Pol Morillas: “Hemos entrado en una fase muy peligrosa de deconstrucción europea”

Pol Morillas a las puertas del CIDOB. Imagen: Javier Hernando.

Pol Morillas es Investigador Principal para Europa en CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). Es politólogo, Master en Relaciones Internacionales por la London School of Economics y doctorando de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Actualmente es también profesor asociado en la UAB, en la Universidad Blanquerna y ESADE, donde ejerce docencia en Política Exterior Europea y Teoría de las Relaciones Internacionales. Es también miembro del Observatorio de Política Exterior Europea. Anteriormente ha sido Jefe del Área de Políticas Euro-Mediterráneas en el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), coordinador del Comité Político y de Seguridad del Consejo de la Unión Europea, asesor en Acción Exterior en el Parlamento Europeo y analista en el Gabinete del Presidente del CIDOB. Ha publicado artículos de investigación en revistas académicas, think tanks y artículos de opinión sobre las dinámicas de integración europea, la evolución institucional de la política exterior europea, la Política Exterior y de Seguridad Común y las relaciones euro-mediterráneas, entre otros.

En torno a un café, repasamos con él los asuntos de actualidad en torno a la Unión Europea: Brexit, crisis de refugiados, Turquía, Rusia, la situación política en España y el futuro de la Unión. Toda una puesta al día sobre todo los que nos afecta a día de hoy como ciudadanos europeos. 


Pregunta: Para contextualizar el Brexit, tema principal de la reciente reunión del Consejo Europeo, ¿es la salida de Reino Unido de la Unión Europea una amenaza real?

Respuesta: El referéndum, que es una cuestión delicada porque entran en juego muchos factores que no necesariamente tienen que ver con la pregunta en sí, puede traducirse en un braccident, dando lugar a un resultado no esperado. Ahora mismo, tenemos a Cameron y a Corbyn, como líder de la oposición, haciendo campaña por el remain, aunque con intensidades y mensajes distintos. Los dos principales partidos políticos hacen campaña para permanecer, y además hay una campaña del leave muy fragmentada aún con dos mensajes principales. Uno, ligado a los intereses de Reino Unido de quitarse el peso de la Unión para volver a ser una gran potencia, y el otro de tintes mucho más eurófobos y xenófobos, un discurso antiinmigración y este tipo de corrientes más populistas que también predominan en otros países europeos. Por lo tanto, el hecho de que el remain tenga a los dos principales partidos detrás y el leave esté fragmentado hace pensar que el resultado será favorable a permanecer.

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¿Qué puede suceder? El braccident al que me refería. Puede darse una conjunción de factores que hagan que el 23 de junio, el día de ir a votar, la gente tenga muy poco en mente la relación del Reino Unido con la UE sino otras distintas. Y esto puede pasar por un resurgimiento de la crisis de los refugiados que afecte a los mensajes en tema de inmigración y que altere la agenda, y que por tanto movilice a los partidarios de dejar la UE. Otra cosa que puede pasar es que sea un castigo al gobierno de Cameron, y que haya alguna cuestión interna o suceso inesperado que altere el resultado previsto. Pero si nos basamos en la situación actual, lo más probable es que el brexit no se produzca.

“La Unión está preparada para la integración, pero no para la desintegración”

¿Y cuáles podrían ser las consecuencias de una hipotética salida?

Para el Reino Unido son evidentes. A nadie le conviene por los vínculos comerciales y económicos. El 50% de sus exportaciones van a la UE, por lo tanto todo parece indicar que no le sale a cuenta y, como la soberanía está muy compartida a día de hoy, no por salir de la UE vas a ganar más soberanía.

