19/06/2019 BARCELONA

Cuatro claves para comprender la parálisis política en España
Fachada del Congreso de los Diputados [Vía Flickr]

La posibilidad de unas terceras elecciones en un año obligan a analizar las causas que nos permitan comprender qué ha sucedido y cómo se podría evitar prolongar la situación de desgobierno. Toca volver la mirada a los líderes de los cuatro partidos más votadas y escrutar su incapacidad para llegar a acuerdos.


Un simple vistazo a la situación política en España ofrece un panorama enrevesado. A la crisis económica hay que añadirle un vertiginoso carrusel de cambios: dos presidentes, dos monarcas y dos elecciones generales (por el momento). El cóctel viene acompañado de una alta tasa de paro y del aumento de jóvenes emigrantes que ha supuesto una “fuga de cerebros”. Los que se quedaron han tenido que lidiar con la precariedad laboral y los bajos sueldos. Y no podemos dejar de lado un factor dominante en la política española en los últimos años, la corrupción. Si bien es cierto que la situación, a tenor de las estadísticas, está mejorando, aún queda lejos la recuperación plena que permita alcanzar el nivel previo a la crisis.

[pullquote align=”left”]Dos monarcas, dos elecciones y ningún presidente, todo dentro de un cóctel en el que no falta una alta tasa de paro, fuga de cerebros y precariedad laboral[/pullquote]

Se mira con recelo a la clase política buscando soluciones pero su inoperancia continúa provocando una generalizada sensación de desconexión entre ellos y la ciudadanía. Este ambiente cristalizó por primera vez en las elecciones europeas de mayo del 2014, un pequeño terremoto político seguido por una tormenta informativa. Desde entonces la situación ha seguido transformándose y hemos alcanzado un punto insospechado: un parlamento dividido, no equitativamente, entre cuatro partidos. Estamos ante una situación insólita en el actual período de democracia; nunca antes se había dado un Parlamento tan fragmentado. Cuatro son las claves principales para entender qué nos ha llevado a esta situación tan compleja que ni unas terceras elecciones consecutivas, en doce meses, parecen capaces de resolver.


Mariano Rajoy en una conferencia en el Auditorio Caixanova. Vigo [Vía Flickr]
Mariano Rajoy en una conferencia en el Auditorio Caixanova. Vigo [Vía Flickr]

Crisis económica

La crisis tuvo un impacto internacional, pero las repercusiones en España fueron especialmente desastrosas debido a un tejido laboral/empresarial cimentado sobre dos actividades tan susceptibles a las fluctuaciones económicas como son la construcción y los servicios. Hace más de medio siglo Einstein apuntó que “la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias“. Sin crisis, probablemente no hubiésemos tenido recortes, lo cual nos llevó a destapar la fuerte corrupción que azotaba el país y sin ello no hubiera explotado el descontento de la ciudadanía para con las instituciones, sus representantes y el sistema en general. Sin crisis el ciudadano medio no hubiese buscado una alternativa a la manifiesta inoperancia de la clase política. Fue en ese escenario de descontento generalizado donde dos formaciones supieron aprovecharse del reguero de votos que se le escapaba a PP y a PSOE. Ciudadanos, que se proyectó desde uno de los escenarios políticos más complejos actualmente, Cataluña, y Podemos, que surgió como respuesta a los movimientos sociales etiquetados como 15M. Ambos salieron de la crisis como el día nace de la noche.

La fracturación de la derecha y la izquierda

Fue cuando la crisis más arreciaba y los casos de corrupción florecían por todo el territorio nacional cuando los focos se centraron en los protagonistas de la política española durante los últimos casi cuarenta años. El Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular habían intercambiado sillones durante mucho tiempo pero ahora el bipartidismo se pone en tela de juicio. Desde las “formaciones del cambio”, como se autodenominaron Podemos y Ciudadanos, se abanderó la regeneración política y democrática del país. Estas nuevas consignas provocaron la fracturación política del espectro ideológico, pues si las fuerzas del cambio defendían su transversalidad, esto es la no vinculación a las etiquetas clásicas de izquierda y derecha, la diferencia radicaba en que la estrategia de Albert Rivera pasaba por un desplazamiento desde posiciones más a la derecha hacia el centro, mientras el partido de Pablo Iglesias emprendía el camino contrario, un comienzo escorado a la izquierda fue suavizándose en busca de lograr el mayor número de votos.

[pullquote align=”right”]El Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular habían intercambiado sillones durante mucho tiempo pero ahora el bipartidismo se pone en tela de juicio[/pullquote]

En la precampaña de las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, se produjeron los habituales intercambios de golpes pero esta vez con nuevos y más briosos actores: nuevos y viejos partidos, progresistas y conservadores,  todos se atizaron en un ambiente de hostilidad en el que se perseguía acabar con el adversario. Las encuestas y los medios espolearon a Ciudadanos y, especialmente, a Podemos a la ofensiva. La respuesta de los partidos, hasta el momento hegemónicos, no se hizo esperar: viéndose amenazados, PSOE y PP hicieron uso de sus contactos en los medios de comunicación afines para desatar una andanada en un desesperado intento por desinflar el inquietante crecimiento de los dos nuevos partidos. La consecuencia fue una mediatización desorbitada más preocupada por generar beneficios que por mostrar la verdad. Proliferaron los shows chabacanos y se convirtió al contertulio en analista político.  Fue después de esta subida descontrolada de adrenalina, en parte propiciada por los medios, cuando los políticos, esclavos de sus palabras, tuvieron que asumir las consecuencias: fuerte fragmentación política que ahora se trasladaba al parlamento donde tenían que lidiar incómodamente con aquellos con los que llevaban meses intercambiando improperios.

