23/09/2017 BARCELONA

Conflictos olvidados: Eritrea y las violaciones de Derechos Humanos

A día de hoy, Eritrea es considerada como la Corea del Norte de África. A pesar de que África aún no está completamente liberada de los regímenes dictatoriales y sus democracias en cierta medida siguen siendo frágiles, el nivel de represión que ha prevalecido en Eritrea en los últimos diez años no tiene punto de comparación. Los casos detallados de violaciones de los derechos humanos y de represión en el país son infinitos.

Como defiende Martin Shaw no todos los “quasi-imperial states” son herederos de los imperios coloniales y Etiopía es uno de estos casos. Para ser más exactos, Etiopía fue un imperio que nunca estuvo colonizado por los europeos -aunque sí fue brutalmente ocupado por la Italia fascista en 1936-1941 y posteriormente anexado a la colonia italiana de Eritrea. A la postre, el movimiento marxista-leninista Dergue, liderado por Mengistu Haile Miriam, derrocó al emperador Haile Selassi en 1974 haciendo frente a una parte de la oposición armada representada por el Frente de Liberación de los Pueblos de Tigraya (TLPT) y el Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea (FLPE). Este último puso las bases del movimiento de emancipación eritreo de Etiopía.

Si hago mención de la historia de Etiopía es principalmente porque Eritrea se independizó de este país en la década de los 90 y porque a Etiopía le apoyó el bloque soviético y, por lo tanto, cumple con el requisito básico de la correlación de la presencia de una superpotencia -un estado tercero- y los crímenes de genocidio. De hecho, el sistema internacional puede ser usado como variable para el estudio de genocidio. Por ejemplo, en la Guerra Fría, el genocidio activo no formaba parte de la fractura central del sistema, cometido por los grandes bloques. La violencia con carácter genocida fue acometida y practicada en la periferia del conflicto por Estados que eran, en mayor o menor medida, clientes de una o de ambas superpotencias.

Dos caminos distintos: Etiopía y Eritrea

El movimiento Dergue, apoyado por el bloque soviético, implementó una política de “terror rojo” contra sus

Tanque frente al Palacio presidencial en Etiopía tras una batalla entre rebeldes y ejército (1991) [Foto: Departamento de Defensa de EEUU vía WikimediaCommons]

enemigos que según Kissi “fue la ideología revolucionaria del régimen de unidad nacional que permitió al movimiento Dergue la identificación de enemigos que debían ser aniquilados, destruidos”. Kissi argumenta que “el alcance de las atrocidades del Dergue contra los grupos políticos son manifiestas” pero se considera escéptico en lo que se refiere a la “intención general del régimen militar de aniquilar por completo o parcialmente los grupos étnicos de donde proceden sus oponentes.” Finalmente, la presión militar de los opositores al régimen y con la retirada paulatina del apoyo por parte de la URSS en su crisis terminal llevó a la caída del régimen de Mengistu y la independencia de Eritrea.

En Etiopía la caída de los Dergues en 1991 llevó al poder al prooccidental Meles Zenawai, instaurando en 1995 la democracia en el país. Eritrea, por su parte, se independizó en 1993. Sin embargo la guerra fronteriza entre Etiopía y Eritrea de 1998-2000 causó 100.000 muertos y 1.000.000 de refugiados provocando las deportaciones de etíopes por parte de Eritrea y de eritreos por parte de Etiopía. Juan Torres soslaya que fue el colonialismo italiano el que sentó las bases para la  emergencia de identidad panétnica.

En las tres regiones que Italia consolidó en Eritrea había nadas más y nada menos que nueve grupos étnicos. Sin embargo, Eritrea- identificándose fuertemente con el grupo étnico Tigrinya- sustituyó las diferentes identidades étnicas por una identidad nacional construida en torno al grupo Tigrinya reforzando así el conflicto existente en el país y en la región.

Eritrea y la securitización del país

La forma represiva en la que Eritrea ha sido gobernada en los últimos diez años viola el derecho de su pueblo a la gobernanza democrática. En particular, la negativa del Gobierno de transición de poner fin a su mandato desafiando a sus propias promesas, las leyes de transición y la Constitución de Eritrea se ajusta según Weldehaimanot a la definición de cambio inconstitucional de gobierno proscrita por la Unión Africana.

A día de hoy, Eritrea es considerada como la Corea del Norte de África. A pesar de que África aún no está completamente liberada de los regímenes dictatoriales y sus democracias en cierta medida siguen siendo frágiles, el nivel de represión que ha prevalecido en Eritrea en los últimos diez años no tiene punto de comparación. Los casos detallados de violaciones de los derechos humanos y de represión en el país son infinitos.

Con un periodo de excepción de cuatro años que tuvo lugar en 1997-2001, Eritrea no ha permitido la difusión de periódicos, radios o televisión privados. La prensa privada establecida después de la independencia fue eliminada en septiembre de 2001 y casi todos los periodistas que no pudieron huir fueron detenidos en régimen de incomunicación sin acceso a su derecho a un juicio justo. Reid nos dice, que once miembros del parlamento de transición de Eritrea, la Asamblea Nacional, y muchos cientos de presuntos simpatizantes fueron detenidos al mismo tiempo que los periodistas y todavía permanecen en detención secreta sin acceso a sus familias, abogados

Cascos azules vigilando la frontera entre Etiopía y Eritrea [Foto: Dawit Rezene vía World66]

o un juicio justo.

Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario han sido sometidas a severas restricciones impuestas por el gobierno. A pesar de la fragilidad del país ante una hambruna, todas las ONG con excepción del Comité Internacional de la Cruz Roja fueron expulsadas ​​recientemente.

No ha habido elecciones a nivel nacional desde la más que dudosa elección que se llevó a cabo en 1993. El servicio militar obligatorio originalmente fue establecido para los hombres con una duración estimada de 18 meses ha sido, sin embargo, es un servicio sin final preciso, sometiendo a toda la población masculina a una opresión y constreñimiento. Como consecuencia, miles de eritreos están dejando el país cada año a pesar de la política de “disparar a matar” destinada a sellar las fronteras. Esto hace que Eritrea se encuentre entre los principales países productores de refugiados. Los números de los ciudadanos que intentan escapar son extremadamente altos si los comparamos con la población de Eritrea. Todo el país ha sido securitizado siendo calificado como una “prisión al aire libre”.

Eritrea dentro del contexto regional

En África, desde la adopción de la Carta Africana en 1981 a la reciente codificación de la carta sobre la democracia en 2007, los líderes se han ido comprometiendo con el objetivo de gobernar sus sociedades democráticamente. Junto con la carta sobre la democracia, la Declaración de Lomé es el segundo instrumento con el que los líderes africanos se dotaron de los principios para desarrollar una gobernanza democrática.

Entre los principios hoy en día vigentes encontramos la necesidad de adoptar una constitución democrática mediante un proceso democrático (una constitución que a su vez debe cumplir con el principio de separación de poderes asegurando, entre otros, la independencia del poder judicial); la promoción del pluralismo político (o cualquier otra forma de democracia participativa) y el papel de la sociedad civil, incluida la mejora y garantía el equilibrio de género en el proceso político; el principio de un cambio democrático y el reconocimiento del papel ejercido por la oposición; organización de elecciones libres y regulares; garantía de los derechos de libertad de expresión y libertad de prensa, incluyendo la garantía de acceso a los medios de comunicación para todos los actores políticos; reconocimiento de los derechos y las libertades fundamentales de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanas y la Carta Africana; y, por último, la adhesión estricta a la Constitución y otros instrumentos legislativos.

Escenarios de futuro

El futuro de Eritrea es aterrador y, a día de hoy, lo es mucho más que en el pasado cuando los enemigos eran más fáciles de distinguir. Ante la ausencia de agravios que conlleven un alzamiento, lo que podremos observar es una escalada de conflicto de bajo-nivel/perfil englobando insurgentes etíopes respaldos en la parte oeste del país y en las llanuras costeras, sobre todo en la zona rica en minerales y piedras preciosas.

Sin embargo, el régimen no verá amenazada su existencia pero podría interrumpir las operaciones mineras y rebajar el flujo de exportaciones y por lo tanto reduciendo los ingresos del gobierno de Asmara. Al decidir tomar este camino, el gobierno no haría más que incrementar los factores de inestabilidad. Estos grupos rebeldes han colocado minas anti-persona (MAP) a lo largo de las rutas más frecuentadas en los últimos años. Para ello contaron con el apoyo tácito e imprescindible de las poblaciones locales -que rara vez participan en primera persona en dichas acciones y que tampoco colaboran con el gobierno identificando los responsables de la colocación de MAP.

Lo más probable es que las amenazas con mayores probabilidades de florecer se encuentren y emerjan de dentro del país donde hay una creciente desafección con la burocracia estatal y en las fuerzas armadas, sobre todo en los alistados más jóvenes. Además, un golpe de estado no está en el orden del día debido a la desunión existente de los más altos oficiales.

Müller, entre las posibilidades contempladas, identifica el intento de asesinato del presidente Isaías, que si se lleva a acabo fomentaría una lucha de poder entre los cuatro hombres más poderosas de Eritrea. A fin de cuentas, las amenazas sustantivas con alguna posibilidad de éxito sólo vendrán si se producen desde dentro del país A su vez, un golpe de Estado es poco probable (aunque no imposible) debido tanto a la desunión entre la jerarquía superior y los funcionarios y de la red de mecanismos de seguridad establecidos para prevenir este tipo de acciones.

En este contexto, la principal amenaza a largo plazo a la unidad del país brota de las identidades étnicas y religiosas revigorizadas, siendo estas la variable principal para la construcción de alianzas dentro de la oposición política armada, y que abren la puerta a la penetración de formas más virulentas de extremismo desde el exterior. Finalmente, entre los posibles escenarios de Eritrea a corto plazo Connell destaca dos, que son más probables: (1) La situación seguirá siendo la que es, con un régimen que seguirá beneficiándose de los fondos provenientes de las minas y que seguirá estrechando cada vez más el cerco securitario del país conforme la economía caiga; y (2) los grupos de la oposición de Eritrea, actuando con el apoyo de Etiopía, intensificarán sus ataques dentro de Eritrea, explorando nuevas zonas estratégicas donde colocar MAPs.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

Diego Badell


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