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Populismos latinoamericanos. Los tópicos de ayer, de hoy y de siempre

Saludo de los presidentes Evo Morales (Bolivia) y Rafael Correa (Ecuador), junio de 2012 [Foto: Cancillería de Ecuador vía Flickr].

El catedrático de Historia de América de la UNED e investigador principal para América Latina y la Comunidad Iberoamericana del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, publica en 2010 el libro Populismos latinoamericanos. Los tópicos de ayer, de hoy y de siempre. Obra escrita originalmente en español y publicada por Ediciones Nobel, dentro de la Colección Jovellanos de Ensayo.

Carlos Malamud (Buenos Aires, 1951) es experto en política de América Latina. Ha publicado numerosos libros y artículos de historia latinoamericana, como América Latina Siglo XX, La búsqueda de la democracia (1999), o Historia de América (2010), además de colaborar en prensa, radio y televisión. Sus artículos se publican en El País o el ABC, y colabora de forma asidua con el programa Hoy por Hoy de la Cadena Ser o el Canal 24 Horas de RTVE.

Esta obra en cuestión, escrita en forma de ensayo, busca profundizar en los principales rasgos que caracterizan los gobiernos populistas de Latinoamérica, con el objetivo de buscar puntos comunes, definir objetivos, así como líneas de convergencia y divergencia. La obra se centra en los gobiernos contemporáneos a la redacción de la misma, es decir, los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela, Cristina  Fernández de Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil, además de mencionar el papel del régimen castrista en el continente y otros elementos que influyen en los gobiernos de dichos países.

El expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, visitando Guatemala en 2008 [Foto: Ukberri.net vía Flickr].

El expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, visitando Guatemala en 2008 [Foto: Ukberri.net vía Flickr].

Tal y como se describe a lo largo del libro, ganador del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos en 2013, los populismos comparten algunos rasgos que los definen, como son el antiimperialismo, el nacionalismo exacerbado, el uso de las masas populares sin instituciones que medien, el abuso de poder y el desprecio hacia el Estado de derecho, las relaciones fraternales entre gobiernos populistas, y la simbiosis entre gobernante y Estado. América Latina se erige como el territorio con más tradición populista, tanto de derechas como de izquierdas, debido, entre otras causas, a una corta tradición democrática que convierte a sus instituciones en débiles, partidos políticos con poca base y fortaleza, la desigualdad acuciante entre la población (desempleo y pobreza), o los altos grados de violencia entre la sociedad.

La obra parte de una premisa poco común, que es la falta de definición consensuada sobre populismo. De la misma forma que sucede con la definición de terrorismo, el populismo no ha encontrado aún una definición en la que todos los académicos coincidan. El motivo se centra en la subjetividad de los elementos que conforman el vocablo, la parcialidad que envuelve al concepto, y la falta de características comunes y absolutas que permitan asentar los rasgos definitorios. Así pues, la obra de Malamud parte de una definición que él mismo compone y que define el populismo según su punto de vista. Si bien es cierto que él mismo expone en la obra que “este libro no pretende ser un ensayo teórico sobre lo que es y lo que no es el populismo o sobre lo que es o no es populista, me abstendré desde el comienzo de dar una definición unívoca y concluyente acerca de lo que entiendo por populista y por populismo. Por ello, me limitaré a enumerar […] una serie de características comunes al fenómeno” (Malamud, 2010. p.16). Sin embargo, el ejercicio de realizar una enumeración, en este caso un decálogo más uno, ya es en sí una definición, al exponer los rasgos definitorios de un gobierno / líder populista. Por tanto, a pesar de no querer establecer una definición de populismo, el ensayo en sí se basa en la aportación de pruebas, ejemplos y situaciones de diferentes gobiernos que él considera populistas que ratifiquen los once rasgos definitorios presentados.