Para la el proyecto europeo habría varias consecuencias muy importantes. Dejando de lado las aportaciones económicas del Reino Unido, su dinamismo e innovación, sería la primera vez que un miembro de la Unión decide abandonar el barco motu propio (no cuento Groenlandia ni Argelia porque con casos especiales), y esto es algo para lo que la UE no está preparada. Está preparada para la integración, pero no para la desintegración. Sí que hay un artículo en el Tratado de Lisboa (artículo 50) y un proceso establecido que prevé que algún país quiera salir, pero sería la primera vez que sucedería. Y esto en un momento en el que las crisis de la UE son múltiples: la crisis de refugiados, los coletazos de la crisis del euro, etc. y por tanto ésta sería una señal por la cual se hace efectiva esta desintegración europea. Por lo tanto, el golpe que supondría para el proyecto sería, no sólo simbólicamente, sino efectivamente, fuerte y muy pernicioso. La UE sí sobreviviría a la salida del Reino Unido, porque al fin y al cabo seguiría siendo un bloque comercial muy importante, pero para el proyecto de integración es claramente dañino.

Las concesiones de la UE a Reino Unido, ¿se pueden ver cómo un trato diferente y de privilegio por parte de algunos países del sur, como puede ser Grecia?

La cuestión es que se van superponiendo crisis y divisiones en el proyecto europeo. La primera, norte-sur a raíz de la crisis de la zona euro, y también la estamos viendo en la crisis de refugiados, donde curiosamente los países que más sufren son Italia y Grecia por el número de llegadas en contraste con los países del norte, excluyendo a Alemania y Suecia, que tienen una política mucho más reacia. Por tanto la tensión norte-sur se está reforzando. Y la este-oeste también con la crisis de refugiados, con los países del este también muy beligerantes con europeizar la respuesta. En el caso del brexit, se añade un factor más con la crisis de refugiados. ¿Qué sucede? El Reino Unido es evidentemente una isla y ahora mismo se beneficia mucho de los dos controles fronterizos, tanto el que establecen los países Schengen para el control externo –en este caso sería Francia en Calais–, como en el propio Reino Unido en el que se controla desde Dover las entradas. Si el Reino Unido saliera, el primer control continental desaparecería, o habría menos incentivos para que Francia lo mantuviera. Por tanto, una de las amenazas, y esto es lo que Cameron utilizará en su campaña, es decir “estamos más seguros en la UE en este marco de doble control fronterizo que fuera”. En este caso, la geografía ayuda. Una isla es más fácil de controlar pero se perdería ese control doble. Y con esto están jugando tanto la UE como Cameron para hacer campaña.

“Habrá una segunda fase de la crisis de refugiados tan fuerte como la primera o incluso más”

Se percibe un cambio de discurso en la UE con respecto a los refugiados: del impulso de solidaridad inicial a las dudas y a pedir ayuda a la OTAN. Alemania está perdiendo su liderazgo, ¿cómo crees que se va a resolver?

Yo creo que la crisis de refugiados ha entrado en una fase de impasse. Durante el invierno ha bajado la intensidad de llegadas, aunque aún es mucho más alta que en inviernos anteriores. Eso no quita que otros países aún lo tengan como su preocupación principal. El caso de Alemania es evidente, y cómo se está resintiendo Merkel por su liderazgo en este tema demuestra que es tema central de la política de este país. Y no sólo en Alemania; en países como Dinamarca u Holanda también es la cuestión que preocupa al mayor número de ciudadanos. Es una cuestión que ahora mismo impacta en las políticas nacionales de muchos estados miembros. Y esto sólo se puede recrudecer; es decir, a partir de la primavera y el verano, las llegadas van a aumentar otra vez y habrá una segunda fase tan fuerte como la primera o incluso más. Por tanto este tema volverá a estar dentro de la agenda europea y volverá a mostrar la inoperancia de la respuesta europea, que básicamente ha sido una respuesta basada en tres puntos: por un lado, control de fronteras externas, hacer de Europa una fortaleza; por otro lado, trasladar responsabilidad a países terceros, ya sea Turquía u otros países de tránsito, donde se les pide que controles los flujos para que no llegue el problema a Europa; y en tercer lugar, el control dentro de la UE que ha debilitado el libre movimiento de personas a través de volver a levantar fronteras internas. Por tanto, la respuesta europea ha sido reactiva y nada constructiva. Y además, se han puesto palos a la ruedas en todo intento de europeizar la respuesta, entendiendo que es un problema que afecta a todos los países europeos, y no ha habido ninguna solución común que haya prosperado.

