06/06/2020 BARCELONA

La crisis en Gaza y el nuevo tablero regional

¿Cuál es el futuro de las negociaciones en cuanto a la crisis de Gaza? La mediación de Egipto y la situación de Oriente Medio dotan, de un carácter distinto, a esta nueva escalada de violencia entre Israel y la franja de Gaza. ¿Es hora de que los dirigentes árabes hablen en favor de Gaza?

El pasado día 14 de Noviembre el asesinato del jefe militar de Hamás, Ahmed Jabari, supuso un aumento en la escalada de violencia entre Israel y la Franja de Gaza. El recuerdo de los bombardeos sobre Gaza es reciente, el último conflicto se remonta a los años 2008-2009. La situación de la población local parece ser un calco al de la pasada crisis, tal y como lo ha sido la tímida respuesta occidental. Sin embargo, la situación regional es distinta.

Durante la ofensiva en Gaza de 2008-2009, el contexto regional era otro. Aunque Israel se encontraba en pre-campaña electoral, tal y como se encuentra actualmente, entonces negociaba en secreto un proceso de paz con Siria bajo la mediación de Turquía, que fracasó como consecuencia de la ofensiva en Gaza. De igual forma, Israel mantenía unas relaciones cordiales con Egipto o Turquía.

La consecuencia más directa del conflicto del período 2008-2009 fue la grave crisis humanitaria, además de la destrucción de gran parte de la infraestructura de la Franja de Gaza. Se saldó con el mayor número de bajas en 60 años de conflicto, con más de un millar víctimas mortales y cerca de 5.500 heridos según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. En cuanto a las consecuencias diplomáticas regionales, Israel pudo ver como se resquebrajaba su proceso de paz con Siria y su relación con Turquía, a la vez que Qatar rompía relaciones con el país hebreo.

En comparación con la crisis de 2008-2009, la reacción de los gobiernos regionales ha cambiado sensiblemente esta vez. Algunos países de la zona han pasado de la simple condena a la participación activa en el conflicto. En especial, en países clave como Turquía, Qatar y Egipto.

La actual crisis de la Franja de Gaza lo protagoniza el nuevo panorama en la región tras las revueltas de la primavera árabe. Las piezas del juego han cambiado, muchos de los líderes ya no juegan en esta partida y el tablero es totalmente distinto. Una nueva ficha ha aparecido en el juego y está intentando demostrar que son indispensables para la partida: el nuevo presidente egipcio, Mohamed Morsi.

Revolución social e inspiración

La primavera árabe ha sido la protagonista de la reciente transformación social producida en Oriente Medio y el Norte de África. La revolución social constituye un poder influyente en la forma en la que se desarrolla el conflicto y el bloqueo en el que se encuentra la Franja de Gaza.

El mayor testimonio del efecto de la primavera árabe en la zona es Egipto, que se posiciona como el eje de las negociaciones con Israel tras la reciente tregua en Gaza. La caída del líder egipcio Hosni Mubarak y la llegada al poder de Mohamed Morsi constituye un factor diferencial para el entendimiento en las negociaciones entre Israel y Palestina. Parece evidente que Hamás es un referente para el presidente egipcio, puesto que el partido islamista ha obtenido un refuerzo político en los últimos años. Una prueba de ello, es el respaldo histórico del presidente egipcio a Hamás en la Franja de Gaza, con la visita de su primer ministro Hisham Qandil.

Ante este panorama, resulta que el gobierno de Benyamin Netanyahu se encuentra en una posición estratégica más débil que en la crisis de 2008-2009. Dicha debilidad se basa en que no contará con Egipto como aliado y perderá su capacidad de bloqueo sobre la frontera de Rafah. No obstante, la delicada situación en la que se encuentra el gobierno de Mohamed Morsi tras la promulgación de diversos decretos, que blindan al presidente egipcio frente a la ley, puede desestabilizar el país y afectar seriamente su política exterior. El premio nobel de la paz, Mohamed El Baradei, ha asegurado en una entrevista a la revista Der Spiegel: Es una catástrofe, una burla a la revolución a la que debe su cargo, y algo que hace temer lo peor”.

¿Es viable una respuesta árabe?

El mapa geopolítico de Oriente Medio muestra una extensa variedad de realidades políticas y sociales que convergen en la necesidad inevitable de reformas. La guerra civil en Siria, la inestabilidad política en Líbano o las protestas en Jordania o Egipto son algunos ejemplos.

A pesar de las crisis, las revueltas sociales y la inestabilidad manifiesta, muchos países árabes están viviendo una importante etapa histórica. El efecto de las revoluciones sociales se ha propagado con éxito y la capacidad de una respuesta árabe es mayor.

