21/09/2019 BARCELONA

El futuro del kurdistán en el corazón de la inestabilidad regional
Erbil, capital of Iraqi Kurdistan [Foto vía Wikipedia]

El Kurdistán iraquí, ubicado en una de las zonas más turbulentas del mundo, se juega su futuro aprovechando la debilidad del gobierno iraquí y sus fortalezas, basadas en unos insospechados ingresos. ¿Por qué puede correr mejor suerte que sus compatriotas turcos?


El Kurdistán, foco de conflictos desde la primera mitad del siglo XX, se ha convertido en una isla tranquila y próspera en mitad de la tormenta regional marcada por un Irak que se desmorona, incapaz de mantenerse al margen de la guerra civil de la vecina Siria, que dura ya 5 años. La historia de los kurdos, tan insólita como sangrienta, se ha construido sobre un hecho: son una nación que nunca ha sido reconocida oficialmente, y que jamás ha podido mantener un Estado propio. Pero tal situación es susceptible de cambio. Las esperanzas de los kurdos se basan ahora en la creciente autonomía de la que disfrutan en Irak, a pesar de la dura represión que continúan sufriendo en Turquía. Además hay que valorar que la situación de los kurdos en Irak no es tanto fruto exclusivo de sus éxitos como de los éxitos de otros y de la debilidad del Gobierno iraquí, algo que podría extenderse a Siria, pero difícilmente a Turquía o Irán.

Autonomía fluctuante hasta los acuerdos de Lausana y de  Skykes-Picot

Como primer apunte histórico, cabe decir que, salvo contados momentos, los kurdos gozaron de considerable (aunque variable) autonomía bajo el Imperio Otomano, lo que desapareció con la caída de éste y la firma del Tratado de Lausana. En ese momento las aspiraciones kurdas se esfumaron, junto con los restos de autonomía que habían disfrutado durante siglos. La reformulación de las fronteras iba a dejar partido el Kurdistán entre cuatro nuevos Estados resultado de los tratados de Lausana y de Sykes-Picot. Desde entonces, la historia del Kurdistán ha ido de la mano de la lucha por la independencia, la división del movimiento en facciones enfrentadas, hasta incluso llegar a la guerra civil, y la dura represión por parte de los Estados en los que se encuentra.

Mapa del territorio que conforma el Kurdistán. [Foto vía Wikipedia]

El kurdistán iraquí. Un paraíso en mitad del infierno

Hoy, el Kurdistán iraquí vive una autonomía que podemos determinar como producto de la debilidad del gobierno iraquí. Los primeros pasos hacia la autonomía empezaron con la Zona de Exclusión Aérea tras la II Guerra del Golfo, la cual ofreció a los EEUU un camino seguro para obtener sus objetivos militares en la Tercera Guerra (y última por el momento), llevada a cabo una década después. Para los kurdos esto supuso una hoja de ruta hacia un creciente autogobierno que las fuerzas iraquíes no podrían aplastar, demasiado concentradas en controlar un país que se derrumbaba.

Una vez finalizada la guerra, el escenario era favorable para la autonomía kurda gracias al apoyo otorgado a las fuerzas ocupantes. Se garantizaba la autonomía para el Kurdistán iraquí y se obligaba a reinvertir un porcentaje de los ingresos nacionales por la venta de hidrocarburos en el desarrollo de la región. Y las nuevas fuerzas de seguridad, poco capacitadas, tampoco estaban en disposición de reconquistar la zona. Mucho menos lo están ahora, cuando difícilmente pueden controlar el avance de las tropas del DAESH.

Podríamos decir que la autonomía que goza hoy el Kurdistán iraquí es producto de la debilidad del Gobierno iraquí.

No obstante, la situación se ha vuelto más inestable al acusar los kurdos a las autoridades iraquíes de no cumplir el acuerdo sobre inversiones, lo cual ha motivado los deseos de incrementar su autonomía. Hay quien dice que “las condiciones para la independencia están maduras”, en un lenguaje político muy apropiado. A esto hay que sumar que el Gobierno central está demasiado ocupado conteniendo la amenaza del DAESH como para frenar militarmente tal empujón secesionista. Solo la negociación con los socios occidentales podría pararlo, y así parece que va a ser de momento.

Inesperado crecimiento económico

Mientras tanto, esta región del norte de Irak se desarrolla a buen ritmo. Sus principales fuentes de riqueza han pasado de ser la ganadería y el turismo a basarse en la venta de petróleo, cuyas reservas se han descubierto hace algunos años. Su renta per cápita crece de manera sostenida y se han convertido en el objeto de deseo de la inversión extranjera desde un 2006 en el que se aprobó una ley de inversiones que, inspirada en modelos como los de Dubái y Malasia, prevé ciertas facilidades para inversores locales o extranjeros, como es la exención de impuestos durante los primeros años o la concesión de terrenos para los sectores estratégicos. De cara al resto del Kurdistán, el mensaje es claro. El camino a la autonomía es la debilidad del Estado y la negociación con éste. Y es algo que los kurdos de Siria están a tiempo de aprender.

Los beneficios de la guerra

En Siria, como pasó en Irak, la guerra favorece a los que no se implican directamente. Así, en un escenario de enfrentamiento colectivo en el que las tropas gubernamentales luchan contra las escasas fuerzas insurgentes y las numerosísimas del DAESH, los kurdos y sus peshmerga se han limitado a defender sus posiciones en las montañas y sus propios recursos, a la espera de los acontecimientos. De este modo, pacificando su territorio en la medida de lo posible, pueden convertirse en base de operaciones para la guerra que está por venir, pudiendo negociar una posterior autonomía, quizá la independencia si la situación en Irak lo permite.