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¿Qué países han sido más reticentes a una solución común?

Básicamente hay dos tipos de reticencias. Por un lado, los que se niegan a cumplir con los convenios de Dublín porque dicen que no pueden –aquellos que más sufren las llegadas, Italia y Grecia– . Estos países están diciendo “como Dublín obliga a registrarse en el país de entrada, nosotros no tenemos capacidad para hacerlo”. También hay críticas a estos países, especialmente a Grecia, por no haber puesto en funcionamiento la maquinaria administrativa y de control suficiente, pero lo que sí es cierto es que las entradas son desiguales. Pero Alemania también se saltó este acuerdo de Dublín al principio con su política de brazos abiertos. Por otro lado, hay un incumplimiento por parte de los países del este, que esencialmente han dicho “no vamos a aceptar cutas de refugiados, no vamos a aceptar lo que nos diga Bruselas para gestionar esta crisis, es una cuestión nacional y compete a cada uno de los estados miembros dar la solución que mejor considere y esta debe pasar por reforzar fronteras y acuerdos con terceros países”. Y su respuesta ha sido fundamentalmente cerrar fronteras y no gestionar la crisis.

Esta conjunción de factores ha hecho que la respuesta europea haya sido inexistente. Pero con una segunda edición de la crisis, todos estos déficits en la respuesta se van a poner aún más encima de la mesa y va a ser aún más preocupante el no haber hecho nada. Y con la magnitud del fenómeno aumentando, se van a generar más tensiones en la agenda.

“Lo que va a demostrar una segunda crisis es que es incompatible la libertad de movimientos dentro de la UE con mantener una respuesta nacional a la crisis de refugiados”

¿Cuál crees que podría ser la solución? ¿O pueden permitirse los estados seguir dando la espalda al problema?

Lo que va a demostrar una segunda crisis es que es incompatible la libertad de movimientos dentro de la UE con mantener una respuesta nacional a la crisis de refugiados. Esta contradicción va a estallar: o escogemos poner controles fronterizos entre países de la UE o damos una respuesta conjunta a esta crisis. Entonces, ¿cuál es el peligro de la primera opción? Juncker por ejemplo lo ha dicho: que esto no se queda en las trabas a la libertad de movimientos, afecta al mercado único, porque cada vez que estableces fronteras disminuyen las facilidades a la hora de comerciar, y esto puede tener un coste que se había estimado en 3.000 millones anuales. Pero no se queda aquí. También afectaría al euro como moneda común. Es decir, afecta al núcleo duro de la Unión, y si no queremos renunciar a estas libertades de movimientos y a la moneda única, todo pasa por una respuesta conjunta. Y si optamos por ella, entonces se requieren toda una serie de reformas de calado. Por ejemplo, en cuanto a Schengen, requiere un refuerzo de los mecanismos de control de fronteras externas, requiere un Frontex con mucha más capacidad operativa para el control externo de fronteras y que tenga el mandato de hacer tareas de salvamento ante los naufragios en el Mediterráneo, y en general, apuntalar todos aquellos mecanismos que tenemos: Schengen, Dublín, etc. para hacerlos más operativos. Ésta sería la solución si queremos europeizar y no que cada país vaya por su lado.

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Pol Morillas a las puertas del CIDOB. Imagen: Javier Hernando.


El 21 de enero, los eurodiputados destacaron la necesidad de intercambiar información entre los estados ante la creciente amenaza terrorista. ¿Puede suponer esta amenaza una oportunidad para desarrollar una verdadera una política de seguridad cohesionada?

