Todo lo que necesitas saber para entender la próxima elección presidencial en Estados Unidos

Interior del Despacho Oval.

A pesar de las recesiones económicas globales, del crecimiento económico de las potencias asiáticas y de los diversos conflictos armados internacionales en los que se ha visto involucrado en los últimos años, los Estados Unidos de América continúa siendo la primera superpotencia mundial.

Estados Unidos es el país en el orbe con la mayor economía (con el Producto Interno Bruto más alto, muy por encima de China y lejos de Japón, Alemania o el Reino Unido; de acuerdo con cifras del Banco Mundial), es la mayor potencia militar (según el Global Firepower Index), tiene el mayor desarrollo tecnológico (según el World Economic Forum) y cuenta con la mayor industria cultural del mundo.

La influencia de EE.UU. se traduce en una cuasionmipresencia global en los ámbitos comercial, financiero, diplomático, militar, tecnológico, científico y cultural. Esta es la razón por la cual el proceso de elección del sucesor del presidente Barack Obama es tan relevante para el concierto de las naciones. Sin embargo, para comprender el actual proceso electoral estadounidense que durará alrededor de diez meses, es necesario conocer su sistema electoral, uno de los más antiguos del mundo pues data de 1876 y también uno de los más complejos.

El pasado lunes 1 de febrero se llevaron a cabo en el Estado norteamericano de Iowa las convenciones locales para elegir a los candidatos presidenciales de los partidos demócrata y republicano. Con los también llamados caucus de Iowa, da inició formalmente al proceso para elegir al próximo presidente del país más poderoso del mundo.

El largo camino hacia la presidencia

Los Estados Unidos están constituidos políticamente como una república federal constitucional integrada por 50 estados y un distrito federal. Cada cuatro años se elige al presidente y al mismo tiempo al vicepresidente con un sistema de voto indirecto, es decir que los ciudadanos no le eligen directamente sino que votan a electores encargados a su vez de elegir al presidente. El mandatario tiene la posibilidad de aspirar a su reelección una sola vez y de manera consecutiva, siendo al mismo tiempo jefe de Estado, jefe de gobierno y comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Aun cuando existen diversos partidos políticos en Estados Unidos como el Partido Liberal, el Partido Verde o incluso candidaturas independientes, el sistema electoral estadounidense propicia que solo los grandes partidos mayoritarios con presencia nacional puedan ser competitivos electoralmente y puedan tener posibilidades reales de obtener la presidencia de la nación, es el caso de los partidos demócrata y republicano.

Republicanos y demócratas eligen a quien será su candidato a través de dos tipos de procedimientos de nominación estatal dependiendo de cada estado, incluyendo al Distrito de Columbia: elecciones primarias y asambleas electorales, estas últimas conocidas como caucus. En esta etapa, cada partido elige a un determinado número de delegados y dependiendo de qué estado se trate puede elegir dos procedimientos de selección de los delegados: uno que conserva el número de delegados que ganó de acuerdo al porcentaje de votos obtenido independientemente de quien obtuvo la mayoría, y el otro llamado de “el ganador toma todo” donde el precandidato ganador automáticamente obtiene el número total de delegados en disputa. En esta elección, de las 56 jurisdicciones -es decir estados o territorios-, en 35 de ellas se llevarán a cabo primarias, en 13 serán caucus y en 8 serán en forma mixta.

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Hillary Clinton en un bar de New Hamsphire antes de las primarias. Imagen: @rchinchilla.

Las primarias son elecciones directas en las que los ciudadanos registrados para participar en ellas elijen a los representantes o delegados de cada partido, quienes habrán de votar en la Convención Nacional de su partido por un candidato u otro y en la que finalmente se elegirá a su candidato o candidata a la presidencia.

Las primarias pueden ser de tipo partidistas y no partidistas según el tipo de votantes. De las primeras existen tres subtipos: a) abiertas, donde el votante puede sufragar sin importar su filiación partidista, incluso por un candidato de un partido distinto al suyo; b) cerradas, donde solo los militantes de un partido político pueden votar en la primaria de su propio partido; y c) semicerrada, donde los no afiliados pueden votar sin necesidad de afiliarse a algún partido, aunque los afiliados deberán votar en la primaria de su propio partido.

Mientras que las primarias no partidistas son aquellas en las que puede votar cualquier ciudadano independientemente de su afiliación o no. Son llamadas de tipo top-two ya que, salvo en un estado, los dos candidatos más votados en una primera ronda pasan a una segunda para elegir al ganador entre ellos.Por otro lado, los caucus son asambleas de delegados elegidos por los ciudadanos o designados por los partidos, quienes eligen al candidato favorito de entre los precandidatos conocidos, o incluso a cualquier otro miembro del partido, a través de distintos procedimientos que establece cada formación política en cada uno de los estados donde se lleva a cabo, como puede ser depositando una papeleta en una urna o incluso votando a mano alzada.

Imagen del caucus de Iowa, febrero de 2016. Imagen: Chicago Tribune Flickr.