(In)Cultura política de pacto

La ausencia de cultura pactista, en un país que se ha caracterizado por fuertes mayorías, llevó a una embarazosa situación a los líderes de los cuatro grandes partidos: pareció como si Rajoy, Sánchez, Iglesias o Rivera no contemplaran la opción de pactar. Cuando los últimos se incorporaron a la lucha por la Moncloa hicieron lo que se esperaba de un político español, atacar a sus rivales. De la misma manera, el debate sorprendió a los electores, reacios a que los jefes del partido que votaron negociaran con “el enemigo”. Es esa España de los unos contra los otros, del miedo y el odio que aun no ha podido ser dignamente enterrada la que nos ha moldeado a la ciudadanía, de igual menara que ha hecho con los medios y a los políticos.

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Pablo Iglesias interviniendo en un acto [Vía Flickr]

Meses después de agotar las negociaciones llegó el siguiente paso: repetición de las elecciones generales, esta vez con fecha 26 de junio. La situación poco o nada cambió, que lo hizo, pero volvió a resultar un parlamento dividido y de nuevo obligó a los políticos a negociar. Y lo hicieron, de nuevo sin éxito. Acabamos de atravesar la cuarta jornada de investidura fallida en menos de un año y la situación no está lejos de volver a tablas. PSOE y Ciudadanos, primero, han intentado desbloquear la situación, especialmente el segundo –está por decidir si por auténtico sentido de Estado o simple estrategia electoralista– quien probó con el PP durante la actual legislatura. Por su parte, tanto PP como Podemos, ubicados en extremos ideológicos, se han opuesto sistemáticamente a cualquier alternativa que no pase por colocar a su propio candidato en la Moncloa. El problema de estas dos agrupaciones es la hipoteca que sufren sus respectivos líderes. Rajoy está lastrado por los distintos casos de corrupción (Bárcenas, Rato, Fabra y compañía) y el segundo no puede obviar el peso de los partidos con base en Cataluña o Galicia, a los cuales les debe buena parte de sus diputados en el Congreso.

Cataluña, País Vasco: donde ya se ha superado el bipartidismo 

En España, Cataluña viene captando la atención durante los últimos cinco años, pero conviene ir más allá del tirón mediático que suscita la cuestión catalana ya que existe un problema de fondo más grave. Se trata de la existencia de una realidad paralela que afecta a dos comunidades, Cataluña y País Vasco, en las que, con su voto, han relegado al bipartidismo a un segundo plano. Y el problema aquí reside en las divergencias electorales entre estas comunidades y el resto, pues pese a que la mayoría de ciudadanos catalanes y vascos han decidido dar carpetazo al bipartidismo tendrán que comulgar con la voluntad del resto de españoles, representada en el parlamento.

[pullquote align=”right”]En Cataluña y País Vasco hace tiempo que se superó el bipartidismo; ahora queda ver cómo encajarlo dentro de España[/pullquote]

De entre los cuatro partidos con mayor presencia en la Cámara Baja ha sido Podemos el que con más interés ha introducido el debate sobre los intereses territoriales. Para esta formación el referéndum se trata de una línea roja que no están dispuestos a ceder mientras que las dos fuerzas con las que podría entenderse, PSOE o Ciudadanos, no están dispuestos a cruzar. El replanteamiento en la relación entre comunidades autónomas parece algo relevante; decidir el rumbo es complicado, pero conviene alejarse del ruido que se genera alrededor de la política de oposición y rechazo que venía practicando el gobierno durante la última legislatura, que a todas luces no ha ofrecido resultados positivos.

Se trata de una cuestión muy delicada, de gran calado a nivel nacional y con interesantes precedentes a nivel internacional. Cabe recordar lo sucedido entre los años 2010 y 2011 en Bélgica, donde los partidos tradicionales fueron barridos en aquellos territorios con sentimientos nacionalistas y la falta de acuerdo llevó al país a un impasse político que mantuvo al país sin gobierno durante 589 días. Por el momento, en un pódium de número de días sin gobierno, España ocupa la tercera plaza por detrás de los citados belgas y de Camboya, quien aguantó 353 días. Aún estamos a tiempo de obtener la plata.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Agustín Prats

Málaga, España. Ejemplifico el fruto de este contexto coyuntural en el que nos encontramos: licenciado sin destino fijo y con futuro abierto. Un placer presentarme. Me gusta creer que mi campo es el de las Ciencias Sociales en su versión más extensa.


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