Lo que vimos con los atentados del 13 de noviembre en París es que había fallos de coordinación y de intercambio de información entre los servicios de inteligencia de los países. Como reacción a esto, se pusieron en marcha mecanismos para mejorar la coordinación. Las cuestiones de seguridad, inteligencia y defensa continuarán siendo competencia nacional, y nadie se está planteando cambiarlo. Lo que sí es posible es aumentar los intercambios de información, y que, por ejemplo, no se vuelvan a repetir fallos evidentes como en el caso de Bélgica. Hay una voluntad de cooperar más para evitar que se puedan producir situaciones similares, pero eso no significa que estemos ante una “europeización” de las políticas de seguridad. Aquí, el caso paradigmático fue el uso del artículo 42.7 de Defensa Mutua, en el que Francia tenía básicamente dos opciones: dejar en manos de los gobiernos a través del 42.7 la respuesta adecuada en base a prioridades nacionales a lo que se considera un ataque a un miembro de la Unión y por lo tanto a todos; o involucrar a las instituciones europeas en definir esa respuesta y hacerla más europea. Se optó por el método más intergubernamental en vez de optar por la cláusula de la asistencia mutua, que hubiera supuesto el uso de medidas de la Unión para luchar contra estos ataques. Se utilizó precisamente el método más intergubernamental para demostrar que estas cuestiones de seguridad, inteligencia y defensa son y continuarán siendo nacionales.

“Se intentó hacer inmediatamente el vínculo entre refugiados e inseguridad, entre refugiados y crimen”

Y, ¿cómo valorarías el grado de vulnerabilidad de la seguridad europea en estos momentos, visto lo visto en París?

Aquí hay algo a tener en cuenta: se hizo o se intentó hacer inmediatamente el vínculo entre refugiados e inseguridad, entre refugiados y crimen. Y hay varios ejemplos. Uno son los atentados de París, con aquella polémica sobre si uno de los terroristas tenía pasaporte sirio, un vínculo entre atacantes y refugiados que aún no se ha demostrado. Lo que se ha demostrado es lo contrario, que eran “homegrown terrorists”, ciudadanos franceses y belgas radicalizados en Europa que incluso habían ido a Siria a formarse. Por lo tanto no estamos hablando de importar terroristas, sino que más bien nosotros exportamos terroristas. El segundo caso fue el año nuevo en Colonia, donde también se dijo que eran los refugiados llegados a Alemania los que realizaron esos ataques y violaciones. Al final, se ha demostrado que de los 58 casos, 3 eran refugiados y el resto eran residentes en Alemania de origen árabe, por lo que tampoco había un vínculo entre refugiados y crimen. Esto no significa que exista la posibilidad de que cuanto más refugiados lleguen y menos integración de esos refugiados haya, se puedan reproducir casos de este tipo. En cualquier caso, no es lo que ha sucedido. Los hechos son los que son, lo que no quiere decir que no pudiera suceder. Y aquí es donde hay que estar alerta y en este caso, la respuesta alemana fue la que tiene que ser: vivimos en un estado de derecho que prevé que haya castigos severos para casos de violencia y todo el peso de la ley va a recaer sobre estas personas, sean o no sean refugiadas. Así que nuestros estados de derecho tienen los mecanismos necesarios para responder a estas cuestiones, y si hubiera un aumento de la criminalidad sólo habría que aumentar las medidas previstas para combatirla. Y no hay que meter dentro de esta cuestión a los refugiados porque eso es lo que utilizan los países del este y los movimientos más xenófobos, y los hechos son los que son.

Centrándonos en España, sabemos que desde la UE se está presionando a los partidos políticos españoles para que formen gobierno y no haya nuevas elecciones. ¿Existe alguna oportunidad real de que se flexibilice el déficit o estamos condenados a un nuevo recorte de 9.000 millones tal y como señaló Bruselas?

