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El pasado 8 de octubre murieron 9 personas en el incendo de una fábrica de ropa cerca de la capital de Bangladesh, Dhaka. Algo aparentemente leve comparado con el fatídico “accidente” en el edificio Rana Plaza que tuvo lugar el 25 de abril de este año. El lugar albergaba fábricas textiles al servicio de grandes firmas occidentales como El Corte Inglés, Primark o Mango. La cifra de muertos se eleva a 1.127 y fueron más de 2.000 las personas heridas.

Este desastre ha servido para poner, de nuevo, a estas grandes empresas textiles en el ojo del huracán. Las malas condiciones laborales y de seguridad que sufren los trabajadores de estos talleres en algunos países asiáticos o africanos son el pan de cada día.

Tragedia evitable

Derrumbe del edificio Dhaka Savar en Bangladesh / Cuenta Flickr: rijans

Ineke Zeldenrust de la Campaña Ropa Limpia, dice:

“Las marcas ya no pueden justificar la demora en la firma del Acuerdo sobre seguridad contra incendios y de los edificios en Bangladesh. Desde el incendio de Tazreen en 2012, donde 112 personas perdieron la vida, las marcas han llegado con propuestas insuficientes, tales como vídeos o clases de seguridad. ¿Cuánta seguridad tiene un vídeo si luego hay grietas en los suelos o no existen salidas de emergencia? Los trabajadores necesitan una solución estructural, no una solución rápida. Esta falta de una acción inmediata y contundente para afrontar este tipo de problemas equivale a una negligencia criminal”.

Plataformas como la de la organización Avaaz recogen firmas para esta petición. Las marcas deben dar un paso al frente, asegurarse de que se tomen medidas inmediatas así como pagar las indemnizaciones a las víctimas y sus familias. También deben comprometerse a prevenir futuros desastres.

Sin embargo, las empresas extranjeras de manufactura de ropa en Bangladesh no han logrado crear un fondo de compensación para las cientos de víctimas. Sólo un tercio de los minoristas que usaban las fábricas asistieron a la reunión de dos días sobre el tema en Ginebra. Entre las empresas que no asistieron están Wal-Mart, Benetton, Mango y Zara.

La Responsabilidad Social Corporativa ¿un oxímoron?

El concepto Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es cambiante y no existe unanimidad en su definición. Según Economistas sin Fronteras, la RSC es la forma de conducir los negocios de las empresas que tiene en cuenta los impactos que todos los aspectos de sus actividades generan sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general. Ello implica el cumplimiento obligatorio de la legislación nacional y la normativa internacional (como la de la OIT o la del Parlamento Europeo) en el ámbito fiscal, social, laboral, medioambiental y de los derechos humanos, así como cualquier otra acción voluntaria que la empresa quiera emprender para mejorar la calidad de vida de sus empleados, las comunidades en las que opera y de la sociedad en su conjunto.

La ética y la responsabilidad social empresarial ni son lo mismo, ni van siempre de la mano. Existen empresas españolas del IBEX 35 con una amplia actividad en responsabilidad social y, sin embargo, son empresas que generan, por su importancia a nivel internacional, impactos sociales y medioambientales negativos. Están suscritas a tratados internacionales, organizan campañas y cátedras a favor de la RSC, cotizan en índices de RSC y, a la vez, entidades como el BBVA invierte en armamento, ¿curioso no? No se puede negar el avance acometido por grandes empresas en cuanto a RSC. Sin embargo, queda mucho por hacer. Existe una creencia generalizada de que las acciones de RSC llevadas a cabo por las empresas son meras intenciones de una limpieza de imagen y no el resultado de una visión ética de la empresa.  ¿Estamos ante una nueva utopía?

Cuenta Flickr: troita_

El caso de INDITEX

El gigante de la moda mundial presume de ser precursor en la integración de un modelo de sostenibilidad comprometido con la RSC. Ha creado un código interno de conducta que guía todas sus actividades de fabricación, distribución y venta en todo el mundo y se ha comprometido en diferentes acuerdos internacionales así como estándares voluntarios.  Además, se ha comprometido este año a firmar el Acuerdo sobre seguridad contra incendios y de los edificios a raíz de lo ocurrido en Bangladesh.

No obstante, a pesar de su intento de crear una imagen de negocio socialmente responsable, la evidencia nos puede llevar a argumentar que han cometido graves imprudencias al verse envuelta en diversos escándalos relacionados con el incumplimiento de los estándares de trabajo en las plantas proveedoras localizadas por todo el mundo.

Según el informe del Observatorio de Responsabilidad Social del IBEX 35, INDITEX:

  • Posee empresas participadas en países considerados como paraísos fiscales y parece ser que no existe una política de retirada de estos territorios.

  • La información sobre los salarios de empleados propios es muy deficiente, sin desagregación por categorías, por tipo de contratos, por sexo o por países; continúa sin aportar datos sobre los métodos de cálculo de los sueldos variables, el número de personas que lo reciben o su peso en relación a los ingresos totales de los trabajadores.

