La opaca relación entre la normativa bancaria y el comercio de armas

Arsenal de Estado Islámico.

El IBBC es un banco, su objetivo no es controlar los conflictos, sino controlar la deuda que generan los conflictos. Miren, el valor real de un conflicto, el verdadero valor reside en la deuda que genera. Si controlas la deuda, lo controlas todo. Les parecerá tremendo, ¿no? Pero es la verdadera esencia de la industria bancaria. Convertirnos a todos, tanto a las naciones como a los individuos en esclavos de las deudas”.

Sensibilidades cinematográficas aparte, en este fragmento, The international: dinero en la sombra resume, en sentido lato, uno de los entramados más opacos y lucrativos que existen a lo largo y ancho del globo. Esto es, la relación entre las entidades financieras y el comercio armamentístico.

Graffiti de Banksy: Niños en una montaña de armas [Foto: Eddie Dangerous vía Flickr]

El pasado mes de enero, Amnistía Internacional publicaba el informe “Banks, arms and human rights violations”. En él, se ponen de relieve las profundas deficiencias en la normativa bancaria de Luxemburgo para impedir que los bancos financien la producción de armas prohibidas internacionalmente, o con el fin de cometer graves violaciones de los derechos humanos. Igualmente, estas críticas también se hacen extensibles a otros países de la Unión Europea.

La financiación y la inversión no son actividades neutrales; determinan y facilitan la actividad económica, incluso en el sector armamentístico”, apunta David Pereira, presidente de Amnistía Internacional Luxemburgo. Efectivamente, invertir en una empresa presupone un apoyo a los objetivos de dicha compañía por parte de la entidad financiera (pública o privada), pero también implica reconocer la posibilidad de que se produzcan “efectos indirectos”. En el caso del comercio mundial de armas, y sus fallas normativas, estos efectos se traducen en una media de 508.000 muertes al año -la mayoría en casos que no son de conflicto armado-, 1.500 muertes al día por acciones violentas cometidas con armas pequeñas o ligeras, además de numerosos abusos y vejaciones a diario. Pero, ¿cómo es el proceso de militarización de las sociedades hasta su uso final?

El ciclo armamentístico

En primer lugar, la necesidad de armar y militarizar a una población surge de la identificación de ciertas amenazas a su seguridad, ya sean reales o ficticias. Esta premisa sirve para justificar el gasto público militar, la producción y comercio de una industria armamentística y, evidentemente, la financiación de todo ello. Por otro lado, sólo los Estados pueden imponer suspensiones o embargos de armas, así como el desarrollo, producción y uso de cierto tipo de armamentos.  

BancosYArmas

(cifras indicadas en euros)


Estos desembolsos son financiados por los presupuestos estatales y han de dar cobertura a toda la estructura militar material y humana. En el caso de España, séptimo exportador de armas en el ranking mundial, el gasto total final es de 17.465 millones de euros, tres veces superior a los presupuestos presentados por el Ministerio de Defensa; y representa el 1,6% del PIB, según datos aportados por el Centro Delàs de Estudios por la Paz.

No obstante, las empresas de armamento también precisan de los servicios bancarios privados, tanto para llevar a cabo operaciones comerciales corrientes como para conseguir mayor financiación para el desarrollo de nuevo armamento o la exportación de estos productos a otros mercados. En este sentido destaca el concepto de banca armada, que se refiere a todas aquellas “entidades financieras que participan en el negocio armamentístico mediante uno, varios o todos los principales tipos de financiación del sector armamentístico que existen”. Cabe mencionar que las cinco vías de financiación bancaria de la industria armamentística son la participación accionarial; financiación de exportaciones; emisiones de bonos y pagarés; fondos de inversión y concesión de créditos y préstamos.

Qué dice el Derecho Internacional

La industria armamentística no ha escapado a la globalización. Los componentes de un arma proceden de diversos países y su ensamblaje y producción se realiza en otros diferentes (a menudo bajo un control bastante laxo), hasta que, finalmente, se lleva a cabo la exportación o importación del armamento en otras naciones. Este esquema demuestra que las legislaciones nacionales para regular el comercio de armas han sido (y siguen siendo), en ocasiones, insuficientes para frenar el comercio del tráfico irresponsable de armas entre países.