En efecto, después de las elecciones, Bruselas ya lanzó el mensaje de que hay que promover la estabilidad, y sin pronunciarse en los pactos, sí que instaba a cumplir los objetivos de déficit para no alterar otras cuestiones de la agenda europea, y se inclinó por un gobierno de gran coalición. Este era el mensaje que se trasladaba, aunque no se nombraba como tal. Y esta estabilidad necesaria es algo a lo que se agarró el gobierno en funciones en un primer momento. Ahora hemos entrado en otro terreno desconocido: un Parlamento muy fragmentado con unas alianzas imposibles que efectivamente hace muy difícil su gobernabilidad. Entonces, Europa se mantiene a la expectativa. En cualquier caso, lo que vale dentro de la relación España-Europa es que los acuerdos alcanzados por los gobiernos anteriores se han de mantener por cualquier gobierno posterior. El mensaje es que lo que se pacta con la UE no depende del gobierno sino que la política europea debe continuar independientemente. ¿Qué pasa? El cumplimiento va a depender mucho de quién esté en el gobierno: si participa Podemos junto con el PSOE, o si hablamos del tripartito PP-PSOE-Ciudadanos, habrá un mayor o menor acatamiento de estos objetivos y por tanto, la UE está a la expectativa. Europa insiste en que lo que se pactó ha de cumplirse, pero eso es muy poco realizable con un gobierno que propone aumentar el gasto público y no aumentar impuestos.

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“Escogemos a unos representantes que prometen cosas que después Europa no deja cumplir. Ese es el mal endémico del actual sistema de construcción monetaria”

Entonces, salvo que Podemos lleguen al poder, ¿es previsible que el resto de partidos políticos sí cumplirían con las exigencias de Bruselas?

Más que nada es que esta es la trampa en la que están todos los países deudores de la eurozona. No tienes política monetaria, pero también tienes tu política fiscal totalmente acotada. Esto es algo que le sucede a Grecia, a Italia, a España, y a todos los países que han sido deudores. Por lo tanto, es algo que va más allá de España y que requiere de una reforma de la zona euro.

El caso de Grecia no es el de España sin duda –no somos dependientes de un rescate europeo y por tanto, las exigencias no son las mismas–, pero existen pocas alternativas. Tenemos los objetivos de déficit muy fijados y el grado de maniobra para reducirlo es limitado; las políticas que puedes hacer también son limitadas. Ahí es donde está la falacia de escoger a unos representantes que prometen una cosa que después Europa no te deja cumplir, y ese es el mal endémico del actual sistema de construcción monetaria sin acompañarlo con una unión fiscal y económica profunda.

En cuanto a las negociaciones entre la UE y Turquía para su integración en la Unión, ¿aumentará la vinculación europea con el Estado turco a cambio de medidas que frenen la llegada de refugiados? ¿Ha existido un intercambio en la reciente reunión mantenida entre la UE y Turquía?

Sin duda. Hay que partir de una constatación: el distanciamiento en los últimos años entre Turquía y la UE, aunque no sea público, es efectivo. Turquía aún tiene un discurso público de pasar a formar parte de la Unión, pero lo cierto es que intenta jugar sólo, es decir, intenta ser un poder en sí mismo en la región, y por tanto, sus vínculos con la UE ya no se consideran de subordinación sino de igual a igual. Esto hace que, aunque el discurso oficial permanezca inalterado, el rol de Turquía como potencia regional ha ido en aumento, todo lo que sean relaciones con la UE se vean con mucho más escepticismo. Pero por el otro lado también: Turquía se ha reforzado, pero la UE no ha cumplido.

En la gestión de la crisis de refugiados, esto se hace evidente: Turquía juega a cooperar con la UE a cambio de algunos beneficios y cuando deje de haberlos, dejará de cooperar. Se prometieron 3.000 millones de ayuda a Turquía para colaborar con el control de fronteras y Turquía básicamente está jugado con eso: en la medida de que nos acerquemos al cumplimiento de estas medidas, coopero. Si los estados ponen palos en las ruedas, dejo de cooperar. Por ejemplo, Italia quiso que este fondo no computase como déficit y Alemania mantuvo que sí, por lo que el desembolso de la ayuda no llegó a avanzar, y Turquía eludió sus responsabilidades. En cualquier caso, Turquía sabe que es fundamental y está jugando en la relación bilateral con la UE con la cuestión de los refugiados en un tira y afloja constante.