  • Externalización de la producción a proveedores en países donde los DD.HH. no están garantizados.

  • Declara su compromiso a incluir la variable medioambiental en la “planificación y desarrollo de las actividades del Grupo así como las de sus socios de negocio y a promover la sensibilización medioambiental de su personal, proveedores y de la sociedad en general” y sin embargo no asume expresamente los principios de precaución y prevención, ni la responsabilidad por los efectos sobre el medio ambiente y la salud humana de todas sus actividades.

  • No fomenta el consumo responsable entre los clientes, ni apuesta por la innovación en la confección de sus prendas con materias primas más sostenibles o que provengan de relaciones comerciales más justas

  • El consejo de administración de INDITEX está compuesto por 9 integrantes, de los que sólo 2 son mujeres.

  • No aporta evidencias de que el documento haya sido fruto de un proceso de análisis y diálogo con los distintos stakeholders.

  • Falta de transparencia en aspectos como el número total de proveedores, impactos sobre derechos de las personas o el origen y la sostenibilidad (social y medioambiental) de las materias primas utilizadas en la confección de sus prendas y accesorios.

  • Muy escasa información proporcionada por las Memorias Anuales.

Inditex en el mundo

Tras las numerosas acusaciones por situaciones de explotación laboral en sus fábricas proveedoras, la empresa ha desarrollado una estrategia de RSC que se utiliza como ejemplo en las escuelas de negocios que impulsan este concepto. Incluso, en el marco de la responsabilidad social, ha firmado un acuerdo marco internacional con la Federación Internacional de Trabajadores de la Industria del Textil, la Confección y el Cuero.

A pesar de ello, en los últimos cinco años los casos de explotación laboral, persecución sindical y vulneración de la libertad de asociación se han venido sucediendo en Bangladesh y Camboya. Estos países ‘gozan’ de la gran ventaja competitiva de pagar los salarios más bajos del mundo. En el caso de Bangladesh, el salario medio de una obrera de la confección se sitúa alrededor de los 34 euros mensuales, mientras en Camboya ronda los 60 euros. Aunque estas cifras se ajustan a la legalidad, a duras penas alcanzan para cubrir los costes de una vida digna. En ambos países las movilizaciones de las plantillas para lograr un aumento del salario mínimo legal han chocado con la dura represión por parte del Estado y de la patronal. En este sentido, la campaña “No más excusas-No more excuses” exige a Inditex que cumpla con su propio código de conducta y dé respuesta a las demandas de las trabajadoras de las fábricas de ropa de Camboya y les paguen salarios dignos.

Por desgracia, lo ocurrido en Bangladesh el pasado abril no es un hecho aislado, sino que catástrofes similares han ido ocurriendo, como es el caso de los diferentes incendios en fábricas en 2012 y 2013.

Norte de África:

En diciembre de 2011, la campaña Ropa Limpia publicaba un informe sobre las condiciones de vida de las obreras de la confección de Tánger en el que se documentaban las situaciones de explotación laboral que viven las trabajadoras que cosen ropa para el mercado internacional. La sindicalista marroquí Naima Naim ha acudido a la Junta de Accionistas de Inditex para describir las condiciones de trabajo de las obreras de la industria textil y denunciar constantes vulneraciones de los derechos fundamentales de las trabajadoras.

América Latina:

En agosto de 2011, la ONG Reporter Brasil desveló que la Regional de Trabajo y Empleo de Sao Paulo descubrió talleres clandestinos donde inmigrantes latinoamericanos confeccionaban ropa de Zara en condiciones de esclavitud. Además, el Ministerio de Trabajo de Brasil asegura que al menos en otros 33 talleres subcontratados por la empresa Inditex, se habrían detectado las mismas irregularidades. El caso se saldó con un acuerdo entre Inditex y Brasil por el cual la empresa  destinaría 1,4 millones de euros a finalidades sociales.

En Argentina, la cooperativa La Alameda ha denunciado casos muy similares, documentando situaciones de esclavitud entre inmigrantes bolivianas que cosían ropa para Zara.

Consumidor, ¡eres parte del cambio!

Acción #boikotInditex 12-01-2013 A Coruña /Cuenta Flickr: rizlinha

Desde luego la globalización y la división internacional del trabajo contribuyen a la dificultad de esta más que necesaria “rendición de cuentas” por parte de numerosas multinacionales. Como consumidores, tenemos también un papel importante en términos de sostenibilidad. Somos responsables de lo que consumimos, de dónde invertimos o depositamos nuestro dinero y podemos “castigar” de diferentes maneras a aquellas empresas que no respeten ciertos derechos universales.

¿Por qué Inditex no evita o soluciona estos escándalos? Quizá sea una cuestión de dimensión, como comentábamos, la cadena de producción es enorme. Pero quizá es porque les supone un esfuerzo, no necesariamente económico y no tiene incentivos para hacerlo: a pesar de los escándalos el grupo sigue siendo líder en el sector y su valor en Bolsa no se ve dañado.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro



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