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Boko Haram: una insurgencia radical en Nigeria

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Boko Haram lleva la ideología forjada en su propio nombre: la educación occidental es un pecado. Con una interpretación fanática y violenta del Corán como bandera, este grupo armado ha sembrado la violencia y el terror en Nigeria, desestabilizando un país caracterizado por una gran diversidad demográfica, especialmente en lo relativo a la religión.

El ideario de Boko Haram combina el credo fanático de una secta con los propósitos sangrientos de una banda terrorista. De una parte, rechazan la educación y los valores occidentales que ellos consideran corruptos e impuros, desde la teoría de Darwinismo hasta las libertades fundamentales. Y de otra parte, sostienen la ejecución de actividades terroristas para lograr derrocar al Gobierno actual, abolir la Constitución e instaurar la sharía como única ley válida.

La preponderancia de dichas creencias religiosas en sus motivaciones y las técnicas de abducción por las que recluta a nuevos miembros provocan que a menudo se califique a Boko Haram de secta.

La semilla del terror

El grupo fue fundado en 2002 por el mulá Mohamed Yusuf en el seno de una mezquita y escuela coránica en el Estado de Borno, al norte de Nigeria. Durante los años siguientes el grupo se asienta y el fundamentalismo con el que adoctrina a sus fieles echa raíces en la comunidad. Para entender el éxito de su discurso fanático entre ciertos sectores de la población, hay que tener en cuenta el plató político y social en el que ya por entonces se encontraba Nigeria.

Nigeria tiene la mayor reserva de petróleo de África y ocupa el quinto puesto en el ranking de países exportadores de este hidrocarburo. Sin embargo, toda esta riqueza no llega a las manos de un pueblo que se va hundiendo cada vez más en la miseria y la necesidad. Cerca de 100 de los 175 millones de habitantes de Nigeria vive con menos de 1 dólar al día. La corrupción impregna todo el esqueleto estatal, frenando el desarrollo del país y exacerbando un sentimiento de impotencia y frustración común a todo el pueblo nigeriano.

Como siempre ocurre ante este tipo de situaciones, la lucha armada se presenta como la posible alternativa.

Mohamed Yusuf sabía que el hastío hacia la clase política podría atraer conciencias sociales hacia su movimiento fanático, por lo que siempre predicó un discurso basado en la fortificación del Islam como medio para luchar contra la corrupción: si la sharía era aplicada la corrupción sería eliminada. Boko Haram identificaba la corrupción con la perversa influencia occidental que estaba consiguiendo destruir el Estado gracias a un sistema judicial cobarde e ineficaz.

Durante casi siete años Boko Haram propaga su discurso sectario por todos los estados del norte de Nigeria, de mayoría musulmana. Sin embargo, el Gobierno subestima su impacto e ignora las continuas advertencias sobre la progresiva militarización del grupo. En una ocasión Mohamed Yusuf es detenido por alteración del orden público y reunión ilegal, pero acaba siendo puesto en libertad.

El paso adelante en la violencia

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Tropas Africanas, Imagen de Flickr usuario Brylie

Las tensiones acumuladas entre fuerzas de seguridad y militantes de Boko Haram durante siete años estallaron finalmente en verano de 2009, dando lugar a una ola de violencia en los Estados de Bauchi, Borno, Yobe y Kano. El Gobierno tuvo que desplegar las tropas del ejército y los enfrentamientos, que se extendieron durante cuatro días, terminaron con más de 700 muertos. En las semanas posteriores Mohamed Yusuf fue arrestado por el ejército y ejecutado extrajudicialmente, siendo las imágenes de su cadáver difundidas por la televisión estatal.

El grupo se reorganizó y en septiembre de 2010, con Abubakar Shekau como nuevo líder, retomó sus actividades violentas, entre ellas el ataque a una prisión en Bauchi de la que lograron escapar unos 700 presos. Desde entonces, los atentados de Boko Haram no han hecho más que crecer en intensidad, frecuencia y sadismo. Además, los objetivos de esta cofradía terrorista han sido y son todas aquellas personas que se opongan a su retrógrado ideario, por lo que entre sus víctimas se encuentran indistintamente miembros de la comunidad musulmana, de la comunidad cristiana, de las fuerzas de seguridad, o de Naciones Unidas.

Entre 2011 y 2012 y tras algunos intentos fallidos, el Gobierno de Nigeria abrió un proceso de diálogo con los principales líderes de Boko Haram pero, aunque muy poco trascendió sobre ello, las negociaciones terminaron por fracasar.

Desde la otra cara de la moneda, se ha denunciado reiteradamente que el enfoque del Gobierno de Nigeria en la lucha contra Boko Haram ha estado desde el principio basado en la represión violenta al margen de la legalidad. Los abusos y violaciones de los derechos humanos por parte de la policía y del ejército han sido constantes. En 2009 un informe de Amnistía Internacional señaló que la policía de Nigeria era responsable cada año de cientos de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas que resultaban impunes. Sólo durante la primera mitad de 2013 cerca de 1.000 personas, la mayoría militantes islamistas, murieron estando bajo custodia policial.

Posibles lazos con otras bandas terroristas

Boko Haram se fundó de manera autónoma, casi espontánea; y sus miembros, al principio, tendían a considerarse a sí mismos como talibanes, aunque ningún lazo les unía con el colectivo afgano. Del mismo modo, a pesar de la identidad de objetivos con ciertas bandas armadas operantes en África, especialmente Al-Qaeda en el Magreb Islámico o Al Shabab, ningún vínculo directo con ellas ha sido efectivamente probado.

Sin embargo, desde la progresiva militarización y profesionalización del grupo a partir de 2011, las sospechas de que existen verdaderamente dichos lazos es cada vez mayor. Ciertos organismos consideran que estos grupos armados compartirían entre ellos recursos económicos y armamentísticos así como técnicas de entrenamiento común de militantes. De hecho, a finales del pasado año el Gobierno de Estados Unidos incluyó oficialmente a Boko Haram en la lista de organizaciones terroristas.

Hacia el final de Boko Haram

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Mapa de la insurgencia islamista de Nigeria, Wikipedia

Hoy en día Boko Haram parece más fuerte que nunca en Nigeria. El gobernador del Estado de Borno (oficialmente en estado de emergencia desde mayo de 2013 junto a los Estados de Yobe y Adamawa) declaró en febrero de este año que los militantes de la banda terrorista están “mejor armados y más motivados que las tropas estatales” y que dada la situación actual el Estado ve “absolutamente imposible vencer a Boko Haram”. Estas palabras están lejos de ser una exageración si se tiene en cuenta que sólo en el último año el rosario de atentados ha dejado más de 1.000 muertos y cerca de 300.000 desplazados.

Así, todo el norte de Nigeria parece hundirse poco a poco en el caos social al mismo tiempo que en las grandes ciudades del sur proliferan las inversiones millonarias extranjeras. El país se diluye en una gran inestabilidad en la que los milicianos de Boko Haram encuentran cada vez más facilidades para consumar sangrientos atentados.

Foto de portada: milicianos de Boko Haram, fuente: AK Rockefeller via Flickr

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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