Entre las ONGs y los deportistas famosos se ha establecido plenamente una relación simbiótica.

En Pittsburgh, Pennsylvania, hay un puente colgante que lleva el nombre de Roberto Clemente, destacado jugador de beisbol hasta su muerte en 1972. Su historia es de película: un puertorriqueño pobre y sin saber el idioma, que llega a las grandes ligas, acaba siendo dos veces campeón, quince veces All-Star, y además un hombre profundamente caritativo. Tras un terremoto en Nicaragua, gestionó vuelos cargados con ayuda humanitaria a Managua. Cuando se enteró de que los tres primeros aviones habían sido retenidos por oficiales corruptos, se embarcó en el cuarto, que fatídicamente se estrelló en el Caribe. Desde el mismo momento de su fallecimiento hasta hoy, Clemente no ha dejado de recibir reconocimientos y homenajes por parte de aficionados, jugadores e instituciones americanas. Es simplemente el ejemplo más grande del deportista de éxito solidario.

Ser (caritativo) o no ser

Los deportistas famosos, a menudo por principios morales, siguiendo el ejemplo de otros y conscientes de la repercusión que tienen, se han animado a ayudar a los demás mediante obras caritativas de cualquier forma imaginaria posible, aun a riesgo de caer en el ridículo.

La estrella de baloncesto LeBron James finalizó contrato con Cleveland en 2010. Tuvo la ocurrencia de anunciar por el canal ESPN a qué equipo había decidido ofrecer sus “talentos”, como él mismo señaló. En un evento conocido como “The Decision”, la imagen pública de James quedó seriamente dañada como la de una estrella pagada de sí misma. James declaró que él sólo pretendía, aprovechando la expectación generada, recaudar dinero (fueron 2’5 millones de dólares) para una organización infantil.

Hoy día los medios de comunicación, deportivos o generalistas, así como las redes sociales, instantáneamente transmiten el sentir de muchos aficionados sobre cuál es la impresión que generan estos deportistas de élite con sus victorias, gestos o declaraciones. Y los agentes deportivos, por la cuenta que les trae, lo saben. A menudo se destaca que estas celebridades, que ganan mucho dinero en sus respectivos equipos, todavía ganan más con suculentos contratos publicitarios. Lo que no se destaca, es que en realidad la relación éxito deportivo-éxito publicitario, es en muchos casos una espiral. El Real Madrid CF, desde la célebre época de “los galácticos”, tiene derecho a la cesión de un 50% de los derechos de imagen de todos los futbolistas de su plantilla. De igual modo, el Real Madrid supone un incremento asegurado en la publicidad y proyección de dichos futbolistas.

No está demostrado que Rafa Nadal o Iker Casillas, por poner dos ejemplos de algunas celebridades deportivas, hayan formado respectivas fundaciones para evadir impuestos o por ventajas fiscales, y por tanto debe ignorarse toda la rumorología al respecto. Lo que es difícil de ignorar es el autobombo y marketing que la imagen solidaria conlleva. En la página oficial de Iker Casillas hay un apartado específico señalado como “Iker Solidario”, que ensalza su carácter humilde, generoso y humanitario. Por el contrario, hay ejemplos de deportistas y entrenadores que a título privado se implican en causas humanitarias de forma discreta y reservada, sin explotar su imagen.

Ante el varapalo mediático de los salarios que podían conseguir los jugadores españoles si ganaban el Mundial, éstos decidieron unánimemente donar una fracción de sus primas. Se repartieron entre ONGs como 1 Gol por la Educación, Plan, Acción contra el Hambre, Champions por Africa, Fundación Española de Enfermedades Raras, Crecer Jugando, Save the Children, Play4Africa, Fundación Talita y algunas más. Surge el debate de si deberían plantearse estas organizaciones fusionarse para aunar esfuerzos y alcanzar sinergias, en lugar de dedicarse a la caza del “deportista solidario”. 

El dinero en el deporte

Cuando el Real Madrid pagó 100 millones de euros por la cláusula de rescisión de contrato de Cristiano Ronaldo, numerosos medios y personalidades incluso de la política entraron a opinar que tal récord era algo “indecente”. No importaba que el equipo fuera una sociedad anónima, ni que fuese fácilmente capaz de amortizar en poco tiempo deudas contraídas con los bancos (el club obtuvo sólo la última temporada 514 millones en ingresos).

Alex Rodríguez juega en los New York Yankees, y tiene un contrato de 300 millones de dólares por 10 temporadas, cobrando aproximadamente 24 millones de euros al año. La famosa periodista de 60 Minutes Katie Couric, le preguntó a la cara y con evidente sorna, si realmente él creía valer ese dinero. Rodríguez fue educado y se limitó a decir que “no es mi trabajo ponerle precio a los jugadores”. Pudo haberle dicho que en realidad es el precio que el mercado estaba dispuesto a pagar por, como diría LeBron James, sus “talentos”. Pudo haberle dicho que una gran parte de los aficionados al béisbol (incluyendo los que le odian) quieren verle jugar a toda costa. Y también pudo haberle dicho a Couric, si ella también merecía cobrar 15 millones de dólares al año por un programa televisivo que iba mermando en audiencia.