“No tiene ningún sentido que estemos exportando armas a países implicados en buena parte de los conflictos regionales, y después nos quejemos de que nos llegan refugiados”

Hace poco leíamos que el Parlamento Europeo instaba a los países miembro de la UE a dejar de vender armas a Arabia Saudí, ¿qué implicaría de cara a las relaciones bilaterales con el reino alawita?

Aquí lo que ocurre es que el Parlamento se pronuncia sobre una cosa sobre la que no tiene competencia, es decir, hace un llamamiento, como en muchas de las cuestiones de política exterior en las cuales tiene unas competencias muy reducidas, que básicamente son de control, supervisión y sobre todo, presupuestaria. Pero en cualquier caso, es como cuando se muestra mucho más beligerante con Israel que los estados miembros. Entonces, el Parlamento hace este llamamiento ya que no tiene ningún sentido que estemos exportando armas a países implicados en buena parte de los conflictos regionales, y después nos quejemos de que nos llegan refugiados. Es la imagen aquella de que exportamos armas e importamos refugiados. En este caso, es competencia de los estados, que siguen teniendo pleno control de su industria armamentística, y no hay un paraguas europeo que lo regule. La Agencia Europea de Defensa lo único que hace en este sentido es mirar nuevas vías de cooperación entre los distintos ejércitos nacionales, pero no tiene una política de toma de decisiones autónoma en cuanto a la defensa europea. Al fin y al cabo, las relaciones entre la UE y Arabia Saudí, como pasan mucho más por los estados que por las instituciones europeas, el llamamiento del Parlamento tiene poco efecto.

Pol Morillas

Pol Morillas. Imagen: Fundació Catalunya Europa.


Ahora que hay otros temas que reciben más atención, ¿existe una estrategia hacia Rusia ahora que vive su peor momento económico? ¿Es momento de aprovechar el momento para obtener compromisos?

Básicamente aquí la situación es que Rusia aprovecha cualquier fisura del proyecto europeo para atacarlo. Lo hace con una mentalidad de orgullo de potencia perdida y la política de Putin es recuperar ese orgullo y volver a ser potencia, a pesar de sus dificultades a nivel interno: es un gigante con pies de barro que no ha reformado su sistema económico, las oligarquías continúan predominando y hay una cleptocracia organizada, por lo que sus problemas principales vienen de dentro. Lo que sí es cierto es que respecto a la UE, utiliza cualquier atisbo de crisis interna en el proyecto europeo para continuar dañándolo. Y eso se puede concretar, tanto dando apoyo a Marie Le Pen cundo defiende el desmantelamiento del proyecto europeo, como puede decir que la salida del Reino Unido es una buena idea, fundamentalmente para menospreciar y dividir el proyecto europeo, y por lo tanto con esto juega Rusia. Este es uno de los asuntos de la agenda europea donde hay más interés en permanecer unidos y, hasta ahora, con éxito relativo. Además se juntan las cuestiones energéticas en un momento de bajada de precios del petróleo, hay menos dependencia de Rusia, y por tanto esa arma no la pueden utilizar tanto desde el Kremlin y es más fácil hacer presión para la UE, más teniendo en cuenta que las sanciones les perjudican notablemente.

En un momento de resurgimiento de las tensiones clásicas de la UE (norte-sur, capacidades-expectativas, europeísmo-intergubernamentalismo), se intenta superarlas a través de una mayor cohesión, pero una mayor cohesión entre los miembros ¿garantiza siempre una mayor presencia internacional? ¿Cuál es tu visión?

Estas fisuras a las que te referías, siempre han estado ahí. Son fisuras permanentes en el proceso de construcción europea, y por supuesto, se hacen más agudas cuando hay crisis de una magnitud importante como las que estamos viviendo. Por tanto, estas cuestiones siempre van a ser objeto de controversia en el proyecto europeo, porque nunca decidiremos si queremos ser los Estados Unidos de Europa o ser una unión de estados.

