¿El primer manifiesto feminista de la historia en castellano?

Grabado de la edición italiana de Edoardo Perino de El Quijote.

Si bien este no pretende ser un artículo profundamente analítico sino más bien divulgativo, cabe resaltar que el discurso que se presenta a continuación pertenece a un personaje de la obra Don Quijote de La Mancha, escrita por Miguel de Cervantes en el siglo XVII: Marcela. Y que a pesar de sus características genuinas, se cree que aún no ha sido puesto en conocimiento del gran público, o de la forma que tal vez se merezca. Y es que no es aventurado decir que el análisis de esta parte de la obra de Cervantes ha brillado por su ausencia en cada una de las clases de Lengua Castellana o Literatura que muchos estudiantes reciben dentro de las materias impartidas en un colegio medio en un país hispanohablante. Y ni hablar de aplicar un enfoque de género al texto. Así pues, muy probablemente la gran mayoría estará por primera vez ante lo que ha sido catalogado por algunos como el primer “discurso feminista” recogido de forma escrita de la historia. Además, resulta especialmente reseñable que son en gran medida hombres los que han analizado este texto, por lo que parece que el mismo no es muy conocido entre el movimiento feminista.

Marcela mejor

“El entierro del pastor Grisóstomo” (1862), de Manuel García y García, “Hispaleto”.


El texto comúnmente conocido como “La pastora Marcela” o la historia de “Marcela y Grisóstomo”, ha sido ampliamente estudiado en el mundo académico-literario, cuestionando especialmente las pretensiones de Cervantes al incluir y presentar Marcela en su manuscrito. El cuento narra uno de los innumerables sucesos con los que Don Quijote y Sancho Panza se topan en su aventura meta-caballaresca por la ancha Castilla. Esta vez, el hidalgo y su fiel amigo se encuentran en medio de la sepultura de Grisóstomo, un joven estudiante que según algunos vecinos y amigos murió del amor (no correspondido) a Marcela, para la que piden un severo castigo. No obstante, la pastora se defiende de tales acusaciones ante los dos foráneos caballeros que actuarán, sin saber muy bien cómo, de moderadores y jueces.

En una lectura rápida, como la que vamos a realizar ahora, todo parecería indicar que Marcela, de acuerdo con el hispanista coreano Park Chul en “El Feminismo Ilustrado en el Mundo Literario de Cervantes” es el primer personaje (ficticio) feminista de la literatura en castellano, ya que lucha tanto por ser vista como una persona con los derechos que regularmente tendría un hombre de la época, como por su libertad en un mundo que se la niega por su género. Sin embargo, cabe resaltar que Marcela no tiene a los hombres como medida de las cosas, así lo señala literalmente José M. Lorenzo Arribas en el Centro Virtual Cervantes: “Marcela ni se mide ni se opone al varón, como pretenden los machos que tratan de ridiculizar y zaherir las propuestas feministas. Simplemente, no reconoce como interlocutores a quienes solo ven en ella un buen partido, por sus riquezas, hermosura, y sexo“. Es decir, a pesar de que de su alegato se desprende cierta frialdad e indiferencia hacia los hombres que la cortejan/ acosan y persiguen (este es aparentemente el caso de todos quienes la conocen), se puede decir que este no-aprecio se extiende hacia la sociedad en general también.

No obstante, también hay los que encuentran cierto grado de misoginia cuando es con el adjetivo de “endiablada” con elque se refieren a Marcela o cuando al momento de “absolverla” las palabras de Don Quijote son: “Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo”(l29). Para Saz Parkinson, la mera inclusión de la palabra “poca”, altera la forma en que el lector reacciona a la auto-defensa de Marcela culpándola hasta cierto punto de la muerte de Grisóstomo. Es por esto que la actitud del Quijote, a los ojos del autor, nunca deja de ser ambigua, por ende, sospechosa cuando no discretamente hostil.

Un personaje libre e independiente

De todos modos, y poniendo el episodio en su contexto (principios del siglo XVII), y por extensión al autor, lo feminista (desde la perspectiva o carga semántica que esta palabra posee en nuestro tiempo) del escrito se basaría en tres cosas: la rebeldía contra los escritores que querían mantener el statu quo medieval de la mujer oprimida y pasiva poniendo de relieve unos derechos y libertados impropios para la época patriarcal (Martha García), una transposición de los papeles tradicionales del género, dándole a la mujer un conducta racional y al hombre una conducta suicida, subvirtiendo así el sistema de valores creado por el sistema,(A. Cazco: 2010) y por último pero no menos importante, Cervantes mató a Grisóstomo, lo calló sepultándole desde el inicio del relato, pero no silenció a Marcela.

A ella la proyecta, como señala Alex Cazco en “La reivindicación feminista de Marcela frente a las voces dialógicas de una audiencia cervantina”, como un personaje libre, independiente y soberano tanto de su cuerpo como de su alma. Convirtiendo a Marcela, como personaje, en la primera feminista en la literatura española (Edith Cameron) y a esta historia, como una declaración, en el primer ‘manifiesto feminista’ de la historia escrito en castellano.

Cromo sobre el episodio de Marcela de El Quijote de Jaime Pahissa y Laporta. Editado en 1897.


He aquí el texto escrito en castellano antiguo que vio la luz allá en 1605.

«Estando en esto, llegó otro mozo de los que les traían del aldea el bastimento, y dijo:
-¿Sabéis lo que pasa en el lugar, compañeros?
-¿Cómo lo podemos saber? -respondió uno dellos.
-Pues sabed -prosiguió el mozo- que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstomo, y se murmura que ha muerto de amores de aquella endiablada moza de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquélla que se anda en hábito de pastora por esos andurriales.
-Por Marcela dirás -dijo uno.
(…)»

El alegato de Marcela

«El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es escusado. Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase, de aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos; que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de sujetarme: ni quiero ni aborrezco a nadie. No engaño a éste ni solicito aquél, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.

Y, en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a todos los que allí estaban. Y algunos dieron muestras -de aquellos que de la poderosa flecha de los rayos de sus bellos ojos estaban heridos- de quererla seguir, sin aprovecharse del manifiesto desengaño que habían oído. Lo cual visto por don Quijote, pareciéndole que allí venía bien usar de su caballería, socorriendo a las doncellas menesterosas, puesta la mano en el puño de su espada, en altas e inteligibles voces, dijo:

Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive.

O ya que fuese por las amenazas de don Quijote, o porque Ambrosio les dijo que concluyesen con lo que a su buen amigo debían, ninguno de los pastores se movió ni apartó de allí hasta que, acabada la sepultura y abrasados los papeles de Grisóstomo, pusieron su cuerpo en ella, no sin muchas lágrimas de los circunstantes. Cerraron la sepultura con una gruesa peña, en tanto que se acababa una losa que, según Ambrosio dijo, pensaba mandar hacer, con un epitafio que había de decir desta manera:

YACE AQUÍ DE UN AMADOR
EL MÍSERO CUERPO HELADO,
QUE FUE PASTOR DE GANADO,
PERDIDO POR DESAMOR.
MURIÓ A MANOS DEL RIGOR
DE UNA ESQUIVA HERMOSA INGRATA,
CON QUIEN SU IMPERIO DILATA
LA TIRANÍA DE AMOR.»

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

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