Imagen del caucus de Iowa, febrero de 2016. Imagen: Chicago Tribune Flickr.

Puede haber varias etapas previas hasta la celebración de la asamblea estatal que nominará al candidato favorito en un determinado estado; estas asambleas pueden ser de tipo cerrado, es decir en el que solo participan delegados afiliados a determinado partido o abierto, en las que cualquier ciudadano puede votar independientemente de su afiliación partidista.

Una vez que se han llevado a cabo tanto las primarias como los caucus -un proceso que inicia en el mes de enero o febrero del año de la elección y concluye en el verano de ese año-, cada uno de los partidos cuenta ya con un número determinado de delegados electos con su voto comprometido, es decir que tienen el mandato de votar por el candidato con el que se comprometieron antes de ser elegidos delegados. Aun cuando en la práctica no están obligados a ello, normalmente la gran mayoría siempre vota por el candidato por el cual se comprometieron.

En el verano del año de la elección, una vez terminada la etapa de primarias y caucus, se llevan a cabo las Convenciones Nacionales de cada partido, en esta gran asamblea multitudinaria se reúnen todos los delegados electos en las primarias y en los caucus, y también los llamados superdelegados, que son aquellos delegados a la Convención Nacional que tienen un peso político específico al ser miembros prominentes de su partido, por ejemplo gobernadores, congresistas, senadores, funcionarios públicos o partidistas. Cada partido determina en función de sus propios métodos el número de delegados que habrán de elegirse y designarse en todas las etapas del proceso y quienes habrán de asistir a su Convención Nacional.

Puerto Rico, Guam, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Islas Marianas del Norte y Samoa Americana, como territorios no incorporados de Estados Unidos, también celebran primarias y caucus, y envían delegados a las Convenciones Nacionales; sin embargo al no formar parte constitutiva del país, sus ciudadanos no pueden votar en la elección general.

De las Convenciones Nacionales al Showtime electoral

Las Convenciones Nacionales demócrata y republicana son grandes eventos mediáticos donde se elige a quien será oficialmente el candidato a la presidencia. Pero además es donde se muestra a la sociedad con un gran despliegue de tácticas de comunicación persuasiva las cualidades y atributos del candidato o candidata, que por un lado tratará de aglutinar y cohesionar a la militancia de cada partido en ocasiones fragmentada o fisurada por la disputa previa de los precandidatos, y por otro tratar de convencer a una parte importante del electorado indeciso.

Convención Nacional Domócrata de 2008 en la que se eligió a Barack Obama como candidato oficial. Imagen: Wikipedia.

Convención Nacional Domócrata de 2008 en la que se eligió a Barack Obama como candidato oficial. Imagen: Wikipedia.


Una vez oficializadas las candidaturas, se desarrolla la campaña electoral, eminentemente plagada de publicidad y del uso de tácticas de marketing político que se han convertido ya en una tradición y que han dado origen al fenómeno conocido como la “norteamericanización” de las campañas electorales en otros sistemas políticos.

Como parte de las campañas estadounidenses, los debates televisivos han sido un elemento central y en muchos momentos decisorio. Este fue el caso del famoso debate Kennedy-Nixon en el año de 1960, en el que el impacto de la imagen de un joven y fresco senador Kennedy, quien hasta ese momento no era el favorito en las encuestas, lo posicionó ante la opinión pública por encima de un aparentemente cansado y viejo vicepresidente Nixon.

Finalmente llega el día de la elección presidencial -por mandato constitucional “el primer martes después del primer lunes de noviembre”-, que en realidad consta de una serie de elecciones estatales simultáneas para elegir en cada uno de los 50 estados a un número de electores igual al número de congresistas federales y senadores que tiene cada estado, quienes son determinados en función de la población de acuerdo a un censo que se realiza cada 10 años. La cantidad de delegados es relativamente proporcional a la población del estado, donde los más poblados tienen mayor número de ellos, y por ende se convierten en prioritarios para la elección. Actualmente California, Texas, Nueva York y Florida son los de mayor “peso electoral”.

A estos electores en su conjunto se les denomina colegio electoral ya que constituyen un órgano colegiado nacional pero que nunca llega a reunirse en su conjunto, sino que la actuación de los miembros por estado se circunscriben a su ámbito local. Son ellos quienes posteriormente se encargaran de elegir al próximo presidente de los Estados Unidos.

Cada estado tiene asignado un número de electores que se traducirán en “votos electorales” el día de la elección, a diferencia de los votos populares que son los emitidos por los ciudadanos comunes. Se necesitan por lo menos 270 de un total de 538 votos electorales para ganar; regularmente el candidato que obtiene la mayoría de votos populares es quien obtiene la mayoría de votos electorales, pero en ocasiones sucede lo opuesto. En el caso de un empate, el Congreso es quien elige al presidente, esto solo ha sucedió en dos ocasiones, en 1800 y en 1824.

