17/10/2019 BARCELONA

La violencia invisible que rodea el parto


Enmarcado en los 16 días de activismo de la campaña de Naciones Unidas para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer y las niñas, queremos hablar de esta violencia desde uno de los diversos ejes que la caracteriza: la violencia obstétrica.

La violencia obstétrica es aquella que tiene que ver con la sexualidad y la reproducción femenina. Consiste en la apropiación del cuerpo de la mujer y el proceso del parto por los profesionales de la medicina, considerando patológicos todos los partos (en oposición a fisiológicos, naturales), convirtiendo a la mujer en paciente (y no usuaria) de manera automática, y realizándose actos médicos y farmacológicos rutinarios sin permitir que la parturienta participe activamente en las decisiones sobre su propio cuerpo. Sin embargo, no está todavía en el foco de las políticas para la prevención de las violencias machistas.

India y las campañas de esterilización

En noviembre de 2014, 13 mujeres murieron como resultado de una esterilización de “mala praxis” médica. No fue una simple negligencia. Estas mujeres fueron doblemente víctimas, por una parte,  de la mala gestión de un médico que les introdujo en el cuerpo instrumentos no esterilizados y provocándoles una infección letal; por la otra, de una campaña de esterilización promovida por el país asiático para frenar la natalidad. Este caso concreto pasó en la localidad de Pendari, distrito de Bilaspur, en el centro del país, donde la población ha aumentado un 12% entre 2001 y 2011 y la densidad es de 327 habitantes por quilómetro cuadrado (la media en la India es de 382 de acuerdo al censo de 2011). El médico practicó ese día 83 laparoscopias seguidas, sobrepasando de largo el límite de 30 diarias. La presión gubernamental que instaba a los médicos a hacer un número mínimo de intervenciones en una jornada le hacía priorizar el ritmo de trabajo a las condiciones higiénicas y de salud de las mujeres, poniéndolas en peligro. Y pasó lo que pasó.

Las campañas de esterilización tienen lugar en la India desde los años 70. El gobierno ha establecido campamentos dónde tienen lugar las intervenciones de manera masiva en las zonas donde las condiciones socioeconómicas de la población son muy bajas, y las familias numerosas son lo habitual. Someterse a esta operación viene acompañado de la política de “premio o castigo” ya que aunque es “voluntario”, tiene incentivos económicos (no tan solo en rupias, sino también en bienes materiales como televisiones o vehículos motores). Así, el capitalismo ejerce uno de sus juegos más malvados, casi obligando a las mujeres a formar parte del programa para poder tener acceso a aquellos bienes de los que el mismo sistema les priva. Por otro lado, se hace evidente la condición de doble opresión sobre las mujeres, porque la sociedad patriarcal considera que está “mal vista” la práctica de la vasectomía, que tendría los mismos efectos, pero sobre el cuerpo del hombre. Según la ONG Fundación para la Población de la India, en el 2013 se practicaron en la India 4,6 millones de esterilizaciones, y de estas, el 72% fueron sobre mujeres.

Imagen: Las mujeres se someten a la esterilización para acceder a bienes económicos o de consumo / Reuters
Imagen: Las mujeres se someten a la esterilización para acceder a bienes económicos o de consumo / Reuters

Esta violencia que la que se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres y sus procesos reproductivos a través de la deshumanización, el exceso de medicalización y la patologización de los procesos naturales de reproducción; es también violencia de género, a pesar de que no se suele tener en consideración cuando hablamos de agresiones machistas, pero que en cambio es muy frecuente en las sociedades actuales. Quizás por ello esta violencia está tan asumida y tan poco visibilizada en lo que se denominan “países desarrollados”. Esta violencia obstétrica es violencia porque establece una relación de poder del equipo médico sobre la mujer, quien se convierte en víctima y es agredida en el momento en el que deja de tener capacidad o posibilidad de decisión, acerca de las prácticas efectuadas sobre su propio cuerpo; como si el embarazo y el parto fueran una enfermedad.

España y la tiranía de las cesáreas

Dos ejemplos (además de la esterilización) podrían ser las cesáreas, el parto no vaginal mediante una incisión en el vientre; y las episiotomías, corte en el periné para hacer más grande el orificio de la vagina. La Conselleria de Salut Valenciana calculaba en el año 2006 que un 79% de partos vaginales en los centros públicos se resolvían con episiotomía, un 89% en el caso de los centros privados. Este procedimiento puede llegar a causar daños en el útero, el feto o el periné, llegando prácticamente a ser una mutilación vaginal, en muchos casos sin consultar a la mujer que da a luz, y con una efectividad no probada.

