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Las 5 charlas TED sobre desarrollo global que no debes perderte

Niña de la etnia rarámuri en la Sierra Tarahumara en México. Solange Marquez Espinoza

En un mundo globalizado como en el que vivimos, el desarrollo global se ha convertido en un asunto de primera importancia. Si un banco quiebra en una remota ciudad en Islandia, Japón o México, hoy puede provocar una de las más grandes crisis financieras de la historia. Justo por eso, por la tremenda interconexión con la que vivimos, es que el concepto de desarrollo global ha comenzado a redefinirse.

Ya no se trata de “filantropía” ni de “ayudar a los más pobres” sino de comprender que lo que sucede en India o en China impactará, tarde o temprano en Europa o Estados Unidos. Justo por esa redefinición del desarrollo global y en aras de entender ese nuevo significado es que estas cinco charlas TED son indispensables, ya se trate de temas económicos, ambientales o sociales, porque seguir pensando y actuando local como si sólo nuestro pequeño círculo importara ya no es suficiente.

La exportación del bienestar y de la democracia

Si te preguntaran “¿En qué país desearías vivir?”, ¿cuál sería tu respuesta? Quizá, como la gran mayoría, ésta apuntaría a alguno de los países más ricos o a los mejor posicionados en la tabla del desarrollo mundial. Para Simón Anholt, creador del Índice del País Bueno (Good Country Index) ninguna de esas dos opciones sería satisfactoria.

En la charla TED “¿Qué país hace el mayor bien al mundo?” Anholt, que ha sido consultor político en más de 20 países, destaca que la globalización ha traído consigo enormes desafíos pero también puede ser la respuesta que buscamos para hacerles frente. El problema, según Anholt, es que seguimos manteniendo las barreras nacionales muy por encima del concepto humanidad y eso impide que veamos el panorama completo para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos.

Son los países que hacen más cosas por la humanidad los países con mayor desarrollo económico, los que obtienen las inversiones más fácilmente, los que pueden vender mejor sus productos porque se confía en ellos y los que, en consecuencia, pueden otorgar mejores condiciones de vida a sus propios habitantes.

Los pueblos que se preocupan por la comunidad global y no únicamente por su propio bienestar interno son de gran importancia para enfrentar los retos globales. La contribución de cada país al bien común de la humanidad debe hacerse eliminando barreras étnicas, de raza, religión o nacionalidad, una gran necesidad en un mundo con desafíos enormes y creciente xenofobia.

En la misma línea de analizar la forma de resolver los desafíos del mundo pero desde otro sector encontramos una plática que puede resultar por momentos algo soberbia pero que dice una gran cantidad de verdades. Rory Stewart en “Por qué la democracia importa” recuerda el papel que juega la democracia como una forma de Estado y da cuenta del fallo que ha representado para países como Irak o Afganistán la abrupta llegada de la democracia en sociedades no preparadas que al final colapsan por su nivel de corrupción así como la desconfianza que los ciudadanos de países desarrollados tienen ahora en la política.

Stewart hace un llamado a reconstruir la democracia. Por supuesto la autocrítica que hace Stewart termina sin llegar al punto de reconocer la responsabilidad que países como Gran Bretaña y Estados Unidos han tenido para que el fallo de las llamadas “nuevas democracias” exista y que las guerras sin cuartel libradas “en nombre de la democracia” en realidad han sido más en nombre de intereses económicos inconfesables.

Sin embargo, la pausada oratoria de este parlamentario escocés nos permite recordar que la democracia si bien es imperfecta, ha demostrado ser la única forma de organización social que puede garantizar que los individuos puedan vivir en paz, en libertad y con igualdad.

El cambio climático, el mayor reto para la humanidad

La ciencia, a diferencia de la política, no tiene interpretaciones. La ciencia ha demostrado, una y otra vez que el cambio climático es real, que está pasando y que trae consigo una gran cantidad de consecuencias de profunda gravedad para la vida en el planeta y para la sociedad como la conocemos.

En ese sentido se insertan dos charlas, la de James Hansen y la de Mary Robinson. James Hansen, científico alguna vez Director del Instituto Goddard para Estudios del Espacio de la NASA y que se describe a sí mismo como activista y “desobediente civil”, explica en “¿Por qué tengo que hablar del cambio climático?”  por qué el calentamiento global sigue siendo una amenaza para la vida en la tierra como la conocemos.

La enorme cantidad de gases de efecto invernadero que por décadas hemos enviado a la atmósfera, se convierten en “una manta” sobre la Tierra, provocando un desequilibrio energético, sobrecalentando la superficie del planeta antes de que esa energía pueda ser liberada de nuevo al exterior, creando con ello las graves consecuencias que ya conocemos: episodios climáticos cada vez más extremos en todas partes del mundo.