El antecedente más reciente donde un candidato ganador no obtuvo la mayoría de votos populares, fue la elección del año 2000 entre el entonces vicepresidente de EE.UU., Al Gore y el gobernador de Texas en ese momento, George W. Bush. Éste último obtuvo la victoria por el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos que suspendió el conteo de votos electorales en el estado de Florida -que gobernaba el hermano de Bush- después de una batalla jurídica y mediática ante un resultado sumamente cerrado, con lo que la suma total de votos electorales le dio el triunfo al también hijo del expresidente George H. W. Bush.

Algo poco conocido es que propiamente el día de la jornada electoral que en esta ocasión será el 8 de noviembre, los ciudadanos no eligen al presidente, sino que eligen a los electores que en cada estado votarán posteriormente por el candidato con el que se comprometieron con el voto popular, así como por el vicepresidente, el “primer lunes siguiente al segundo miércoles de diciembre”, de acuerdo con la Constitución. Aunque legalmente los miembros del colegio electoral no están obligados a votar por quien se comprometieron que votarían, en la práctica la gran mayoría cumple su compromiso y los que no lo hacen, son sancionados económica y administrativamente.

Quién es quién en la carrera electoral

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Hillary Clinton. Imagen: Wikipedia.

En esta ocasión, los precandidatos más conocidos entre la ciudadanía estadounidense son, por el partido demócrata -asociado ideológicamente al liberalismo progresista estadounidense-  la ex secretaria de Estado con el presidente Obama, ex senadora por Nueva York y ex primera dama de los Estados Unidos, Hillary Clinton quien cuenta con el respaldo del gobierno y un fuerte apoyo de amplios sectores de su partido y con el importante impulso de su esposo el expresidente Bill Clinton. Clinton buscará el respaldo de sectores sociales tradicionalmente votantes demócratas como mujeres, jóvenes, negros, hispanos y profesionistas de clase media urbana.

Bernie Sanders. Imagen: Wikipedia.

Bernie Sanders. Imagen: Wikipedia.

De manera inesperada, el senador por Vermont (noreste de EE.UU.) Bernie Sanders, quien hasta el año pasado no pertenecía al partido demócrata teniendo una trayectoria como senador, congresista y alcalde independiente, se ha establecido como la alternativa demócrata a Clinton. Sanders es conocido por sus posicionamientos de izquierdas y se ha definido a sí mismo como un socialista, democráta y progresista. Si bien ha tenido un enorme despegue de popularidad, aún no encuentra un respaldo amplio entre los miembros prominentes del partido demócrata. Sin embargo ha encontrado un creciente apoyo entre los jóvenes de clase media.

Donald Trump. Imagen: Wikipedia.

Donald Trump. Imagen: Wikipedia.

Por el lado republicano, los candidatos con mayor puntuación en las encuestas son en primer lugar polémico magnate inmobiliario Donald Trump, quien nunca ha desempeñado un cargo público y ha sido señalado por sus múltiples declaraciones escandalosas plagadas de comentarios racistas, xenófobos, insultantes y discriminatorios. Con una fortuna valorada en más de diez mil millones de dólares, intentará captar el voto del sector republicano más duro y conservador. Sin embargo, será difícil que se imponga al núcleo de poder en el partido republicano, que intentará sacarlo del juego.

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Ted Cruz. Imagen: Wikipedia.

Se encuentra también el senador por Texas, Ted Cruz, canadiense de nacimiento y de origen cubano, fue también Procurador General de Texas, el primer hispano en desempeñar ese cargo. Un político miembro del Tea Party, el ala más conservadora del partido republicano, uno de los candidatos de la derecha pura y dura mucho más alineado con el conservadurismo republicano clásico que Trump. Cruz, hijo de un inmigrante cubano, usa un fuerte componente religioso evangélico para conquistar al influyente electorado religioso anglosajón.

Marco Rubio. Imagen: Wikipedia.

Marco Rubio. Imagen: Wikipedia.

Finalmente, el que se perfila en tercer lugar en las encuestas es el senador por Florida, nacido en Miami, Marco Rubio. El también ex-congresista por su estado natal se muestra como la opción conservadora del partido republicano que puede conquistar el voto de los latinos, ya que utiliza su historia personal para promover el afecto del cada vez más influyente electorado hispano, sin dejar de llamar la atención del típico elector convencional republicano.

Es aún prematuro adelantar pronósticos, pero hasta este momento y de acuerdo con las últimas encuestas de mayor referencia, los candidatos punteros son Hillary Clinton en el lado demócrata -pese a la victoria reciente de Sanders en las primarias de New Hampshire– y Donald Trump en el republicano. Sin embargo, aún faltan por resolverse diversos apoyos de otros precandidatos republicanos que pudieran decantarse y aglutinarse en torno a Ted Cruz, que figura en segundo lugar, y si la tendencia continua no se descarta que Rubio pueda sumarse también a la campaña.

Aun nos encontramos en el inicio de un largo proceso electoral que culminará prácticamente a finales de año, así que aún quedan muchos capítulos por escribir de esta historia electoral que seguramente estará plagada de sorpresas y vaivenes políticos y mediáticos.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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