los pueblos” que, de acuerdo a la Carta de las Naciones Unidas, establece que todos los pueblos tienen derecho a determinar libremente, sin injerencia de terceros, su condición política, social, cultural, económica, etc., Rusia intervino en el territorio de Crimea (en el que la población que se autodetermina como “rusa” alcanza cerca del 97%) y, el 20 de marzo de 2014, se anexionó el territorio a la Federación Rusa mediante un referéndum aparentemente vinculante (aunque Naciones Unidas posteriormente declararía que el mismo fue ilegal) realizado a la población. Junto con la provincia, fue anexado el puerto de Sebastopol, un punto estratégico de suma importancia en el ámbito militar y también para las relaciones económicas y comerciales de transporte de petróleo y gas.

La intervención rusa en este proceso no hizo más que avivar las llamas del separatismo: la anexión de la península de Crimea incitó a las demás provincias del este a alzarse con más fuerza y mayor violencia. Es así como en los meses siguientes se desata la Guerra del Donbass, llamada así por el río que atraviesa el territorio de las provincias de Donetsk y Luhansk. Estas provincias se declaran independientes del Estado ucraniano con la pretensión de rebautizar el territorio como “Novorossia” (Nueva Rusia), para que posteriormente fuera también anexionado a la Federación Rusa. A día de hoy, el Estado ucraniano continúa en lucha con estos territorios rebeldes, aunque esto no implica, por supuesto, que no se haya intentado alcanzar una solución pacífica por la vía diplomática. El 11 de febrero del 2015, casi un año después de iniciarse el conflicto bélico, se llega a un acuerdo de alto al fuego en Minsk, Bielorrusia, que imponía las siguientes condiciones:

  • Zona de amortiguación: repliegue de la artillería pesada en un rango de 50 a 140 km del frente de batalla, dependiendo del calibre y el alcance de las armas.
  • Las zonas rebeldes podrían elegir a sus propios representantes, con la condición de hacerlo bajo las leyes ucranianas.
  • Reestablecimiento del control ucraniano en el territorio colindante a Rusia. En contraposición, la administración ucraniana debe otorgarle mayor autonomía a las provincias del este mediante una reforma constitucional que abarque desde las elecciones de sus representantes, al control de la policía local y los acuerdos comerciales que deseen realizar con Rusia.
  • El FMI accedió a ayudar a Ucrania a reestablecer su economía con un paquete de 17.500 millones de dólares.

No obstante, el acuerdo no tardó en romperse y la lucha prosigue hasta el día de hoy. Algunos de los datos más recientes muestran que Ucrania ha recibido armamento y material militar obsoleto de la OTAN, tras romper sus relaciones comerciales con Rusia, mientras que este último ha instalado en la península de Crimea un sistema anti-misiles S-400 Triumph que puede disparar a alrededor de 300 objetivos y cuyo alcance sobrepasa cientos de kilómetros. Por otro lado, el actual presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, ha instaurado, tras el fracaso del alto al fuego, la Ley Marcial que consiste en un régimen de derecho especial en caso de invasión exterior o amenaza de invasión. Esta ley estipula que aquellos ciudadanos que sean extranjeros pueden ser trasladados o expatriados, las autoridades pueden confiscar propiedad privada, intervenir los medios de comunicación y prohibir concentraciones multitudinarias. Por otro lado, en términos más formales, se podrán prohibir partidos políticos que actúen contra los intereses ucranianos, o establecer administraciones militares provisionales. Esto último, sin embargo, es un privilegio exclusivo del presidente.

Los números no mienten. Este conflicto ha dejado, gracias a la poca previsión de las autoridades, un millar de muertos, 1’7 millones de desplazados internos y 1’2 millones de refugiados ucranianos (en Europa y Rusia). Cabe aclarar que el gobierno ucraniano no está dispuesto a proporcionar ningún tipo de asilo o auxilio a aquellas personas que no puedan demostrar su status de refugiado, o de ciudadano ucraniano desplazado por la guerra. E incluso si logran cumplir estos requisitos, si se comprueba que son familiares de algún rebelde identificado, el gobierno rehúsa brindarles ayuda.

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Soldado serbio voluntario en la región del Donbass en favor de los separatistas [Foto: Euskal Herria Donbas y ARGIA].

En síntesis, la desintegración de la Unión Soviética en 1991 dejó, lógicamente, numerosas naciones y etnias desperdigadas por el territorio, en el cual se trazaron fronteras que comenzaron con el proceso de consolidación de los Estados que son hoy las ex repúblicas soviéticas. Estos Estados buscaron forjar una identidad dentro de los límites establecidos. Ucrania no fue un caso diferente y el Euromaidán es la prueba de que es un proceso que aún no ha alcanzado dicho objetivo.

La cultura rusa tiene origen en lo que hoy es conocido como la capital ucraniana, Kiev. El correr de los años y los cambios en las fronteras, desplazaron a los rusos a los territorios que hoy en día poseen, pero ni rusos ni ucranianos pueden negar su cultura, y el hecho de que sus raíces parten del mismo territorio. La homogeneización de la población no es una opción viable, su aplicación fue probada desde la independencia de Ucrania y las consecuencias se observan con mayor visibilidad a partir del año 2014. Por otro lado, si bien tras los sucesos del Euromaidán y la crisis de Crimea lograron llevarse a cabo elecciones presidenciales, las mismas sirvieron únicamente para comenzar el proceso de reestructuración institucional y regional del territorio ucraniano que, a la vez, se ve limitado por la Guerra del Donbass. Es evidente que lo único que impera hoy en día en el territorio ucraniano, son el caos y la incertidumbre.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

Florencia Tognelli

Buenos Aires, Argentina. Estudiante superior de Relaciones Internacionales y de Ciencia Política. Especialmente interesada en los conflictos multiculturales; trabajando específicamente con el caso ucraniano.


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