17/10/2017 BARCELONA

¿Aspiramos a vivir en una sociedad sin efectivo?

El dinero ha sido una herramienta que el ser humano ha utilizado con la finalidad de facilitar el intercambio de bienes y servicios. Durante toda la historia, este instrumento ha ido evolucionando a gran velocidad hasta el siglo XVII. A partir de entonces, se han concentrado los esfuerzos en agregar a éste patrones de seguridad con el fin de evitar la falsificación, lo cual ha supuesto una barrera en el desarrollo de posteriores innovaciones. De hecho, esto ha llegado al punto de que hoy en día se presente un paradigma hasta ahora imposible de concebir, el desplazamiento o incluso la desaparición del papel moneda. ¿Estamos en proceso de conformar una sociedad sin papel moneda (cashless society)?

El dinero, incluso mucho antes que el voto o la identidad, ha sido una herramienta que el ser humano ha utilizado con la finalidad de facilitar el intercambio de bienes y servicios. Durante toda la historia, este instrumento ha ido evolucionando a gran velocidad hasta el siglo XVII, momento en el cual culminan los cambios respecto a la concepción del papel moneda como instrumento financiero. A partir de entonces, se han concentrado los esfuerzos en agregar a éste patrones de seguridad con el fin de evitar la falsificación, lo cual ha supuesto una barrera en el desarrollo de posteriores innovaciones. De hecho, esto ha llegado al punto de que hoy en día se presente un paradigma hasta ahora imposible de concebir, el desplazamiento o incluso la desaparición del papel moneda. ¿Estamos en proceso de conformar una sociedad sin papel moneda (cashless society)?

Los orígenes del dinero

Ya en el Neolítico, el ser humano empezó a utilizar los trueques e intercambios como método para comerciar valores. Esto es, si un individuo poseía un bien (comida, pieles, armas) que deseaba cambiar con otra persona, ambos decidían el valor de los productos y, una vez hecho esto, se realizaba el llamado trueque. Si esta persona, de antemano, ya ponía un valor a su producto, el procedimiento era conocido como intercambio. Viendo la necesidad de acelerar este proceso, en esta misma era se empezaron a usar objetos que poseían un valor especial, debido a que eran escasos y limitados. Es aquí cuando se inicia el uso del oro y la plata como herramientas de comercio.

El famoso historiador Niall Ferguson explica que, pasado cierto tiempo, el ser humano agregó más utilidades al dinero: no sólo para comerciar sino también para crear valor a partir de su acumulación ¿Cómo se agregaba valor a algo escaso? En Italia, este problema fue resuelto mediante la creación de los bancos, encargados por entonces de administrar el dinero mediante políticas financieras y fórmulas técnicas, como por ejemplo la inserción de los ceros y los numerales arábigos o la sucesión de Fibonacci, entre otros.

La gran evolución, explica Ferguson, sucede en el año 1661 cuando se empezaron a emitir papeles de recibo por el depósito de oro y plata en el Banco de Estocolmo (Suecia). Este método se expandió rápidamente hacia los Países Bajos donde adoptaron un sistema similar para agilizar el comercio en la Bolsa de Valores. Fue precisamente en Ámsterdam donde se mantuvo y perfeccionó este sistema hasta tal punto que llegó a ser la referencia mundial de las finanzas en el siglo XVII e inicios del siglo XVIII.

Sin embargo, hay unanimidad entre los historiadores en concederle a John Law, y el famoso sistema Law, las matrices del uso moderno de los bancos centrales y el papel moneda. El sistema era simple pero a la vez muy arriesgado: el comercio y el movimiento de bienes es lo que da valor al mercado y no los medios de intercambio. Law, que era asesor económico de Luis XIV, hizo esta propuesta para dar salida a la grave caída comercial que sufría Francia en ese momento, debido a la falta de circulación de oro y plata. ¿Cuál era la solución según el sistema?

La burbuja de 1720 dañó tanto la economía francesa que los billetes llegaron a tener un valor casi nulo durante un tiempo [Imagen: Edward Mattew Ward]

La creación de un monopolio de finanzas a través de una institución administrada por el Estado. Esta institución sería el Banco General Privado con sede en Francia, precursor de los modernos bancos centrales, los cuales eran las instituciones autorizadas por el Estado para emitir el papel moneda. Éste estaría respaldado por el depósito en oro y plata existente en sus arcas, sistema conocido hoy como el patrón oro. El problema fue que el Estado terminó imprimiendo más billetes de los que podía respaldar con el oro existente en la institución, reduciendo por la mitad el valor de estos, al mismo tiempo que subía el precio de los productos a ser comerciados. Un hito histórico que ilustra las limitaciones de esta fiebre de imprimir billetes se produjo con la burbuja de Mississippi (1720), cuando el Banco General Privado francés tuvo que admitir que la cantidad de billetes en circulación no era igual a la cantidad de oro y plata depositada en la misma.