Aquí, las cesáreas, las episiotomias, el uso de anestesia -que detiene la dilatación-, la separación de la criatura recién nacida inmediatamente después del parto… son prácticas que se llevan a cabo frecuentemente de manera innecesaria e injustificada, y cada vez más frecuente, no porque sean beneficiosas para la madre o el bebé, sino por comodidad para las y los profesionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece, por ejemplo, que las cesáreas son adecuadas en un 14% de los partos, mientras que en España en el 2007, esta cifra alcanzaba el 27% del total.

De hecho, de acuerdo a la ley catalana 5/2008, de 24 de abril, del derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista, cuyo redactado se considera uno de los más “completos y avanzados” en cuanto al reconocimiento de la diversidad de violencias machistas, desvía el foco de responsabilidad de las estructuras de poder pues contempla los derechos sexuales reproductivos (entendiendo esto como una aproximación a la lucha contra la violencia obstétrica), pero cuando habla de ámbitos desde dónde se ejercen estas violencias (pareja, comunidad…) pasa por alto el ámbito institucional.

Latinoamérica y la omnipresencia de la violencia obstétrica

Allí la mirada es diferente. La violencia obstétrica está muy extendida, hasta el punto de que comienza ya a ser un eje primordial en las políticas de prevención de la violencia de género. Una de las últimas noticias al respecto es el caso de Ecuador, país en el que de acuerdo al del Informe Sombra -redactado por la Coalición Nacional de Organizaciones de Mujeres del Ecuador- en noviembre de 2014, se ha incorporado la violencia obstétrica como forma de violencia de género. Ecuador se sumaba así a los otros tres países de la región que ya contemplan en su legislación este tipo de violencia a través de un tratamiento jurídico.

Imagen: Manifestación en Oaxaca, Méjico, diciembre del 2013 / César Martínez López)
Imagen: Manifestación en Oaxaca, Méjico, diciembre del 2013 / César Martínez López)

Venezuela fue el primer país del mundo en reconocerla en 2007, año en que se aprobó la Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, y que en su artículo 51 describe el concepto de violencia obstétrica y establece sanciones administrativas. Seguido, desde el 2009 Argentina cuenta con la Ley de Protección Integral para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres (Ley Nacional 26.485), hablando de la obstétrica como una violencia institucional. El último país en añadirse fue Méjico, que en abril de 2014 aprobó las modificaciones del artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tipificándola como un delito.

Por eso, desde organizaciones como El Parto es Nuestro, formada por usuarias y profesionales, se reivindica la reproducción como un hecho natural, perteneciente a la mujer. Para estas, el parto tiene que ser “integral”, es decir, no debe ser un acto patologizado y sometido a procedimientos médicos por hacerlo más sencillo y rápido. La voluntad es recuperar el protagonismo de la mujer en su sexualidad evitando la intervención y la violencia en el nacimiento, para que se convierta en asistencia y respeto, tal y como se está haciendo en Latinoamérica.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Alba Crespo Rubio

Barcelona, Catalunya. Periodista. Feministeando en el máster de Género y Comunicación y en la calle, siempre. Descubriendo el mundo y buscando lugares que convertir en hogares. Me gusta la fotografía y el reportaje. Investigar y contarlo son mis pasiones; espero que un día sean mi oficio. Leo, leo y leo... Menos de lo que querría, no paro quieta. Soy @albacresporubio y [email protected]


One comment

  • Iris

    07/12/2015 at

    Es más fácil esterilizar a un hombre que a una mujer, sin embargo es común realizar esta práctica a las mujeres. No obstante en los últimos 60 años hemos pasado de 2000 millones de habitantes en este planeta a 7000, algo que no había ocurrido nunca antes. Hay campos de refugiados por el cambio climático o ciudades como Puerto Príncipe, donde llegan miles de personas que ya han agotado la capacidad de explotación de sus territorios y viven únicamente de la ayuda humanitaria. Es evidente que algo tenemos que hacer o seremos una especie que perecerá de éxito biológico.

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