01/06/2020 BARCELONA

Turquía: ejemplo moderno de autoritarismo competitivo
Manifestación contra Erdogan, en el que se aprecia claramente como el presidente turco es acusado de dictador, año 2013 [Foto vía Flickr].

Turquía experimenta un grave y difícilmente detectable retroceso en la consolidación de su democracia. Este retroceso coincide, precisamente, con el período que el actual presidente, Recep Tayyip Erdoğan, lleva en el poder. Desde su aproximación a la UE, hace ya más de quince años, hasta la actualidad, varias son las claves que señalan la consolidación de un régimen autoritario.

El Consejo Europeo que tuvo lugar en Helsinki a finales del 1999 “acogió con satisfacción los positivos acontecimientos registrados recientemente en Turquía”, lo que significaba la puesta en marcha de los mecanismos necesarios para que el país se adhiriera a la Unión Europea. Desde entonces muchos aspectos han cambiado en los dos lados de la mesa. Ni Europa sigue suponiendo el destino tan deseado como era entonces ni Turquía ha progresado como se esperaba en las mejoras de la democracia que apuntaba a comienzos de siglo, por no mencionar la resistencia que, ciertos países clave, presentan a su ingreso. De hecho, en este tiempo, Turquía se ha convertido en un régimen híbrido en transición democrática. Quizá, y del mismo modo que ha sucedido con otras naciones de la llamada tercera ola de democratización de la Post Guerra Fría, las expectativas eran demasiado optimistas. Turquía supone un caso de régimen híbridos que no termina de cuajar de manera definitiva en democracia. Tanto en este caso como en otros se comprueba que la democratización no siempre se materializa y que es necesario comprender la naturaleza de este tipo de regímenes.

[pullquote align=”left”]Turquía se ha convertido en un Estado en el que se celebran elecciones libres pero donde se viene experimentando una represión constante de la sociedad civil así como agresiones a la libertad de los medios de comunicación[/pullquote]

Las estadísticas confirman el deterioro

Conviene analizar las características de la república turca bajo el liderazgo del Partido de la Justicia y la Democracia (AKP) de Recep Tayyip Erdoğan; un Estado en el que se celebran elecciones libres pero donde se viene experimentando una represión constante de la sociedad civil así como agresiones a la libertad de los medios de comunicación.

Bajo el Gobierno de Erdoğan, Turquía ha sufrido un empeoramiento dramático y progresivo de la libertad de prensa. Si en la clasificación mundial de 2008, publicada por Reporteros Sin Fronteras, Turquía puntuaba 25 (en un rango que va del 1 al 100, siendo 1=País libre y 100= país no libre) en 2016 el país desciende posiciones al recibir una puntuación del 50’76.

La censura en los medios de comunicación tradicionales es extendida. El gobierno ha contribuido a ello con discursos intimidatorios e imponiendo multas a propietarios de medios de comunicación que han sido críticos con el mismo. Este fue el caso de Dogan Media Holding que tuvo que hacer frente a una multa impositiva de 2’5 billones de dólares en 2009 tras haber publicado casos de corrupción que implicaban al entonces primer ministro, Erdoğan. La ley de Internet en 2014 y el bloqueo de Twitter son ejemplos más directos del estado de censura que vive el país.

Istanbul, Turkey
La Mezquita Azul de noche, Estambul [Foto vía Flickr]

El suculento control del aparato judicial

La manipulación en la libertad de prensa se extiende también al campo judicial. Erdoğan ha conseguido debilitar el poder judicial y mediático utilizando el soborno, la extorsión y persiguiendo a jueces. La Comisión Europea, en un informe hecho público en 2015, llamaba a la necesidad de restaurar y garantizar la independencia judicial, corroborando que jueces y fiscales están sometidos a una fuerte presión política.

En mayo, el parlamento turco dio luz verde a la reestructuración del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales (HSYK, en sus siglas en turco). La normativa ha permitido, entre otras cosas, la designación por parte del Gobierno de 267 miembros del Tribunal Supremo y 75 miembros del Consejo de Estado (Danistay), que es la máxima corte administrativa del país. De este modo el poder judicial queda subordinado al gobierno otorgando más poderes al ministro de justicia sobre el Consejo. Cabe destacar el juicio contra Ergenekon en 2013, el cual mereció la crítica internacional. El poder judicial fue acusado de llevar a cabo detenciones impropias de militares, políticos, abogados y periodistas críticos con el régimen, a los que se acusó de conspirar contra el gobierno.