En los siglos subsecuentes se produjeron diferentes cambios, entre los cuales, sin duda el más importante fue la desaparición del patrón oro, es decir, el valor de la moneda ya no estaba asociado al valor del oro contenido en los bancos centrales nacionales sino que estaba asociado al valor del dólar estadounidense, el cual continuaba manteniendo el sistema de patrón oro. Sin embargo a partir de 1971, también EE.UU, dejó atrás esta práctica. A día de hoy, el valor del dinero está establecido por un sistema de confianza o valor fiduciario, donde el dinero no está respaldado por oro ni plata sino por la promesa del Gobierno que dicho billete tiene un valor. Posteriormente, se dio la llegada de las tarjetas de crédito y débito, así como la creación de cajeros automáticos (ATM), que tenían como finalidad descomprimir la cantidad de personas que van al Banco para retirar dinero. En otros países, se concibió la idea que se puede también administrar el dinero mediante el uso de tecnologías y reforzando así mismo otros métodos para eliminar el uso de papel moneda. Esta evolución se conoce como la sociedad sin dinero o cashless society.

Cashless society o la sociedad sin papel moneda

Esta sociedad sin papel moneda está siendo concebida en muchos países desarrollados donde se comienza a ver el papel moneda como un instrumento prácticamente innecesario, dado el crecimiento de aplicaciones financieras digitales que facilitan el mismo: procesador de pagos, transferencias bancarias, billeteras electrónicas o pagos vía móviles.

Un ejemplo es Suecia, uno de los países que está liderando este proyecto y que actualmente está alentando a su población a dejar el efectivo. De hecho, poco a poco los ciudadanos suecos se sienten más identificados con el paradigma sin papel como algo necesario. Louise Henriksson (26), profesor asistente de una escuela primaria explica:

“Ya no uso dinero (papel moneda) para nada. No lo necesitamos porque las tiendas no lo quieren y muchos bancos no lo quieren. Incluso para comprar un periódico o dulces en la calle, mejor usar una tarjeta de crédito o el teléfono.”

Estados Unidos empieza a aplicar esta idea en comunidades como Nueva Jersey, donde los usuarios pueden adquirir sus tickets para el metro usando la aplicación Google Wallet. Desde el momento de la implementación, que de momento sólo está disponible para usuarios con smartphones que tengan el sistema operativo Android, se ha demandado extender este servicio a más usuarios, lo cual representa una muestra de su buena acogida. Japón es también otro país que ya apuntó hacia una sociedad sin papel moneda. Una de las aplicaciones más populares, Osaifu Keitai permite comprar desde pasajes para el metro hasta café en todo Tokio. Ésta no es la única aplicación que permite realizar lo mencionado pero es la que más ha evolucionado en los últimos 5 años.

La sociedad sin efectivo está avanzando no solo debido a la falta de innovación en la propia herramienta, sino también debido a las pesadas regulaciones impuestas por los bancos centrales alrededor del mundo. Además, cada vez es más caro mantener el papel moneda en circulación y sobre esto tiene una intensa experiencia la República de Argentina. Teniendo serios problemas con la baja denominación de su moneda frente a otras (el dólar, por ejemplo), se empezaron a preguntar y comenzaron a analizar cuánto cuesta el dinero. El resultado: imprimir 1.000 ARS cuesta 510 ARS (es decir 0,51 ARS la unidad) y esto sin contar con la acuñación ni la circulación nacional del mismo.

Además, si hablamos de la circulación, en regiones como América Latina y África Subsahariana, el precio del dinero en circulación se puede multiplicar debido al alto costo de mantener los cajeros automáticos (ATM). No obstante, del problema de la circulación no se escapan los países desarrollados. Tomemos el caso de Estados Unidos, que gasta alrededor de 200 mil millones de USD anuales para mantener el papel moneda en circulación. Y se trata de uno de los países donde se impulsa el uso de tarjetas de crédito.

¿Avanzamos hacia la cashless society?

En teoría hablamos de reducción de gastos y otra serie de ventajas en el uso pero la realidad es que muchos países están lejos de aproximarse a esta idea y, de hecho, el papel moneda es todavía la herramienta más usada. Según informes del Banco Mundial, el movimiento del papel moneda representó el 62% del movimiento en Latinoamérica y más del 75% en África. Pasar a ser una sociedad sin papel moneda costará debido a lo que, en opinión de la mayoría de los expertos, constituye la mayor limitación: la falta de infraestructura (tecnología, acceso a internet, seguridad jurídica) que actualmente sufren la mayoría de los países.

