26/08/2019 BARCELONA

Birgitta Jónsdóttir: “Hay que abordar sistemáticamente el reto de qué sistema queremos a cambio y cómo lo vamos a conseguir”

Entrevista a Birgitta Jónsdóttir, diputada por el Partido Pirata, activista y poeta islandesa analiza el estado de Islandia cinco años más tarde de que el país viviera la quiebra de sus tres principales bancos y tuviera lugar una revolución ciudadana sobre la que se ha escrito mucho.


En el otoño de 2008 Islandia vivió la quiebra de sus tres principales bancos y el inicio de una revolución ciudadana sobre la que se ha escrito mucho. Cinco años después, el país vive ajeno de los problemas que afectan a otros estados europeos también azotados por la crisis, a pesar de que la vida en su capital, Reikiavik, y el resto de su territorio se parezca poco a la de los años del crédito fácil y la riqueza ostentosa. En la primavera del pasado año 2013, los islandeses echaron del gobierno a los partidos de izquierda que se habían hecho con el poder tras el colapso financiero. Además, uno de los grandes objetivos de la movilización ciudadana, la creación y aprobación de una nueva constitución que alejase al país del modelo especulativo que casi lo lleva a la ruina, ha sido tumbado por el Parlamento.

Birgitta Jónsdóttir (1967, Reikiavik) es hoy diputada en el Alþingi –el parlamento islandés-, por el Partido Pirata. Hace cinco años fue una de las personalidades más activas en las protestas que provocaron la caída del gobierno y el máximo dirigente del Banco Central islandés. También fue una de las candidatas elegidas en las elecciones de 2009 por el Movimiento Ciudadano (Borgarahreyfingin), el partido político que surgió durante las movilizaciones posteriores a la caída de los bancos. Antes de involucrarse en la política institucional (“Todavía no he asimilado realmente que soy una parlamentaria”, comenta durante la entrevista), Jónsdóttir dedicaba su tiempo a la poesía y a la cultura, además de a un activismo por diversas causas, que va unido a su carácter optimista y luchador. Hoy también preside el International Modern Media Institute, una organización que promueve una nueva legislación a nivel mundial que proteja plenamente la libertad de discurso y el acceso a la información.


 

¿Cómo recuerda las primeras movilizaciones tras la crisis financiera, en el otoño de 2008?

Movilizaciones en Islandia

Para entonces llevaba ya nueve meses organizando protestas y encuentros semanales, a través de debates, pases de películas, etc. Cuando comenzaron las primeras manifestaciones tras el colapso de los tres grandes bancos, muchos se volvían hacia mí porque era una de las activistas más evidentes. Al principio éramos muy pocas personas. Había más prensa extranjera que islandeses [ríe]. La primera gran protesta fue el 1 de Diciembre –día nacional-, en la que nos juntamos grupos con orígenes muy diferentes. Muchos de nosotros sentimos que era importante discutir y descubrir qué queríamos a cambio de este sistema. Para mí protestar no es suficiente. El sistema está podrido, así que tienes que repensar la estructura de la sociedad en la que vives. En aquel momento la idea de crear una nueva constitución ya estaba presente.

¿Cómo surgió el partido político Borgarahreyfingin (Movimiento Ciudadano)?

En el intento de aglutinar a los diferentes grupos que estaban protestando queríamos descubrir qué tenían en común toda esta gente. Celebramos un encuentro conjunto y observamos que todos compartían una inquietud: sentían queera importante crear un movimiento político para entrar dentro del sistema e intentar cambiar las cosas desde ahí. Empezamos a trabajar en crear una especie de coalición entre todos estos movimientos de base. Poco después nos juntamos con otro grupo que también había hecho una labor de unificación.

