“Nuestro camino es democrático, pacífico, sin armas”. Entrevista a un miembro de los Hermanos Musulmanes

El pasado 13 de agosto me dirigí a Raba al Adawea con un miembro de los Hermanos Musulmanes y una amiga. Nos llevaba al hospital instalado en la acampada para entrevistar Tarek Al Ganduour, quien junto a su hermano gemelo, accedió a hablar con nosotras para expresar la postura de la Hermandad en torno a la situación política del país y, en particular del futuro de Raba a un mes y medio del golpe de estado que derrocó a Mohamed Mursi, primer presidente elegido democráticamente en el país, y primer presidente miembro de los Hermanos Musulmanes.

En Raba el ambiente que se respiraba era de tranquilidad. A la entrada al campamento nos recibía un control de seguridad; en la línea de las mujeres, dos chicas revisaron mi bolso y entre risas me dejaron pasar. Eran las tres de la tarde y en las tiendas de campaña instaladas observé gran cantidad de personas atentas a la televisión para seguir de cerca las declaraciones del gobierno y el debate público generado en el país. Otros rezaban, otros dormían, otros simplemente paseaban por las calles y las tiendas. Una vez en el hospital fuimos recibidos por Tarek Al Gandour, quien autorizó nuestra entrada al recinto. Raba era un gran laberinto donde abundaban las pancartas de Mursi y de los mártires de la revolución, así como las manifestaciones de rechazo al golpe de estado y a sus protagonistas.

Mártires de Raba / María Mercedes García

Mártires de Raba / María Mercedes García

Según cifras aproximadas, acampaban en la extensión de Raba al menos unas 100.000 personas de día; de noche la cifra solía aumentar. Desde hacía tiempo Raba se había convertido en un parque de atracciones para los niños, así como en un espacio de discusión y debate, donde se podía encontrar música, vendedores ambulantes y una gran tarima desde donde diversas figuras relevantes de la Hermandad y figuras opuestas al golpe de estado lanzaban discursos de fortaleza y lucha hasta el final. Nos sentamos alrededor de las camillas en el hospital improvisado. Rápidamente comenzamos a hablar sobre la situación de Raba y la determinación de no moverse de ahí.

“Están protestando de manera pacífica contra un golpe de estado militar y  han puesto bajo detención ilegal a Mursi, queriendo robar al pueblo egipcio la revolución”, comentaba Tarek.  Ante el planteamiento de una posible guerra civil, afirmó sin pensar que ello era imposible pues, en primer lugar, ellos no tienen armas y, en segundo lugar, no hay dos bandos civiles dispuestos a enfrentarse.

Sin siquiera tener tiempo de preguntar por Tamarrud, se anticipó a comentar que dicho grupo había surgido para apropiarse de la plaza Tahrir y protestar de manera recurrente durante el último año, paralizando el tráfico, la vías del metro y alterando el orden público. Según Tarek no hay duda que es un movimiento que ejerce de brazo civil del ejército. “Ahora Tahrir la controla el ejército y nosotros nos hemos ubicado en Raba, por eso estamos aquí”.

Pero, insistiendo, “nuestro camino es democrático, pacífico, sin armas. Sólo reclamamos lo que es nuestro derecho; el respeto al orden constitucional quebrado el 3 de julio con la salida forzada del presidente Mursi, la disolución de la constitución y la formación de un gobierno a dedo por parte de la Junta Militar”.

Mi amiga no pudo evitar preguntar por los errores cometidos durante el mandato presidencial, a lo que Tarek respondió de manera enfática que “en la política todos cometen errores; los ha habido, pero la crisis económica ha sido heredada y, por otro lado, han sido constantes los enfrentamientos y la falta de unidad política. Los partidos de la oposición han jugado un papel obstruccionista y la vieja élite militar también”. Desde el punto de vista del partido Justicia y Libertad se ha buscado un gobierno de unidad pero la negociación ha sido infructuosa y finalmente fallida.

Para Tarek, el régimen antiguo está de vuelta. El golpe de estado representa un golpe al islam político. Es un regreso a los tiempo de Mubarak pero sin él, y es una interrupción abrupta del proceso de transición a la democracia iniciado en 2011. Según Tarek, el partido de gobierno tenía entre sus objetivos conseguir una separación de poderes entre el ejecutivo, legislativo y judicial, comenzando por la desactivación de las prerrogativas del ejército, pero los tropiezos fueron muchos. [Recordemos que en junio del 2012 la Corte Suprema Constitucional disolvió el parlamento permitiendo a la SCAF estar por encima de los poderes públicos.]