Combatiente kurda de la ciudad de Kobane [Foto vía Anticapalistes.net]

La volatilidad del tablero político

Y es que la situación en Siria e Irak es tan inestable que cualquier escenario puede darse de aquí a un par de años. En esta zona de guerra podemos distinguir una multiplicidad de actores, cada uno con sus propios intereses.

Por un lado encontramos al DAESH, que gana o pierde posiciones según el devenir de la campaña bélica mientras trata de hacerse con el control de ciudades y fuentes de recursos, tanto económicos (yacimientos petroleros) como demográficos (población) gracias a la financiación privada que reciben desde los Estados del Golfo. Por otro lado, vemos cómo las potencias occidentales se implican paulatinamente, armando y entrenando a las fuerzas insurgentes, que luchan contra la dictadura de al-Assad y contra el DAESH a un tiempo. Tal es el caso de los peshmerga, que están siendo armados por la misma Francia que vendió el gas con el que Saddam los asesinaba por miles a finales de los 80. Finalmente tenemos a Rusia, cuya alianza con al-Assad impone una serie de bombardeos que igualmente pueden caer sobre islamistas que sobre kurdos, enemigos ambos del régimen.

Dadas las circunstancias, cualquier cosa puede suceder, incluyendo una desintegración regional que incluya a Irak y Siria, demasiado fragmentadas en comunidades enfrentadas unas con otras. Esto supondría la creación de un Kurdistán completamente independiente en estos dos países, y que rápidamente podría convertirse en un Estado próspero y viable gracias a su cohesión interna y sus fuentes de riqueza. Es de imaginar que todos estos acontecimientos no son del agrado de una Turquía que lleva décadas enfrentada a su propia población kurda, probablemente la que ha recurrido de manera más organizada a la violencia contra el Estado.

Turquía o la ausencia de escrúpulos

El enfrentamiento kurdo-turco nace con la misma Turquía y el deseo de sus líderes de homogeneizar todo el territorio. Ante tal cosa, los kurdos respondieron mediante la lucha armada. Tal es el enconamiento, que Turquía ha mantenido una posición ciertamente contradictoria en el conflicto que ocupa la región. Así, ha comprado petróleo al Estado Islámico a sabiendas de que era una fuente de financiación para éste, lo que ha enfadado a sus socios de la OTAN, que se implican poco a poco en la lucha sobre el terreno. Al mismo tiempo, ha cerrado las fronteras a aquellos kurdos que, ante la gravedad de la situación en Siria, acudían a ayudar a sus compatriotas del otro lado de la frontera, lo que ha empeorado la situación.

Y es que, por contradictorio que parezca, el electorado turco es más comprensivo con el DAESH que con los kurdos. De hecho, muchos turcos piensan que los suníes de la región han sufrido demasiado a manos de las demás comunidades y merecen que algo ponga fin a tal sufrimiento. Ese “algo” es el DAESH. Por el contrario, las décadas de lucha armada y atentados de los kurdos contra el Estado han causado mucho dolor en la población, que vería con malos ojos que el Estado ayudara a los kurdos, o simplemente llegara a un acuerdo con ellos. Les parece preferible subvencionar al DAESH mediante la compra de petróleo, siendo éste también enemigo de los kurdos.

Dada la situación es imposible que el Kurdistán turco alcance ningún tipo de autonomía en territorio turco, siendo además una de las pocas cosas que tienen en común todos los partidos políticos de corte nacional. Solo podría desatascarse la situación mediante la presión de la Unión Europea, que podría condicionar el ingreso de Turquía a la resolución del “problema kurdo”. Sin embargo, dado el historial de la UE, lo más probable es que el problema se vea sometido a una operación de mero maquillaje.

¿Dónde acaba este camino? Múltiples escenarios están por venir.

La nación kurda, que ha sufrido durante siglos la represión y la violencia, está ahora en mejores condiciones que nunca para lograr los objetivos que el siglo XX le había negado. No obstante, la situación es tan volátil que la capacidad para predecir una situación es difícil, por no decir imposible. A pesar de esto, podemos tener claro lo siguiente. Lo primero es que las victorias políticas logradas en el Kurdistán iraquí son difícilmente reversibles a corto plazo, puesto que las autoridades de Bagdad ni quieren ni están en condiciones de controlar tal territorio. Del mismo modo, sus compatriotas en Siria pueden tener a su alcance un objetivo similar, dada la creciente desintegración del país.

Por el contrario, Turquía no está en disposición de ceder, y su Estado está lo suficientemente consolidado como para no presentar ninguna debilidad que los kurdos puedan aprovechar. Y aunque se conforme una región autónoma, o incluso un Estado kurdo en Siria e Irak, la capacidad de Turquía para modificar su statu quo es muy limitada.

Visto así, las fronteras dibujadas por las potencias europeas tras la I Guerra Mundial no se han mostrado viables al no responder a apenas ninguna realidad cultural previa. Mientras tanto, otras fronteras se imponen por su propia naturaleza, siendo el Kurdistán una de ellas. El tiempo nos dirá hasta dónde llega y con qué compañeros de viaje.

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Alberto Sanchez

Madrid. España. Licenciado en Historia (UAM) y Máster en Mundo Árabe (UGR). Candidato a Doctorando en Relaciones Internacionales. Humanista de vocación.Trato de comprender y explicar el mundo, aunque en ocasiones resulte difícil. Creo que sólo podemos hacer un mundo mejor a través de la comprensión de éste. Así que aprendamos, construyamos, vivamos. [email protected]


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