Desinversión: punto de encuentro entre la crisis social y ambiental

Seguro que pensabas que ya se había probado todo contra el cambio climático. Que la sociedad tiene los ojos cerrados, que los políticos son cortoplacistas y que los intereses económicos son más importantes que preservar nuestro planeta.

En parte es verdad. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando globalmente, a pesar de los muchos acuerdos, contribuciones y compromisos de países, empresas y ciudades.

Pero por otro lado, hay un movimiento social creciente que deslegitima la inacción contra el cambio climático. Un grupo de gente que, seguramente como tú, ve que hay un límite, un punto de no retorno, y desea ver un mundo sin la amenaza del cambio climático, para él y para las futuras generaciones que vendrán.

La palabra clave: ‘divestment’

‘Divestment’ en inglés significa desinvertir, dejar de invertir en algo, deshacerse de los bonos, los fondos de inversión, que son poco éticos o moralmente ambiguos. Se utilizó en Sudáfrica para deslegitimar el gobierno del apartheid, y también se ha utilizado en campañas en contra de la ocupación de Israel.

El mismo movimiento de desinversión nace ahora para cuestionar las inversiones que generan emisiones de gases de efecto invernadero, y que por tanto, causan el cambio climático. La mayoría de universidades, organizaciones religiosas, fondos de pensiones y otras instituciones invierten su dinero en empresas, de forma que generen ingresos. Una de las inversiones más comunes es en combustibles fósiles, lo cual es un riesgo para los inversores, debido la volatilidad de los precios, y una amenaza para el planeta, ya que la quema de combustibles fósiles es la causa directa del cambio climático.

Aun siendo muy joven, el movimiento global de desinversión acumula ya muchos éxitos. La presión de estudiantes, líderes de opinión y ciudadanía en general, ha conseguido que universidades como la de Washington, ciudades como Oxford, e instituciones religiosas como la Iglesia de Inglaterra hayan desinvertido total o parcialmente en los combustibles fósiles. Se estima que un total de 60 mil millones de dólares han sido desinvertidos por 181 instituciones, aunque esto sólo representa el 1% de las subvenciones públicas que anualmente reciben estos combustibles.

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Las élites fósiles de España

Si de lo que se trata es de romper la legitimidad económica y social de los combustibles fósiles, hay mucho trabajo por hacer.

En España, y en general en el sur de Europa, el movimiento de desinversión no ha sido tan potente como en el resto de Europa y en los países anglosajones. La verdad es que resulta más difícil dibujar claramente este tipo de relación entre las inversiones privadas y el cambio climático ya que, por ejemplo, las universidades y muchas otras instituciones que en otros países serían el foco de la desinversión, funcionan con financiación pública, y no privada.

Así pues, ¿por qué no reinventar la desinversión a nuestra manera? La explotación de combustibles fósiles como el carbón, el gas y el petróleo esta ampliamente subvencionada por los países del G20, así que, y más en época de crisis económica, debemos preguntar a nuestros dirigentes qué inversiones priorizan y por qué. En 2013, la Unión Europea dio 100.000 millones de euros en ayudas a energías contaminantes, la misma cantidad que se puso a disposición de España para rescatar los bancos. Si se priorizara el bienestar social, pues, se podían haber evitado muchos de los recortes sufridos en el sur de Europa sólo con dejar de subvencionar combustibles fósiles y tender a una Europa renovable.

La misma elite económica y financiera que ha llevado España a la crisis económica y social que vivimos, es la que contribuye a destruir el planeta a base de emisiones de efecto invernadero. Por ejemplo, La Caixa, uno de los principales bancos Españoles, es la mayor accionista de GasNaturalFenosa a través de Criteria CaixaHolding con una participación del 35%, así como Repsol a través de CaixaBank con una participación del 11,7%.

El mismo ejemplo puede ponerse con el proyecto Castor, un depósito artificial de gas natural submarino que al final no llegó a construirse por problemas geológicos. El gobierno español pagó 1.300 millones de euros en indemnizaciones a la empresa constructora, que serán pagados a través de las facturas de gas de los ciudadanos. ACS, la empresa constructora con mayor participación en el proyecto, es presidida por Florentino Pérez, político y uno de los grandes empresarios del país. Su empresa acumula una deuda que duplica su valor, y es un gran ejemplo de generación de deuda privada en el sector de la construcción, la principal causa de la crisis en el país.

Si a esto le sumamos las trabas puestas a las energías renovables y el autoconsumo, y las constantes puertas giratorias entre políticos y consejos de administración de las principales compañías eléctricas, se dibuja claramente el panorama de relación entre el calentamiento global y la crisis económica.

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350.org

Reinventemos la desinversión

En España, y en el sur de Europa en general, debemos denunciar la correlación directa entre la crisis social y la crisis climática que vivimos, y hacer una desinversión por los dos motivos. Los mismos bancos que desahucian a nuestros vecinos son los que financian el cambio climático. Los mismos políticos que diseñan los recortes sociales, son los que subvencionan las energías fósiles.

Debemos desinvertir y, a la vez, asegurarnos que reinvertimos en cambiar aquello de lo que nos quejábamos: crear una economía social y un planeta sin la amenaza del cambio climático. Y un primer paso seria invertir en energías renovables, o en nuevas formas de entender la economía: las dos a pequeña escala, cooperativa, y al servicio de las personas.

Podemos hacer que las demandas sociales que ya llevamos años denunciando, se unan a las demandas ambientales y climáticas, reinventando una nueva sociedad, una nueva economía… que no cambie el clima.

 

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro



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