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El Gobierno basa su poder en la confianza de las personas. ¿Están dispuestas a entregar sus datos? [Imagen: Peter Griffin]

El riesgo a los crackers también es uno de los temores más difundidos. Se trata de personas que ingresan ilegalmente a un sistema de una empresa determinada con el fin de robar la base de datos de los clientes o secuestrar los bienes y activos que tengan éstos en dicha compañía. Este representa uno de los mayores desafíos en los que actualmente se está trabajando. Tomando de nuevo el ejemplo de Suecia que, si bien cada vez más se acercan a la cashless society, en el país escandinavo todavía muchas personas se niegan a hacer el cambio debido a riesgos de este tipo y se escudan legalmente en su derecho constitucional de pagar en papel moneda.

La cuestión de la privacidad del ciudadano/usuario es un problema también. El Gobierno alienta el uso de las TIC’s pero, del mismo modo, hay mucha ambigüedad sobre la cuestión de qué datos manejará una vez que se deje de usar el papel moneda.

La alternativa al Gobierno y a la moneda centralizada: el Bitcoin

El bitcoin ha demostrado una eficiencia y crecimiento enorme en los usuarios sin discriminación alguna. ¿Deben los ciudadanos pensar en una alternativa, como el bitcoin?

La alternativa más viable en estos momentos, en el constante crecimiento de las tecnologías, son las criptomonedas, como el bitcoin. Éstas ofrecen una opción desregulada, que respeta la privacidad de las personas y posee una contabilidad transparente que otorga al usuario un control total de la moneda digital. Tiene una cantidad limitada de moneda (21 millones de bitcoins divisible hasta en 10 partes), lo que generará una deflación a largo plazo de la misma. El bitcoin no precisa de ningún respaldo (sea de metales preciosos o institucional) pues el valor lo define el mercado mediante la oferta y la demanda; de igual manera, el acceso al mismo no está definido por nacionalidad o clase social, el bitcoin es para todos.

Esta alternativa tiene desventajas, pues si bien la moneda no está respaldada en nada ni nadie, la volatilidad generada a causa de esto es algo que actualmente está en proceso de ser corregido por la comunidad y sucede con cada vez menor frecuencia. El acceso al mismo requiere de internet y la facilidad de uso aún dista de ser totalmente accesible para todo público. La gran ventaja es que este proyecto es joven y muchos países (incluyendo uniones internacionales como la Unión Europea) están respaldando dicho proyecto.

Desafíos y objetivos

1. El papel del Estado en la moneda: Si bien el papel del Estado en los últimos tres siglos ha sido de vital importancia, debido al manejo poco profesional de los mismos en las últimas crisis y dado los niveles actuales de inflación, nos hace preguntar y se impone definir el papel del Estado en la circulación de la moneda; lo cual también viene incluido con el interrogante sobre la garantía de privacidad de los ciudadanos. En una cashless society, ¿qué niveles de privacidad ofrecerá el Estado? ¿Accederá completamente a nuestros datos o tendremos un pseudonimato asegurado, como ofrece el bitcoin? También está el rol de las instituciones financieras centralizadas. ¿Cuál será su rol en los nuevos tiempos? ¿Lograrán adaptarse a los desafíos y necesidades proyectados para este siglo?

2. Las cadenas de bloque y el bitcoin: Este proyecto descentralizado ha marcado una agenda propia en el mundo de las finanzas y eso también definirá el futuro del proyecto sin papel moneda. Acercar este proyecto en lugares donde el uso del internet es muy bajo será uno de los principales desafíos, así como disminuir las barreras de la facilidad de uso.

3. El tercero y más importante de los desafíos: re-definir el concepto de dinero: ¿Es el dinero un instrumento regulado por el Estado? ¿Cada persona puede darle un valor propio a la moneda, ajeno a lo marcado por el Estado? Ya hemos visto la cantidad de criptomonedas que existen, buscando evolucionar el concepto de bitcoin, ¿serán estas las respuestas? Estos desafíos marcarán la agenda para llegar (o no) a una sociedad cashless, sin papel moneda.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

Nelson David Cardozo

Licenciado en RRII. Especializaciones en Mediación, Derecho Electoral y Marketing Digital. Docente. Tengo una pasión por la lectura política y lo digital. Trabajo (parcialmente) en el marketing político digital. Tuiteame y hablamos @nelsondcg1


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