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Julio Morresi nació a principios de los años treinta en el barrio porteño de Parque Patricios, uno de esas zonas que, cuando las oleadas de inmigrantes europeos empezaron a llegar a Buenos Aires, salieron mal paradas en el reparto. Mientras los barrios ricos del norte de la ciudad se llenaban de grandes parques y elegantes edificios, hasta Parque Patricios llegaba el “trencito de la basura” cargado de desperdicios que se quemaban en sus terrenos.

Para cuando Julio nació el barrio contaba ya con una incipiente industria y el club de fútbol Huracán era ya el orgullo de Parque Patricios. Eran los años del goleador Herminio Masantonio, ese del que un tango decía “y si tira Masantonio no hay qué hacerle, ya está el gol”. Huracán había sido campeón en los años veinte y todavía se permitía el lujo de mirar cara a cara  a los grandes del fútbol argentino.

Como la mayoría de niños del barrio, Julio Morresi empezó a trabajar muy pronto en los talleres del barrio y a ganarse un pequeño sueldo con el que podía ir el domingo a ver a Huracán. Para entonces ya jugaba “Tucho” Méndez, aquel media-punta genial que llegó a discutirle a Moreno, la gran estrella de la “Máquina” de River, el puesto en la selección.  Un año incluso disfrutaron en el “Globito” de Alfredo Di Stefano, cedido por los “Millonarios”. Fue el miso año que subió al poder Juan Domingo Perón, un militar que sorprendió con su novedoso discurso. El general hablaba de la dignidad de la clase obrera mientras la arrebatadora personalidad de su mujer, Evita Perón, conseguía llenar de orgullo a esos que ella llamaba “mis descamisados”. En Parque Patricios el discurso caló tan hondo que quedó marcado como parte de su identidad. A partir de entonces, si habías nacido en el barrio, tenías que ser hincha de Huracán y peronista.

Para entonces Julio Morresi trabajaba ya en la pequeña fábrica de zapatos de su familia y, con lo que ganaba, le sobraban unos pesos para ir al cine. Pero ya no quería ir al pequeño teatro del barrio, él también quería ir al Gran Rex o al Opera, los grandes cines de la calle Corrientes a los que iban los ricos de Buenos Aires. Aquellos fueron años de ilusión y esperanza para Julio, hasta que un golpe de Estado puso fin al gobierno de Perón y mandó al general al exilio.

Con el nuevo gobierno quedaron prohibidos los símbolos peronistas, pero Julio se resistía a los nuevos mandatos. Un día un policía le preguntó por una insignia que llevaba dada la vuelta, “es de Huracán” le dijo Julio. El policía la giró y vio que llevaba los rostros de Perón y Evita. Entonces dijo “¿Qué es esto? ¿No sabes que está prohibido?”. Julio le respondió “¡Pero déjese de joder! ¿O es que acaso usted no es peronista?”. El policía, atónito, le contestó “Mirá tenés razón, pero sacátelo que, si no, vamos los dos en cana”.

Por esas fechas Julio se casó con su novia Irma Escribo y luego nacieron sus dos hijos Norberto y Claudio Morresi. En su casa se hablaba sobre todo de política y de fútbol, de peronismo y de Huracán. Los dos chicos se aficionaron al fútbol y se inscribieron en el Bristol, un equipo pequeño del barrio.

Julio e Irma viendo un partido de Huracán. Cortesía de Club Atlético Huracán. Foto: Daniel Mendez.

Julio e Irma viendo un partido de Huracán. Cortesía de Club Atlético Huracán. Foto: Daniel Mendez.


En septiembre de 1973 todo Parque Patricios se vistió de fiesta. Por un lado Huracán logró su primer campeonato en 45 años, con un equipo entrenado por Cesar Luis Menotti que revolucionó el fútbol argentino a base de espectáculo y buen juego. Ese mismo mes se producía la vuelta de Perón al país y poco tiempo más tarde se convertía en el nuevo presidente de Argentina. Mientras tanto los hijos de los Morresi iban encaminando su futuro. Claudio mostraba aptitudes para el fútbol y Norberto parecía más interesado en la labor social y los estudios. Entró a militar en la UES (Unión de Estudiantes de Secundaria) y pasaba muchas horas en actividades de la asociación o estudiando en su habitación. No era extraño verlo llevarse dos manzanas verdes y encerrarse a estudiar.