La entrada en vigor del Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), el 24 de diciembre de 2014, supuso un importante avance para el control y seguimiento de la exportación de armamento. Se trata de un acuerdo internacional vinculante por el que los estados que lo han firmado se comprometen a respetar normas estrictas sobre la transferencia de armas; además de detener la transferencia de las mismas en caso de que tengan la sospecha de que irán destinadas a cometer crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra.

Campaña de Amnistía Internacional por un Tratado de Comercio de Armas a prueba de balas [Foto: AI vía Flickr]

Sin embargo, ante el panorama geopolítico actual, es evidente que aún hay muchos esfuerzos que hacer por alcanzar la total transparencia en estos acuerdos. En ello influye que de los 131 miembros de la ONU que han firmado el TCA 72 aún no lo hayan ratificado. Estados Unidos es uno de los países que todavía no ha ratificado el TCA pese a ser el mayor proveedor de armas del mundo, controlando la exportación del 33% de armas a nivel internacional, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo. Rusia, China e India, entre otros países, tampoco lo han ratificado.

“Los Estados tienen obligaciones y responsabilidades en virtud del derecho internacional de garantizar que no son cómplices en la comisión de violaciones graves del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, incluso en la financiación de la producción de armas. Los bancos podrían incurrir asimismo en responsabilidad”, Gabriela Quijano, Amnistía Internacional.

Por su parte, Luxemburgo sí fue uno de los primeros países en firmar y ratificar el Tratado sobre Comercio de Armas, aunque la investigación llevada a cabo por Amnistía Internacional encuentra importantes lagunas en su cumplimiento. En su informe, la ONG destaca que “Luxemburgo no ha prohibido expresamente todas las operaciones financieras relacionadas con armas prohibidas internacionalmente o armas convencionales empleadas para cometer crímenes de derecho internacional y violaciones graves de derechos humanos”, exceptuando las operaciones relacionadas con la financiación de munición de racimo y armas destinadas a actividades terroristas.

Además, también identifican importantes lagunas en las políticas de control interno y una “inadecuada diligencia” con respecto a sus clientes, así como falta de formación en sus empleados. En este punto, es destacable que sólo dos de los siete principales bancos que operan en la sede financiera facilitaron a la organización información pública acerca de la financiación e inversiones en el sector armamentístico.

Consecuencias de mirar hacia otro lado

OXFAM Intermón apunta que “casi un millón de los ocho millones de armas que se producen cada día en el mundo se extravía o roba” y se calcula que la corrupción interna de la industria armamentística supone un coste de 20.000 millones de dólares al año. Cientos de miles de armas están en manos de organizaciones criminales a lo largo del mundo y durante el 2015 hubo un modelo que destacó especialmente. Las armas automáticas, como el AK-47, fueron protagonistas en algunas de las más resonadas masacres del año, como en Túnez, Kenia, Sousse, Garissa y París.

Existen muchas posibilidades de que estas armas llegaran a manos de los terroristas a través del mercado negro. Investigaciones publicadas por el diario Le Monde apuntan a que fueron fabricadas en Serbia durante la década de los ochenta. Algunos de los lotes fueron transportados a depósitos militares en Eslovenia, Bosnia y Macedonia y, desde estos puntos, se les pierde la pista.

Actualmente el conglomerado estatal de fabricación de armas yugoslavo, Zastava Arms, sigue fabricando armas para el gobierno Serbio. Cabe destacar que entre las décadas de los 70 y 90 fue uno de los principales exportadores de armas a países aliados en África, Asia y Oriente Próximo. Hoy en día, uno de sus mayores importadores es Estados Unidos. En la misma línea, estas y otras armas se siguen fabricando legalmente en 30 países. China es el principal fabricante y su mayor mercado de exportación son los estados africanos, donde muchos de estos productos se extravían, son revendidos por los soldado, o terminan en el arsenal de fuerzas rebeldes y organizaciones terroristas de otros países.  

Esta es una explicación sin ánimo de lucro



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