Los subsidios a los combustibles fósiles han alentado a los países a permitir la inversión en prácticas de extracción cada vez más nocivas -si se puede- para el medio ambiente: minería a cielo abierto, fracking, arenas bituminosas, perforaciones profundas en el Ártico.

Con el fin de terminar con esos subsidios, Hansen, físico y climatólogo, propone un sistema de cobro de tasas incrementales al uso del carbón que se cobre a las empresas de combustibles fósiles y sea distribuida al 100% entre los residentes de manera equitativa sin que los gobiernos reciban esos recursos. Con ello, asegura, se podrían crear miles de empleos e invertir en innovaciones que permitan un futuro con energías limpias y, por supuesto se reducirían las emisiones de gases con efecto invernadero.

Hansen, llamado también el Padre de la Conciencia sobre el Cambio Climático es claro “No podemos dejar a las futuras generaciones la responsabilidad por nuestras acciones. Los subsidios a los combustibles fósiles son el instrumento para mantener en crecimiento el uso de los mismos y detener cualquier posible crecimiento de formas alternativas de energía limpia”.

Mary Robinson por su parte, advierte sobre el riesgo que implica para los derechos humanos el cambio climático. en “¿Por qué el cambio climático es una amenaza para los derechos humanos?” nos da otra versión de las consecuencias en un plano distinto al que normalmente conocemos. La pobreza extrema, el hambre, las migraciones forzadas son solo algunos de los efectos en un mundo de por si desigual.

El cambio climático amenaza con profundizar dichas desigualdades, con volver más pobres a los pobres y traer más hambre. Con terminar con fuentes de abastecimiento de agua potable y alimentos obligando a las personas a abandonar sus lugares de origen rumbo a la incertidumbre. Para enganchar con su audiencia, Robinson utiliza muchos datos duros: 1.3 mil millones de personas no disponen de electricidad y deben usar carbón y queroseno. 2.6 mil millones deben cocinar en hornos de leña, carbón o estiércol animal con el grave peligro de inhalación y muerte que conlleva.

Por eso, advierte, debemos llegar al punto de cero emisiones de carbono para el 2050. Pero, plantea la difícil pregunta de como hacerlo si las personas que también deben usar carbón no tienen otra opción. ¿Qué hacer con las pequeñas islas en el océano? Países enteros amenazados por el aumento del nivel del mar.

Las soluciones son entusiastas y ambiciosas, empezando por la reducción de emisiones hasta propuestas de tecnología que permitan a esas islas flotar aún con esa subida del mar. Sin embargo, son soluciones que requieren una gran inversión de recursos y de apoyo internacional. Soluciones que no pueden dejarse a los políticos sino que deben provenir de la propia sociedad.

Educación la base del desarrollo

Rozando un tanto lo motivacional y alejándose del tipo de charlas que plantean soluciones prácticas a los problemas globales, Michelle Obama deja en “Una apelación por la educación”  uno de los mensajes más contundentes en torno a la necesidad de garantizar la educación de las niñas en el mundo.

Michelle Obama cuenta parte de su propia historia, una historia que podríamos calificar como “ordinaria”, sin riquezas, sin lujos, sin posición social. Hija de un obrero y una ama de casa que nunca fueron a la Universidad, aún así, les enseñaron, a ella y a su hermano, el valor de la educación. Como en todos los buenos discursos, Michelle Obama utiliza su propia historia personal para conectar con su público, y lo logra.

Se trata de una charla ante niñas y jóvenes del Reino Unido, la punta de lanza de lo que se convertiría en su caballo de batalla durante los dos mandatos presidenciales de su esposo, el actual presidente Barack Obama, la educación.

El mensaje que envía no es un mensaje sólo para un país, no es un mensaje para un grupo ni uno para una campaña. Es un mensaje que atina a conjugar las ideas y necesidades de un mundo globalizado como el que vivimos con una solución simple y redituable: invertir en educación para las niñas y jóvenes en todo el mundo.

Los organismos internacionales han dejado claro que la presencia de una mujer empoderada dentro de una familia es la garantía para que esa familia deje la pobreza. Este fenómeno trasladado a una nación garantiza que las familias en situación de pobreza salgan adelanta y esa nación pueda desarrollarse.

La educación de las niñas es uno de los mecanismos más poderosos con que cuentan los países para terminar con la pobreza extrema. Dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas recientemente aprobados, se establece que “todas las niñas y niños deberían completar la educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad para el 2030”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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