Sin embargo la segunda etapa de Perón no cumplió con la ilusión que había despertado. Julio e Irma habían llevado a sus hijos al aeropuerto de Eceiza a recibir al general el día que volvió a la Argentina, pero apenas unos meses más tarde fallecía y el país seguía en una escalada de violencia que cada vez tensaba más la vida política. Finalmente en 1976 se produjo el golpe de Estado que impuso una nueva dictadura militar en el país.

Claudio Morresi había seguido destacando como futbolista y, apenas un mes después del golpe de Estado, iba a debutar en las categorías inferiores de Huracán. Ese mismo día desapareció su hermano Norberto. Apenas tenía diecisiete años, pero algunos testigos aseguraban que se lo habían llevado los militares tras retenerlo en un control. Julio e Irma tocaron todas las puertas que pudieron y se entrevistaron con toda persona que pudiera darles alguna pista acerca de dónde estaba Norberto, pero en todas partes obtenían la misma respuesta, “cuando sepamos algo les avisaremos”. En una ocasión Julio se entrevistó con un cura vinculado a la marina que creyeron que podría ayudarles, pero dio marcha atrás cuando se dio cuenta de que estaba más interesado en sacarle información sobre los amigos de Norberto que en encontrarle.

Las Madres de Plaza de Mayo en la segunda Marcha de la Resistencia, ocurrida entre el 9 y el 10 de diciembre de 1982. Vía Wikipedia.

Las Madres de Plaza de Mayo en la segunda Marcha de la Resistencia, ocurrida entre el 9 y el 10 de diciembre de 1982. Vía Wikipedia.

Les hablaron también de unas mujeres que se reunían en la Plaza de Mayo reclamando información acerca de sus hijos desaparecidos y empezaron a acudir a sus concentraciones. Aquellas mujeres decidieron crear la Asociación de Madres de la Plaza de Mayo y Julio y los pocos hombres que acudían a las concentraciones pensaron en crear la asociación de padres también. Su primera reunión terminó cuando la discusión derivó al fútbol y empezaron a calentarse los ánimos.

Mientras la familia Morresi proseguía la búsqueda de Norberto, su hermano Claudio fue convocado para disputar el Mundial juvenil con la selección de Argentina y consiguió debutar en el primer equipo de Huracán. Un día contactaron con una mujer que les aseguró que Norberto se encontraba detenido junto al hijo de un general. A partir de entonces cada cierto tiempo aquella mujer les llamaba dándoles información sobre su hijo. Cuando les contó que Norberto había pedido manzanas verdes para cenar sintieron que su hijo estaba vivo y recuperaron la esperanza. Más tarde les contó que, para garantizar su seguridad, era necesario conseguir que Norberto saliera del país, pero que los gastos eran muy altos. Les pidió que juntaran todo el dinero que tuvieran y que le llevaran ropa de invierno, porque se iban a llevar a Norberto a Suiza. Irma se pasó horas y horas tejiendo toda clase de ropa y empeñó sus joyas para sumar más dinero. Con eso y lo que tenían ahorrado para comprar su primer piso, le entregaron a la mujer más de 40.000$. Dos días más tarde Julio volvió a la casa de la mujer, pero esta se había marchado y ya no había rastro de ella.

Claudio siguió jugando en Huracán y luego fichó por River Plate.  En el club “millonario” se proclamó campeón de la Copa Libertadores y la Intercontinental, compartiendo equipo con Francescoli, Ruggeri o el “Beto” Alonso. Para entonces ya había caído la dictadura y se iniciaron las investigaciones para esclarecer la verdad sobre los desaparecidos. En 1989 Julio, Irma y Claudio Morresi recibieron la confirmación de que los restos que habían sido enterrados con las siglas NN pertenecían a Norberto. Había muerto por seis disparos de bala al día siguiente de su detención.

Una vez conocida la verdad sobre su hijo, los Morresi iniciaron la lucha por conseguir que se juzgara a los responsables. En Argentina ya se había aprobado la ley de punto final que paralizó los juicios a la dictadura, pero consiguieron que la justicia italiana aceptara su caso como nieto de descendientes. En Italia los responsables del asesinato de Norberto fueron condenados a cadena perpetua.

“Tuve el privilegio de enterrar a mi hijo, y de saber que casi no tuvieron tiempo de torturarlo”

El pasado 1 de Marzo Julio Morresi falleció en Buenos Aires a los 85 años de edad. Hasta entonces había seguido con la lucha de los familiares de los desaparecidos junto a Irma y Claudio y cada domingo seguían yendo el estadio a ver los partidos de Huracán. Apenas tres meses antes de su muerte el “Globo” había disputado la final de la Copa Sudamericana, la primera final continental para el club de Parque Patricios.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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