El fallido golpe de Estado como síntoma

Algo parecido ha ocurrido tras el golpe fallido de julio de 2016 en el que 2.800 militares fueron detenidos por su presunta relación con el alzamiento y 2.700 jueces destituidos por presunta vinculación con el clérigo Fetulá Gülen, al que se acusa de estar detrás del complot.

A la luz de estos hechos podría afirmarse que el régimen político de Turquía se acerca más a un ejemplo moderno de autoritarismo competitivo que a una democracia. Los autoritarismos competitivos se definen porque sus líderes utilizan métodos informales de manipulación que son más difíciles de controlar por los cuerpos internacionales. A diferencia de los regímenes puramente autoritarios tienen un sistema de elecciones abiertas, pero no son democráticos ya que el campo de juego está fuertemente sesgado a favor del titular del Estado. La competencia es pues real, pero injusta.

[pullquote align=”right”]Los autoritarismos competitivos se definen porque sus líderes utilizan métodos informales de manipulación que son más difíciles de controlar por los cuerpos internacionales[/pullquote]

En el contexto de los autoritarismos competitivos, la supervivencia del régimen dependerá de la capacidad del líder de debilitar a la oposición y de consolidar su apoyo popular. Desde que Erdoğan alcanzara por primera vez el poder como primer ministro en los comicios de 2002, el líder indiscutible del AKP acumula tres victorias consecutivas con las elecciones en 2007 y 2011, sumado a su ascenso a la presidencia de la República en 2014. Erdoğan se ha mantenido en el poder con un gran apoyo popular a la vez que polarizaba la sociedad turca y ponía en riesgo el equilibrio de poderes escapando de la presión internacional.

Prueba de dicha polarización es el alzamiento del pasado mes de julio respaldado por algunos miembros de las fuerzas armadas. Un acontecimiento que, por otro lado, ha hecho incrementar la popularidad de Erdoğan hasta el 67’6%, unos valores nunca vistos en los últimos cuatro años y que superan en 20 puntos a los registrados en el mes anterior al  golpe de estado fallido.

La proximidad a Occidente como termómetro

La cuestión que se plantea es si Turquía se materializará finalmente en una democracia o está abocada hacia el autoritarismo. En este sentido el diseño institucional del país es una variable importante a tener en cuenta. Si finalmente Turquía se convierte en un sistema presidencialista existe el riesgo de que Erdoğan cree un campo de juego aún más desigual, debilitando a la oposición y perpetuándose en el poder. Según los politólogos Levistky y Way la proximidad a Occidente influye negativamente en la consolidación de los regímenes autoritarios competitivos. De este modo, si el país se expone a los valores e ideas de las democracias occidentales es más probable que la opinión pública sea propensa a apoyar la materialización democrática.

[pullquote align=”left”]Si finalmente Turquía se convierte en un sistema presidencialista existe el riesgo de que Erdoğan cree un campo de juego aún más desigual, debilitando a la oposición y perpetuándose en el poder[/pullquote]

Tras los acontecimientos recientes, la Unión Europea ha estrechado la cooperación con Turquía en distintos frentes como el migratorio. Además de los 3.000 millones de euros desembolsados para que Turquía haga frente a la llegada de refugiados, se ha vuelto a poner sobre la mesa la liberalización de visados para los ciudadanos turcos y se han abierto negociaciones en el punto 17 sobre política económica y monetaria. Va a ser muy importante ver cómo las relaciones con la Unión Europea se desarrollan y cómo éstas van a poder influir en la trayectoria futura del país. La consolidación de Turquía como un régimen autoritario competitivo pondría en duda la eficacia de la estrategia de la UE y abriría una nueva agenda de investigación sobre el proceso de europeización.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Sara Rayo

Edimburgo, Reino Unido. Licenciada en Periodismo y Ciencias Políticas por la Universidad Abat Oliba CEU tiene un máster en Relaciones Internacionales por el IBEI. Ha trabajado como periodista en medios de comunicación como La Vanguardia o TV3, y también en la gestión cultural en la Oficina Cultural y Científica de la Embajada de España en Londres, y el Consulado General de España en Edimburgo.


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