Me pidieron que fuese co-presidenta de esta organización. Fue tan repentino que no tuve ni tiempo para pensar si quería estar en una estructura piramidal como esta. Pero lo acepté con algunas condiciones y nos empezamos a preparar para las elecciones. Fuimos formalmente creados ocho semanas antes de los comicios. De alguna manera conseguí cambiar la estructura del partido hacia un movimiento más horizontal. Realmentees el momento de parar de tener una fé ciega en una estructura social donde siempre estamos buscando a alguien fuerte que nos lidere. Tenemos que aprender a funcionar fuertes y juntos. Y a pesar de que eso creó mucha mala sangre [ríe], creo que eso fue algo fundamental para nuestro grupo.

¿Por qué cree que ha fracasado el intento de sacar adelante una nueva constitución escrita por la ciudadanía?

Desafortunadamente esa es una pregunta con fácil respuesta. Es importante apuntar que desde Borgarahreyfingin nunca pretendimos estar por mucho tiempo en el parlamento. Nuestra agenda era bastante simple, pero uno de los puntos principales era que la constitución sería escrita por y para la gente de Islandia. Y estábamos realmente contentos sobre cómo estaba progresando y avanzando la idea. Pero inmediatamente hubo intentos de matarla, por aquellos que siempre han tenido el poder en Islandia, mucho más allá de los últimos 18 años de gobierno de derecha. Este país ha estado controlado por las mismas familias desde mucho antes de su independencia.

Jóhanna Sigurðardóttir, ex-primera ministra islandesa, jefa de gobierno tras las elecciones de 2009

Había gente en el anterior gobierno [una coalición de socialdemócratas y verdes] que tenía verdadero deseo por sacar adelante esto, incluida la primera ministra. Pero no se dieron cuenta –y esto ocurre mucho con la gente que nunca ha tenido el poder-, de que querer hacerlo todo, querer cambiarlo todo es un error. Y aún más en tiempos de crisis financiera: es una misión imposible. Mi consejo para todo aquel que quiera un cambio de verdad es que se centre en lo fundamental. Que cambie la estructura de la sociedad, la constitución por ejemplo. Que sacrifique todos sus sueños de cambiar pequeñas cosas por cambiar lo importante, lo grande. Porque después habrá más opciones de que confíen en ti para seguir adelante con el trabajo que estás haciendo. Mejor fallar un poco, que muchas veces y en muchos asuntos. Porque después tienes de vuelta a los partidos conservadores y esta ilusión de democracia, donde el sistema que supuestamente está para servirnos y cuidar de nosotros se convierte en más y más disfuncional. La constitución es un acuerdo social sobre el tipo de sociedad en la que quieres vivir. Lo que la gente ha olvidado es que, de acuerdo, el sistema es muy complejo y ya no nos sirve, pero ¿qué sistema quiero y cómo lo voy a conseguir?  Este es el gran reto que sistemáticamente tenemos que abordar.

¿Cuáles considera que han sido los principales logros de las movilizaciones que siguieron al colapso?

Conseguimos deshacernos de un gobierno corrupto, del jefe del banco central y del director del FME [autoridad supervisora del sector financiero del país]. Durante este tiempo también conseguimos que se celebrasen varios referéndums nacionales, lo cual es bastante asombroso, si tenemos en cuenta que nunca habíamos tenido uno, excepto cuando votamos por nuestra independencia como país. Tuvimos dos referéndums sobre el caso Icesave y otro sobre la nueva constitución. Esto es un logro increíble del poder de la gente.

Otra cosa extraordinaria, a pesar de que no hayamos conseguido finalmente aprobarla, fue el proceso para sacar adelante una nueva constitución. Fue precioso. Y hay muchas cosas pequeñas, que tendemos a olvidar, que fueron realmente positivas tras el colapso: mucha y muy interesante experimentación política. Tuvimos ese increíble informe sobre las causas que llevaron al colapso. Eso fue una honesta misión para descubrir los hechos y tratar de comprender. Sacó a la luz mucho polvo y fue doloroso para mucha gente. Y llevamos al primer ministro a los tribunales [finalmente fue absuelto…]… Personalmente creo que es muy extraño que los parlamentarios tengan que sentarse ante el juez, pero ese era el único modo que teníamos para hacerles entender que no están por encima de las leyes. Y eso es muy importante.