Lo que sí es cierto es que llevamos una tendencia en las últimas décadas en los que el poder normativo de la UE ha ido disminuyendo. Es decir, la capacidad de ser un referente en relaciones internacionales ha disminuido. La razón es que el modelo de integración europea ya no es necesariamente un modelo que muchos otros quieran emular, sino que más bien hemos visto cómo se reforzaban muchos nacionalismos a escala global, y por tanto hay una vuelta a ciertas premisas más realistas. Entonces, la época dorada de Europa como espejo en el que mirarse y como experimento loable, ha desaparecido del radar de la escena internacional. Desde la crisis económica, se le ha añadido un elemento más grave aún, y es que el propio proceso de integración europea está en crisis y ya no es un objetivo para otros. Hay un cierto riesgo de desintegración de la Unión que viene dado por las distintas fracturas de las que hemos hablado. Esto tiene un efecto sobre la política exterior de la UE: hay una renacionalización de las prioridades y por tanto una menor capacidad de ser un actor influyente en la escena internacional –más aún si sucede el brexit–.

Lo que reflejan tanto la tendencia de fondo como ésta más actual, es que, a pesar de seguir siendo el territorio más rico del planeta, donde los estándares de vida son mejores y una envidia para muchos ciudadanos de todo el mundo, su capacidad de proyección es menor de la que era antes.

“Al ciudadano ya no le basta escuchar que la Unión europea es buena ‘per se’, no es suficiente”

Ya para acabar, ¿en qué ha quedado la “Europa de la solidaridad”?, ¿nos hemos olvidado de la Europa de Monnet y de Schumann?

Yo creo que hemos entrado en una fase muy peligrosa, en un proceso paulatino de deconstrucción europea. Lo que no va a suceder en cualquier caso es una descomposición de la UE y una vuelta al estado-nación, por varios motivos. Por una cuestión temporal, Francia y Alemania tienen elecciones el año que viene y no pueden tomar grandes decisiones; y porque estamos en medio de las crisis y no tenemos claro cómo salir de ellas. Pero sí estamos viendo muchos elementos que nos indican que los hitos de la construcción europea pueden estar dañándose de forma irreversible. Por ejemplo, la amenaza de sacar a Grecia de Schengen igual que anteriormente se la amenazó con sacar del euro, está menoscabando pilares fundamentales. Entonces, lo que podemos estar presenciando es una deconstrucción paulatina del mismo modo que el método Monnet era una construcción paulatina de Europa. Ahora mismo se están tomando medidas que, fundamentalmente, deconstruyen paulatinamente los logros europeos. Esto es lo que debemos evitar, porque si somos lo que somos hoy es gracias a esta construcción paulatina.

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Aquí también entran otras cuestiones como el cambio de la política en general. Ya no vale esa permisividad a la construcción europea como algo que hacen las élites. Las cuestiones europeas como los refugiados, Grecia  el TTIP están en la mente del ciudadano, y por lo tanto, quiere influir en ellas. El método Monnet alejado de la ciudadanía ya no es posible, y por tanto si queremos que siga habiendo un proceso de construcción y superar ese déficit democrático de la Unión, el proceso ha de ser más democrático y más participativo, no vale sólo con elegir al Parlamento Europeo, donde la participación va registrando caída tras caída. Las democracias liberales a nivel nacional están cambiando (nueva política, auge de los extremismo, etc.) y hay que dar también una respuesta europea a este cambio. Europa no puede ser impermeable al cambio de sus estados. Al ciudadano ya no le basta escuchar que la UE es buena ‘per se’. Aquel discurso de “Más Europa”, ahora depende: “Más Europa, ¿cómo y para qué?”. Los ciudadanos quieren tener, como es lógico, una actitud mucho menos permisiva y mucho más activa en este proceso.

Esta es una entrevista sin ánimo de lucro.



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