¿Qué es el populismo? Los 11 rasgos definitorios

Para Malamud, los gobiernos populistas son gobiernos basados en:

  1. La existencia de un líder carismático que se presenta como irremplazable, que acapara la gestión y concentra prácticamente todo el poder.
  2. El desarrollo del ideal de poder único y que no se comparte.
  3. Sesgos nacionalistas y un discurso anticolonialista y antiimperialista que explica todos los problemas de la Patria (la culpa es del de fuera) y responden a una lógica dicotómica de combatir al de fuera para solucionar los problemas internos.
  4. Un alto intervencionismo estatal y autarquía con el doble objetivo de demostrar a los otros países (“los de fuera”) que el propio país puede autoabastecerse y un control de la producción para asegurar el abastecimiento de toda la población y evitar el enriquecimiento de unos pocos.
  5. La creación de un ideal de democracia directa entre el pueblo y el caudillo, sin prácticamente medicación de los partidos políticos, que son constantemente demonizados y vistos como impedimentos para que la población pueda participar en la política.
  6. El antiliberalismo, que es visto como el enemigo imperialista, y el control de masas a través del adoctrinamiento, la censura y la represión.
  7. La creación de un clima de crispación social constante, con la enemistad de colectivos internos y la búsqueda de un enemigo externo.
  8. El establecimiento de redes clientelares que apoyan la tarea del gobierno en sectores y zonas clave a cambio de ayudas públicas y favores.
  9. Un escaso respeto por el Estado de derecho, con modificaciones constitucionales y del código legal para ratificar y legitimar acciones gubernamentales.
  10. El uso indiscriminado de las arcas públicas en aras del fortalecimiento del gobierno y del Estado (p.ej.: renovaciones completas del ejército mientras la población sufre carestía de alimentos).
  11. El uso del ejército al servicio de la revolución / causa caudillista.

Tras la definición de populismo a través de los rasgos que lo conforman, el autor ofrece ejemplos y casos particulares que demuestran el encaje de algunos gobiernos latinoamericanos dentro de la definición de populistas. Queda claro, a través de los diferentes capítulos del libro, cómo el ataque directo al capitalismo y al papel de Estados Unidos en la esfera global es usado como arma propagandística para excusar los problemas del país.

Así pues, gracias a la creación de un enemigo común y externo, el Estado queda eximido de la responsabilidad de problemas como el narcotráfico, la desigualdad, la pobreza, la falta de empleo o las corrientes migratorias. Dirigentes como Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa centran su mensaje en el ataque a Estados Unidos y en la acusación de culpabilidad de todos sus males para evitar tener que hablar sobre posibles soluciones a esos mismos problemas y evitar mostrarse como lo ineficaces que son.

Evo Morales en una marcha del sindicato Central Obrera Bolivariana [Foto: Eneas de Troya vía Flickr].

Evo Morales en una marcha del sindicato Central Obrera Bolivariana [Foto: Eneas de Troya vía Flickr].

Por otro lado, siempre según el autor, los gobiernos que pueden ser definidos como populistas presentan un único candidato, irremplazable e insustituible, que aglutina todos los valores de la revolución y es capaz de dirigir y decidir sin la mediación de nada ni nadie. Es por eso que, de forma constante se desprecia a la oposición, convirtiéndola en enemiga del régimen, y jugando a la creación del discurso “con el gobierno o contra él”, transformando a la oposición en traidores de la patria.

Junto a la debilidad de las instituciones y de la propia democracia representativa, se añade el poco respeto por las normas establecidas. Es decir, el gobierno cambia las normas, crea referéndums, ignora las constituciones o las cambia a discreción. El respeto hacia el Estado de derecho solo existe siempre y cuando éste beneficie al Estado y al gobierno. En el caso de que las disposiciones legales no respalden las voluntades presidenciales, estas serán cambiadas sin pudor y justificadas mediante el discurso nacionalista y de supuesta protección hacia el pueblo. Según palabras del autor, el aumento de poder del pueblo que supuestamente los gobiernos de Chávez, Kirchner, Morales o Correa persiguen con las modificaciones constitucionales hacia una democracia participativa no son reales, ya que solo les otorgan más poder a ellos. Se han comprobado ciertas prácticas en Bolivia, entre otros, donde se generaliza el uso de ayudas públicas para crear redes clientelares y asegurar el voto de aquellos que se benefician, relacionando a ese candidato / gobernante con esa ayuda concreta (p.ej.: si no votas a Morales, no podrás seguir beneficiándote del bono bebé).