“La postura de la Hermandad es conseguir la restitución del orden constitucional y, bajo ningún concepto, negociar con los golpistas”. Pregunté, en este sentido, qué iba a pasar con Raba, ¿existe la posibilidad de que sean atacados? Tarek respondió con firmeza: “no nos moveremos”. Para entonces las informaciones oficiales eran contradictoria: por un lado se había advertido que el campamento sería desmantelado en breve, mientras que otros miembros del gobierno clamaban por un rechazo total de la violencia contra los manifestantes.

Finalmente, concluyó: “si atacan, seguramente el primer lugar será este hospital. No me cabe duda”. Una vez culminada la entrevista salimos caminando entre las calles de Raba. Un camión cargado de alimentos se movía lentamente dentro del tráfico del lugar para abastecer a los manifestantes que ha hacían cola frente a una gran tienda de campaña. Recuerdo los rostros de las personas con una calma tensa, pero listos para la batalla. A la salida, en las barricadas, se podían encontrar cantidad de jóvenes con cascos y bates, preparados ante eventuales agresiones o un desalojo forzado.

Crónica de una muerte anunciada

Un día después, Raba quedó vacía y cargada de un silencio sepulcral que delataba la tragedia que ahí ocurrió. No se puede negar que era la crónica de una muerte anunciada. De antemano, la estrategia de los partidos de la oposición apuntaba a dejar al gobierno solo. El Frente de Liberación Nacional se agrupó para aislar al gobierno de Mursi y forzarlo a enfrentarse en solitario a un ejército obstruccionista y empeñado en seguir dirigiendo al país bajo la sombra. Los militares no iban a dejar el poder así de fácil y mucho menos a su enemigo histórico, ahora supuestamente en el poder.

Desde el primer momento, el Tribunal Constitucional Supremo (TCS) jugó un papel obstruccionista, disolviendo por sorpresa la cámara baja en junio del 2012 por motivos técnicos; así mismo intentó disolver la Asamblea Constituyente Constitucional (ACC). Mursi respondió emitiendo un decreto el 22 de noviembre de 2012, -que fue anulado a las tres semanas- que ayudó a incrementar el miedo hacia las intenciones reales de la Hermandad y su brazo político, el partido Justicia y Libertad, de acaparar más poder y perpetuarse en una especie de autocracia islámica.

Seguidores de Mohamed Mursi protestan en el Cairo / KHALED ELFIQUI / EPA

Seguidores de Mohamed Mursi protestan en el Cairo / KHALED ELFIQUI / EPA

A esto se sumó la nueva constitución, aprobada en diciembre de 2012 por una asamblea constituyente dominada por la Hermandad, que generó una gran división en el país. No era una constitución elaborada por los distintos actores políticos influyentes pertenecientes a las  élites tradicionales y cerradas, sino por la nueva élite política que no terminaba de encajar en un círculo de poder que siempre la había negado y rechazado.

El problema con las revoluciones es que suelen ser secuestradas por un grupo político específico, y el problema con el islam político es que no termina de ser aceptado ni por las élites económicas y políticas domésticas ni por el entramado de las grandes potencias económicas.  Los días posteriores a la caída de Raba nos han dejado imágenes del crudo enfrentamiento entre los ahora declarados “terroristas” y las fuerzas represivas del estado, pero es una guerra que apenas comienza y que busca desterrar nuevamente a los Hermanos Musulmanes del espacio público. Es una guerra silente que transcurre bajo la aparente normalidad en una población civil que solo busca resolver su propia subsistencia.

Después de todo, una parte significativa de la sociedad civil egipcia prefiere el gobierno militar, al que después de tanto tiempo ya se han acostumbrado. Cuidado con las barbas largas que te pueden llevar preso; cuidado con llegar el niqab que te lo pueden quitar a la fuerza, o como mínimo insultarte, como le ha pasado a algunas amigas mías. Cuidado con parecer demasiado “musulmán” pues, una vez más, la Hermandad es perseguida, encarcelada y juzgada bajo la ley marcial. Los militares mandan una vez más.

Esta es una opinión sin ánimo de lucro



¿Quieres recibir más explicaciones como esta?

Suscríbete a nuestra newsletter


Queremos explicar la realidad internacional de un modo comprensible para construir una sociedad más consciente

Leave a Reply