Hay muchas cosas que siento que hicimos bien. Por supuesto, cuando haces tantas cosas por primera vez, vas a cometer errores. Y no deberíamos dejar que eso nos venga abajo. El rol y la responsabilidad del activista es mover la norma, hacer que aquello que pueda parecer muy radical, se convierta en normal. Y creo que es difícil reconocer un éxito cuando estás en medio de un estado fallido. Pero hubo muchos, y por eso es muy difícil experimentar que el actual gobierno [una coalición de dos partidos conservadores, el Partido Progresista y el Partido de la Independencia] esté intentando deshacer tantos de ellos.

Nadie va a venir a salvarnos, ningún político ni nadie, excepto nosotros mismos

Birgitta Jónsdóttir viaja con frecuencia fuera de Islandia. El fin de semana previo al día que se hizo esta entrevista lo pasó dando conferencias y participando en encuentros en varias ciudades austríacas. De un modo u otro se ha convertido en una referencia entre las nuevas formas de hacer política que están apareciendo al calor de la crisis global que se vive desde hace años. En España, Jónsdóttir ha estado en contacto con algunas personas del entorno del 15-M y pone a nuestro país como ejemplo sobre las alternativas al sistema por las que hay que optar, según ella, para cambiarlo (cita como ejemplo en varias ocasiones al grupo cooperativo Mondragón).

Sin embargo, la diputada islandesa es muy crítica con los activistas que descartan la acción dentro de los parlamentos. “Tienes que tener pragmatismo unido a tu idealismo”, menciona cuando habla de la política fuera del sistema institucional de partidos. Al mismo tiempo, defiende la necesidad de experimentar con nuevas ideas que hagan de la democracia un sistema más cercano y participativo para la ciudadanía. El IMMI, organización que preside, es uno de los impulsores de D-CENT, un proyecto –todavía en pañales-, financiado por la UE que pretende “desarrollar y apoyar avances en la democracia directa” a través, entre otras herramientas, de las nuevas tecnologías.

¿Qué opina de las protestas globales que se están viviendo en diferentes partes del mundo?

Movilizaciones en España

Nunca ha habido tantas protestas en el mundo como ahora. La gente se está despertando y estamos viviendo tiempos de incertidumbre y concienciación. Si tenemos éxito en crear una plataforma legal que no sea extremadamente complicada para que la gente en general participe políticamente, querrán ser parte de ello. Pero si creen que no va a tener un impacto, para qué molestarse. Hay que encontrar sistemas para darles gratificaciones inmediatas, para que sientan que su tiempo está bien empleado. Si queremos cambiar las cosas para todo el país y a través del parlamento, eso lleva más tiempo. Por eso hay que empezar en las comunidades… pero puedes crear los medios legales para que la gente esté conectada al proceso de creación de leyes.

Si has creado las herramientas para que el público general participe, es muy difícil sacarlos de ahí. Por eso es tan importante incluirlo en la constitución. Si los gobiernos no están buscando para su gente una nueva constitución, entonces alguien debería organizarlo. ¿Por qué no hacerlo al margen los políticos? Si se hace, es muy difícil para ellos ignorarlo… Hay posibilidades interminables, sólo limitadas por la capacidad de adaptación y de ser creativos que tengamos.

Pero al mismo tiempo, usted es una firme defensora de que las protestas y movimientos sociales deben estar dentro de los parlamentos… De hecho, trabaja dentro de él desde hace varios años.