Otro de los elementos que permite la existencia de gobiernos populistas es el uso de la propaganda y del discurso como factores creadores de estructuras y elementos de justificación de acciones e ideales. Es una lástima que el autor no indague más en el poder del discurso, de la palabra y de la propaganda como elemento vertebrador de este tipo de gobiernos. De forma constante, los líderes de países como Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina o Venezuela utilizan sus posiciones elevadas para convertir verdades sesgadas, opiniones y puntos de vista en verdades que afianzan su poder y lo legitiman. También se observan (o, en algunos casos, se observaron) estos rasgos adoctrinadores en la Bielorrusia de Lukashenko, en el Irán de Ahmadinejad, en la Rusia de Putin, o en la Libia de Gadafi.

Así pues, se ha podido comprobar como en Ecuador, Correa ha usado los valores cristianos para justificar su labor nacionalizadora y colectivizadora; y en Nicaragua se han usado para justificar la abolición de la ley del aborto.

En países como la Venezuela de Chávez se han cerrado medios de comunicación y se han represaliado a blogueros o grupos musicales por transmitir mensajes contrarios al régimen, empleando conceptos como la “peligrosidad predelictiva” y así asegurar unidad en el mensaje y en la construcción del imaginario colectivo. Además, se han aprobado leyes que aumentan el control estatal y debilitan a medios independientes; se han favorecido los mensajes presidenciales por encima de los de la oposición en los informativos de las cadenas públicas, llegando a la cumbre con el programa Aló, presidente, de Hugo Chávez; y se han vapuleado de forma pública medios contrarios como Globovisión.

Latinoamérica: manipulación histórica, dinámica regional y cuestión indígena

El capítulo VII se centra en el uso de la historia y del pasado como herramienta para construir los discursos del presente. Se ha podido comprobar cómo se usa un discurso donde el pasado precolombino fue un pasado brillante, sin guerras, ni expolios, ni hambrunas, y que todos los males llegaron con la entrada de Colón y Hernán Cortés. Gracias a este uso sesgado de la historia, los dirigentes pueden construir un discurso basado en la culpa de todos los males a un colonizador externo. Además, se observa cómo se neutraliza la historia contemporánea presentándola como un pasado lóbrego, en situación peor a la actual. “Al establecer la comparación con lo mejor de nuestros días, especialmente si hay maquillaje o manipulación de por medio, cualquier ayer es manifiestamente mejorable” (Malamud, 2010; p.278), siempre y cuando no se contextualice ni se compare con esa contemporaneidad en otras regiones o países.

Un ejemplo claro es el discurso de Cristina de Kirchner para los festejos del Bicentenario de la Independencia donde compara la situación de 1910 con la actual, asegurándose de que el pasado mostrado se vea como peor a la situación presente. Por eso, menciona la situación de sitio, la falta de derechos, con poco trabajo y miseria. Lo que no menciona es que la Argentina de principios de siglo era uno de los motores del continente, con una economía más fuerte que algunos países europeos, y con la llegada de muchos inmigrantes que poblaron la campiña y ayudaron a desarrollarla.

La expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en el acto de conmemoración del Día de la Bandera, junio de 2014 [Foto: Ministerio de Cultura de la Nación Argentina vía Flickr].

La expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en el acto de conmemoración del Día de la Bandera, junio de 2014 [Foto: Ministerio de Cultura de la Nación Argentina vía Flickr].