Los sueldos y el dinero que mueve el deporte, así como cualquier otro espectáculo, responde de forma natural a la demanda. De ese modo se determinan cifras mareantes que movemos todas las personas interesadas en seguir con devoción y ansia tales eventos. No poner el partido del Madrid o el Barça en la tele de un bar cualquiera, lo deja fácilmente vacío en España. Ponerle coto o restringir tal movimiento de dinero supone sancionar una actividad económica libre, y que además no daña a nadie. Sin embargo, para no perjudicar su imagen y ante la oportunidad de adquirir lucrativos contratos publicitarios, los atletas de élite, aun si son ostentosos, pueden hacer manifiestas expresiones de solidaridad.

Las ventajas de parecer solidario…

Tras el terrible terremoto de Haití, el campeón mundial Jorge Lorenzo, le pidió a aficionados y a cualquiera que recibiera su mensaje, que fueran solidarios y colaboraran con Oxfam en las ayudas al país caribeño. Cuando un periodista del semanario Interviú preguntó al motorista, si éste vivía en Andorra para no pagar impuestos, éste declaraba sin tapujos “Sí. Y tengo que estar en Andorra. Pero no lo hago por obligación. (…) Hay muchas tiendas, una de mis aficiones (el esquí), y me lo paso bastante bien. (…) Voy porque tengo que ir”. Además de no tener un representante en ese momento que le cerrara la boca, Lorenzo dejaba caer una afirmación implícita: que aunque no tuviese el menor interés en ser solidario pagando impuestos, en realidad seguía viviendo en su ciudad de toda la vida, Barcelona, “teniendo que ir” de vez en cuando a Andorra. Jorge Lorenzo tiene actualmente 9 patrocinadores, y entre ellos, el Gobierno Balear de donde es originario.

Como muchos otros pilotos de Fórmula 1, Fernando Alonso, también orgulloso español, vivía en Suiza para no pagar impuestos en su país natal. El piloto se excusaba diciendo que allí podía hacer con tranquilidad cosas cotidianas como “comprar el pan”. Así que para algunos de sus más fervientes admiradores, es un gesto que honra al asturiano que ahora haya vuelto a afincarse en Oviedo. “Estoy feliz de volver a vivir en mi país y pagaré ese dinero a gusto porque no soy pobre. Solo seré un poco menos rico que ahora”. En realidad, aunque Alonso crea que vaya a ser menos rico, es difícil que éste y su entorno no sean conscientes de que el grueso de sus aficionados, y objetivo de sus patrocinadores, son asturianos y españoles. Fernando Alonso es embajador de buena voluntad de UNICEF.

Otro embajador de UNICEF y colaborador del hospital St. Jude’s para niños con enfermedades terminales en Memphis, es Pau Gasol. El baloncestista español tiene uno de los sueldos más altos de la NBA, y la temporada pasada los Lakers trataron desesperadamente de usarlo como moneda de cambio por otra estrella más joven y cotizada. Su equipo no atendió a su excelente hoja de servicios (los títulos ganados son cosa del pasado), ni que fuese reconocido por los medios como uno de los jugadores más educados y respetuosos. Tampoco le sirvió de nada ser el jugador de los Lakers que más veces había ido al Childrens Hospital de Los Ángeles. Pero sí ha servido para su imagen personal. Independientemente de que la longeva labor humanitaria de Pau Gasol sea vocacional, su intachable imagen la tienen en cuenta como reclamo publicitario Banco Popular, Time Force, PlayStation, EA Sports, Nike, SsangYong, San Miguel, Masa o la Diputación Provincial de Alicante.

…y las desventajas

Aunque los méritos deportivos garantizan contratos publicitarios, una mala imagen personal (doping, arrestos o unas declaraciones desafortunadas o “insolidarias”) pueden echarlos por tierra fácilmente.

Muchos deportistas de élite, como los anteriormente mencionados Fernando Alonso o Jorge Lorenzo, no representan a sus países oficialmente en competiciones deportivas, sino a sí mismos. No tienen por qué dar explicaciones de donde quieren fijar su residencia, o si no desean colaborar socialmente con causas benéficas. El problema viene cuando dichas decisiones avariciosas pueden ser contraproducentes para el bolsillo de los atletas. Ser un deportista “bad boy” puede ser lucrativo, pero dar la imagen de solidario, mucho más. Aun con honrosas excepciones, la relación de los mismos con las ONGs, en muchos casos acaba por resultar en relaciones simbióticas de carácter frívolo, y a riesgo de dejar a muchos potenciales donantes desencantados con las organizaciones.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro



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2 comments

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