La gente no sabe lo que quiere, sólo lo que no quiere. Y no tienen ni siquiera una discusión sobre qué tipo de comunidad queremos ser dentro de unos años. Si seguimos con nuestros sistemas, no importa a quien elijas. No tengo ningún deseo de ser primera ministra, pero lo único que quiero dentro de unos años es poder mirar atrás y decir: público, es vuestro momento, haced vuestro trabajo. Vivimos en una democracia y hace falta tiempo y dedicación. La sociedad o la democracia sólo es un reflejo de nuestro propio psique, de nuestro ser.

Cuando estuve en Grecia, iba a hablar en una de las plazas y me dijeron que no mencionase que era parlamentaria. Yo quería decirles que tienen que ir dentro de los parlamentos y encontrar las cosas más críticas que hay cambiar. Pueden estar ahí por poco tiempo, y por ello no se van a convertir en corruptos o deshonestos. Al menos intentar entrar dentro para ver cómo funciona el sistema. Eso es lo que estoy intentando hacer yo. Muchos dicen “queremos que la gente venga a nuestra plaza, para hacer política de consenso fuera del sistema”, ¡pero luego no saben siquiera qué sistema quieren! Tienes que tener pragmatismo unido a tu idealismo.

Habitualmente digo que me encantan las crisis, porque es una oportunidad para el cambio. Y no tengo miedo a los cambios, porque es una oportunidad de crecer, de convertirte en mejor persona. Lo mismo ocurre con las sociedades. Todas las revoluciones y evoluciones empiezan en nuestros propios corazones. No es un proceso externo, sino interno. Y exige un poco de cojones darnos cuenta de esto. El gobierno somos nosotros. Y el sistema también. Si éste está realmente jodido, nosotros también lo estamos, así que tenemos que arreglarlo.

¿Hay que centrarse entonces en construir un nuevo sistema y una nueva sociedad, en vez de salvaguardar o arreglar lo que tenemos?

No debemos esperar, tenemos que empezar a construirla, porque sabemos que se está cayendo a pedazos. Tenemos que abrazar la diversidad. Todos tenemos de alguna manera intereses comunes: ser felices, sentirnos seguros, etc. Hay que parar de comparar nuestros logros con los del otro, y parar de compararnos entre nosotros. Estamos en una etapa muy interesante, muy alarmante para algunos, pero muy excitante para mí. Porque veo posibilidades infinitas… Y no hay una única solución, un solo plan que pueda ser el modelo único para otros. Tienes que ir y buscar qué es lo que define tu contexto. Por ejemplo, lo que veo en España es único, tenéis ya una lista increíble de alternativas a las que os podéis pasar…

Pero siguen siendo muy minoritarias. ¿Cree que se pueden extender entre la mayoría?

Manifestante en Islandia

Hay que experimentar con la democracia directa dentro de las comunidades. Hay que tratar de inspirar a los políticos. Si la gente en España supiese que el grupo Mondragón ha salido dos veces de una crisis no tan damnificado como otras empresas, quizás eso ya sería inspiración suficiente. Pero el problema quizás es que no hay demasiado debate sobre ello entre el público mayoritario.

Cuando hay estos niveles de crisis, la gente no tiene acceso real a la información. Hay mucho mito alrededor de cómo de accesible es. Hay grandes iniciativas, pero si miras la foto del mundo según lo que nos llega a través de las grandes cadenas de noticias, podemos sentirnos realmente desesperanzados. Si pudiésemos recoger muchas historias como esta y extenderlas entre la mayoría… Tener más gente dedicada a compartir estas alternativas.

Aquí en Islandia teníamos una gran variedad de ejemplos de este tipo (cooperativas, tiendas comunitarias…), pero fueron destruidas tiempo atrás por uno de los partidos conservadores. Pero podemos encontrar más soluciones si más de nosotros nos juntamos. Nadie va a venir a salvarnos, ningún político ni nadie, excepto nosotros mismos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

Foto de portada: Alberto Rei

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Pablo Jiménez Arandia

Galicia y otros lugares. Periodista.


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