La regionalización en la zona es una de las tareas pendientes del subcontinente, y uno de los motivos que lo explican es la existencia de este tipo de gobernantes. Sí es cierto, pero, que existen foros de debate e instituciones intergubernamentales (Mercosur, CELAC, UNASUR, Comunidad Andina, ACTO) pero no terminan de afianzarse y convertirse en herramientas útiles de trabajo y compenetración. Uno de los motivos por los que dichas instituciones no se asientan y se desarrollan es la falta de liderazgo de los dos países con más peso demográfico y económico, que son Brasil y México. Para estos dos países, el miedo a convertirse en líderes y que sus actos puedan ser presentados como semejantes a los que realiza Estados Unidos (con las consiguientes críticas y repulsas que eso comportaría por parte de sus homólogos) hace que no quieran situarse al frente. Por otro lado, hay numerosos conflictos latentes en la zona, sobre todo a nivel territorial, que dificultan el entendimiento entre las partes. Finalmente, la existencia de una unión de países Bolivarianos (el ALBA) hace que haya confrontación entre aquellos que no lo son (el Chile de Bachelet, el Brasil de Lula da Silva, o el Uruguay de Mújica) con aquellos que sí, y confirma la gran dificultad en la construcción de un proyecto común, que tiene como objetivo hacer frente al poder de Estados Unidos en la zona.

Otro rasgo común a los gobiernos latinoamericanos, que no tanto populistas, es la integración de sus poblaciones indígenas en el funcionamiento del Estado y del país. La cuestión indígena afecta a Chile, Bolivia, Perú, Educador, Colombia y Venezuela, siendo este último el que tiene un porcentaje más bajo de esta población. El uso de dicha integración es lo que puede diferenciar a los gobiernos populistas de aquellos que no lo son. Es decir, el uso del indigenismo como arma política y centro del discurso es lo que podría caracterizar a un gobierno populista latinoamericano. Así pues, el uso reiterado de la idea de qué antes de 1492, América era un territorio con diferentes civilizaciones bondadosas, donde no existía la esclavitud, sin matanzas ni guerras, así como la recriminación constante a España de todos los males y de la búsqueda del “perdón” es lo que caracterizaría a los gobiernos populistas. Esta característica, definida en detalle en el capítulo VIII repite lo expuesto en el capítulo VII sobre la reescritura de la historia.

En definitiva, la obra Populismos latinoamericanos. Los tópicos de ayer, de hoy y de siempre ofrece de forma detallada y didáctica la opinión del autor sobre algunas de las características de este tipo de gobiernos que parece que se repiten en el subcontinente. La obra presenta diversos ejemplos sobre los gobiernos de Chávez, Kirchner, Morales o Correa, que complementan las tesis teóricas expuestas y permiten su comprensión práctica. Se recomienda su lectura si se busca hacer una primera aproximación a un tipo de gobierno característico desde finales del siglo XX. Será necesaria, pero, una profundización posterior con otros autores, ya que el ensayo de Malamud carece de bibliografía complementaria que sustente los datos y opiniones expresados a lo largo de los nueve capítulos de la obra. La falta de apoyo académico en muchas de las afirmaciones, al no ofrecer ni exponer opiniones de otros autores tanto a favor como en contra de las tesis expuestas, obliga al lector a tomar la obra como una exposición académica de la mera opinión del autor.

Sería interesante la publicación de una segunda parte del libro, si es que la hubiera, donde se explicase por qué ese populismo que tan bien afincado parecía estar, sobre todo después de lo expuesto, ha empezado a perder fuelle en 2014 y 2015. Se ha podido comprobar que con la irrupción de Macri en la Casa Rosada argentina, ganando al candidato kirchnerista, con la caída de Maduro en las elecciones de noviembre de 2015, y con el fin del bloqueo a Cuba que las cosas están cambiando en el continente.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


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