De esta manera, la renovación política y el islamismo político han cobrado fuerza y creado nuevos discursos y perspectivas sociales que han nacido de la voluntad popular.

Tras las revoluciones árabes, el islamismo político se ha erigido como voz del pueblo no porque estas revoluciones tuvieran nada de islamistas. Al contrario, las revoluciones surgieron de forma espontánea por un pueblo que pedía dignidad y libertad. Sin embargo, ante el vacío que han dejado los regímenes autoritarios, los únicos que estaban organizados y tenían una base social y popular han sido las organizaciones islamistas. Ante el abandono de la población árabe por parte de los regímenes autoritarios, los islamistas suplieron la ausencia del estado y proveyeron a la población de las necesidades básicas sociales con escuelas, hospitales y también, mezquitas. De ahí la relación entre organizaciones islamistas como Hamás y los Hermanos Musulmanes, que cuentan con un apoyo popular que con el que ningún otro partido cuenta en ninguno de sus países.

El reconocimiento que ha recibido Hamás en esta pasada crisis ha sido, como mínimo, sorprendente. La organización ha pasado de estar aislada de cualquier reconocimiento internacional a obtenerlo en base a la resistencia de las operaciones militares de Israel. Un factor decisivo del poder que ejerce Hamás es que aglutina a los habitantes de Gaza.

Los apoyos que recibe la organización islámica son diversos. Desde muestras de solidaridad de una parte importante de la población árabe, hasta el envío de armas y dinero desde Irán para suministrar a las brigadas de la rama militar de Hamás, conocidas como Ezzeldin Al-Qassam Asimismo, cabe destacar el apoyo logístico de Qatar y Turquía.

Qatar, el nuevo gran aliado de Gaza, ha respondido con la intención de dotar a la Franja de una inversión de más de 300 millones de euros para la reconstrucción de obras civiles e infraestructuras. Las recientes visitas del emir qatarí Hamad bin Jasem al Zani junto con su esposa, han dejado un halo de esperanza entre la población de Gaza.

Respecto a Turquía, las relaciones con Israel y los miembros de la OTAN se han enfriado tras la pasada crisis en Gaza. En el último año, Turquía ha iniciado un acercamiento a Irán, Siria y Egipto, país con el que busca suscribir acuerdos bilaterales. Por su parte, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, está fomentando proyectos humanitarios en la Franja de Gaza.

Según el profesor de la Universidad Al-Aqsa de Gaza, Haidar Eid:

“Que el poder de disuasión, a la luz del enorme desequilibrio de poder entre Israel y los palestinos, recaiga sobre el ciudadano común en las calles de Túnez, El Cairo, Rabat, Doha, Ammán y Muscat. Las manifestaciones, que han entrado en erupción en Londres, Nueva York, Glasgow y otras ciudades, se deben traducir en una concreta nueva realidad, dirigida por los palestinos y los árabes. Egipcios, en particular, deben ser socios, no mediadores”.

Por otro lado, Benyamin Netanyahu, líder del Likud, se prepara para las próximas elecciones el día 22 de enero de 2013. La campaña electoral está marcando la política exterior del gobierno israelí. La reciente tregua pactada con Hamás le ha costado numerosas críticas, principalmente de su propio partido. Tal y como pasara en 2009, el resultado de la crisis de Gaza va a ser un factor decisivo para decantar la intención de voto.

Según Daniel Levy, Director of the Middle East and North Africa Programme at ECFR, la ausencia histórica de Egipto como actor diplomático en el conflicto, habría creado un vacío regional que se ha recompuesto con el liderazgo de Morsi y la firma de la tregua es una prueba de ello.

Aunque inesperada, la tregua entre Israel y la Franja de Gaza puede afianzar a Egipto como principal potencia diplomática en el conflicto. El próximo objetivo de Mohamad Morsi, parece ser conseguir la unidad del Estado palestino además de solucionar la oleada de protestas civiles en Egipto. Por su lado, Qatar y Turquía se están afianzando como actores regionales claves en el nuevo tablero de Oriente Medio.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Ivan Suárez

León, España (1986). Actualmente viviendo en Bruselas. Licenciado en Historia y en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Barcelona, con una estancia de estudios en la Universidad de Roskilde. Especialista universitario en políticas europeas. Tras haber realizado unas prácticas en el Institut Europeu de la Mediterrània (IEMed), he trabajado como asistente de prensa en la Fundación CIDOB y actualmente soy pasante en la sede de International Crisis Group. Amante de los viajes y el cine documental, mis inquietudes se centran en los asuntos internacionales, la diplomacia digital y la comunicación estratégica.


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