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Saberse vulnerable para una vida plena

Somos imperfectos y vulnerables. Esa es la verdadera esencia del ser humano. La palabra “vulnerabilidad” tiene varias acepciones, pero la que particularmente es de suma importancia es la que nos coloca de frente con el aspecto de nosotros mismos que más nos cuesta aceptar: la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional.


Hemos crecido con la creencia de que ocultar nuestra vulnerabilidad nos ayuda a sentirnos seguros, a evitar que nos hagan daño. Creemos que sentir y exponer lo que sentimos es sinónimo de debilidad. Todos los seres humanos sentimos miedo, vergüenza, incertidumbre, ansiedad; no toleramos que nos hieran, que nos juzguen, que nos desilusionen, que nos humillen, sentimos temor a ser abandonados, a no ser dignos de ser amados. No toleramos no saber o no tener la certeza de algo, ni tampoco ver que alguien cercano está pasando por una mala situación y no saber cómo podemos ayudar. Tampoco toleramos discutir con alguien y que nos diga una verdad incómoda. Y qué decir del insoportable temor y dolor que sentimos cuando creemos que les pasará algo terrible a nuestros hijos, algo imposible de explicar.

Vergüenza

La vergüenza es una emoción tremendamente dolorosa


 

“A mí me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, enamorarme de verdad, y cuando pones tanto en todas esas cosas lo más normal es que salgas lleno de cicatrices” – Joaquín Sabina, cantautor español

Pero también somos vulnerables cuando amamos y corremos el riesgo a no ser correspondidos o que nos decepcionen. También, como en mi caso, cuando exponemos un escrito sin ninguna garantía de que será aceptado y valorado. Cuando sentimos alegría, sabiendo que esos momentos son pasajeros. Constantemente estamos expuestos a las emociones y la vulnerabilidad, es el centro de éstas. Lamentablemente, éste es uno de los grandes males de nuestra sociedad: el no aceptar que somos vulnerables y en consecuencia, privilegiar la apariencia estable y fuerte, aunque nos afecte profundamente en nuestro diario vivir, amar, trabajar, etc. Existe una contradicción con respecto a esto: nos gusta mucho y nos sentimos atraídos al ver una actitud abierta en otras personas, pero tenemos miedo y vergüenza, de que los demás la vean en nosotros.

“Amar del todo es ser vulnerable. Ama cualquier cosa y tu corazón seguramente será estrujado y posiblemente, roto. Si quieres asegurarte de mantenerlo intacto, no debes darle tu corazón a nadie, ni siquiera a un animal (…) No lo harán pedazos; se volverá irrompible, impenetrable, irredimible… – C.S. Lewis

¿Por qué nos cuesta mostrarnos ante los demás?

Según la Dra. Brown, la razón de que tengamos miedo a mostrarnos tal y como somos es que nos consideramos personas sin valor: sentimos que no somos lo suficientemente buenos, perfectos, poderosos, exitosos, inteligentes, seguros…También porque tenemos vergüenza y la vergüenza es una emoción tremendamente dolorosa. Aumenta la ansiedad, el miedo y la desconexión –la interrupción de nuestras relaciones familiares, sociales- y por consiguiente lleva al aislamiento. La desesperación de querer salir de ese estado conlleva muchas veces que la persona sea capaz de hacer cualquier cosa para acallar la vulnerabilidad. La vergüenza puede relacionarse con las adicciones, la depresión, la actitud violenta, la intimidación, la crueldad, los trastornos alimentarios o incluso el suicidio. El riesgo es creer que sentir equivale a ser débil.

Sin embargo, nuestra imperfección nos hace más humanos, nos hace genuinos, auténticos. El auténtico valor es el que nos provee de coraje para aceptar que somos imperfectos y es precisamente ahí donde radica nuestra belleza. La realidad de la vida es que, nos guste o no, experimentamos una gran variedad de emociones y, si no nos concedemos el permiso de apreciarlas, el resultado inevitable será la aparición de emociones dolorosas o, en casos extremos, la incapacidad de sentir. Ser vulnerable es compartir nuestros sentimientos y experiencias con alguien a quien le tenemos confianza y también es estar abierto, dispuesto a escuchar sin juzgar. Es un proceso mutuo, intercambiable, en el que necesitamos estar profundamente conectados con el otro y en esa instancia comienzan a revelarse nuestra compasión y consideración hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Así lo expone valientemente la Dra. Brené Brown, Licenciada en Trabajo Social, Profesora de Investigación en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Houston, EE.UU., quien investiga este tema desde hace más de una década.

“Cuando aceptamos nuestras emociones, no quiere decir que nos gusten, sino que nos concedemos el permiso, el espacio y la libertad para sentir lo que sentimos” Tal Ben Shahar – Profesor de Psicología Positiva de la Universidad de Harvard, EE.UU.

Belleza real

Aceptarnos tal y como somos para vivir plenamente


Darnos el permiso para ser humanos

Tratar de vivir plena, sincera y auténticamente, implica aceptarnos tal como somos: seres imperfectos, con nuestros miedos, fracasos, frustraciones, abrazando la vida con el corazón y al mismo tiempo creer que somos merecedores íntegramente de cuanto anhelamos, pero sabiendo que todo es susceptible de ser perdido. Nada es seguro en este mundo.

Dejar de lado nuestro constante y debilitante auto-juicio y aprender a ser amables, afectuosos, comprensivos y gentiles con nosotros mismos, a hablar de cómo nos sentimos, de lo que nos pasa, de lo que necesitamos y deseamos. Ejercer la auto-compasión, que nos ayuda a vernos con claridad, conectar nuestra espiritualidad con esa maravillosa energía que somos, cultivar nuestro espíritu y practicar la gratitud, aún en las épocas más difíciles. Hay algo muy edificante cuando nos llenamos de agradecimiento, pues las personas que se sienten agradecidas perciben con más sensibilidad y empatía.

“Deja que tu cara transmita lo que hay en tu corazón” Toni Morrison – Escritora estadounidense

Aceptándonos vulnerables, entramos en contacto con lo que nos hace sensibles y comienza a emerger nuestra verdadera belleza interior, nuestra genuinidad y autenticidad. Es un arduo trabajo interior, pero merece la pena intentarlo. ¿Por qué no comenzamos a jerarquizar el aspecto sensible del mundo? Quizás después de hacerlo, concluyamos que somos esencialmente nuestra capacidad de sentir y emocionarnos y nos animemos a darle a nuestro aspecto vulnerable, cierto privilegio. Conectar con nuestras propias emociones y actuar amablemente en consecuencia con ellas. Seguramente nos expondremos un poco más, pero a cambio, estaremos abriéndonos a la posibilidad de disfrutar  verdaderamente de una vida de lo más real.

“Con la auto-compasión, nos damos la bondad y el mismo cuidado que le daríamos a un buen amigo” Kristin Neff, Ph.D.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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