22/07/2019 BARCELONA

Bahréin, el desarrollo en revolución

Nadie diría que Bahréin es un país pobre. Sin embargo, la revolución en curso tiene tanto que ver con la pobreza como con la limitación de las libertades. Conoce algunos aspectos sobre el desarrollo en Bahréin con nosotros, verás que la clave está en los contrastes.


El Reino de Bahréin, un enclave estratégico,  atraviesa una situación política complicada, determinada por la revolución que comenzó en febrero de 2011. Al principio las manifestaciones se limitaban a solicitar un refuerzo de los derechos humanos, especialmente los políticos, pero tras la violenta represión del 17 de febrero de 2011, algunos manifestantes llegan a reclamar la desaparición de la monarquía. Los incidentes, tal y como reflejábamos en este artículo, continúan hasta hoy.

Índices de desarrollo: algunas pistas

Desde 1932 la economía de Bahréin está basada fundamentalmente en el petróleo, aunque en ciertas islas existen pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas. Otras actividades son la refinería, la explotación de las reservas de gas natural y perlas, la fundición de aluminio y las fábricas de cemento; al lado de un creciente sector de servicios turísticos, bancarios y financieros, que reducen su dependencia del petróleo.


El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Bahréin suma 0.806, lo que coloca al país en la posición 42 de los 187 países para los que se disponen datos comparables. En términos de Producto Interior Bruto (PIB), es un país relativamente pobre, situado en la parte inferior de la media mundial. La deuda externa del Estado es significativa, alcanzando 75% del PIB. El cálculo de la renta per cápita, o sea la riqueza dividida entre el número de habitantes, nos da una situación positiva (20.475 dólares anuales / persona), pero este indicador debe observarse con precaución ya que la desigualdad es significativa si observamos el salario medio en el sector privado (2.964 dólares anuales en 2008). El informe trimestral de la Economía Bahraní calcula también en 21.000 el número de familias cuyos ingresos están por debajo del umbral de la pobreza relativa, con rentas inferiores al 50% de la renta media.

Aunque su proporción de médicos por habitante es bastante buena y el país tiene una alta esperanza de vida (76 años), en términos de atención sanitaria Bahréin se sitúa  por debajo de países como Camerún, Zambia o Guinea Ecuatorial. Mientras, el gasto en educación es bastante bajo, recogiendo menos del 3% del PIB y la tasa de paro supera ahora el 15%, afectando al 20% de los jóvenes entre 15 y 24 años, especialmente a las mujeres.

El rompecabezas demográfico

Según el Informe País de la Oficina Comercial Española en Riad, Bahréin presenta una curiosa distribución de la población. Mayoritariamente urbana, se estima compuesta por 1.106.509 habitantes, con una diferencia importante entre el número de hombres (677.999) y de mujeres (428.510). La tasa de crecimiento demográfico es del 1,3%. También cabe destacar que sólo el 50% de los residentes son nacionales bahreiníes. El 81% de la población profesa religión musulmana, de los cuales dos tercios son chiíes y el tercio restante suníes. El 19% restante se distribuye entre cristianos, hinduistas y otras religiones.

Los últimos años han visto llegar un gran número de expatriados, en gran parte provenientes del continente asiático, que representan el 76% de la población activa. Los ciudadanos chiíes exigen que se ponga fin a la nacionalización masiva de extranjeros sunitas, llegados principalmente desde Pakistán, que se percibe como un intento de cambiar la demografía de la población hacia una mayoría sunita.

La población chíita se ve discriminada en el acceso a la vivienda y el trabajo, especialmente a la función pública. Esta discriminación encuentra su reflejo en el sistema político, donde la familia del rey (sunita) copa los principales puestos políticos y militares. El desequilibrio entre los poderes favorece al Ejecutivo. A largo plazo, las perspectivas de desarrollo se enfrentan a una tendencia negativa, especialmente para el fragmento chiíta de la población.

¿Es posible el desarrollo sin democracia?

El contexto político existente ha creado un profundo resentimiento entre la población de Bahréin, que ve mermados sus horizontes en un sistema que prima el dumping social. El empleo es escaso y la remuneración tan poco atractiva que los nacionales chiítas renuncian a trabajar en un país donde no existe un régimen de protección.

La pobreza no es visible en Bahréin, por lo menos no se refleja en las estadísticas. Y aunque existen ciertos índices de pobreza relativa, las diversas situaciones se confunden con términos indefinidos como “familias necesitadas” y “personas de bajos ingresos”. Las posibilidades de desarrollo inclusivo, tanto como los derechos civiles y políticos se ven limitadas, ya que no existen partidos y las autoridades han diseñado los distritos electorales para reducir el peso del voto chií, resultando en un sistema electoral que presenta una representación proporcional distorsionada.

En el caso de las mujeres, las limitaciones son mayores, ya que no pueden acceder a la propiedad ni a las ayudas por ellas mismas, y su acceso al mercado de trabajo es muy restringido. Estas condiciones se traducen a una constante imposibilidad de progreso socioeconómico para una significante parte de la sociedad de Bahréin.

La necesidad de reformas también viene motivada por la intención del gobierno de diversificar la economía bahreiní y hacer desaparecer la dependencia de las reducidas reservas de petróleo. Bahréin ha apostado en convertirse en un centro financiero y turístico (en competencia con Dubái) y ha reorientado su política industrial hacia la logística y el refinado de petróleo, creando una autoridad específica para este sector. Estas reformas se han revelado insuficientes y a veces hasta contradictorias, fruto de la división interna del poder entre una línea más aperturista (representada por el príncipe heredero) y otra más conservadora (representada por el monarca).

Sin embargo, cabe destacar una serie de medidas encaminadas a la “bahreinización” de la economía y el empleo como:

  • aumentar la contratación de mano de obra local en determinados sectores, en sustitución de los extranjeros;
  • conceder compensaciones económicas a los desempleados;
  • la reducción de las tarifas universitarias  a 25% de su costo anterior, y la exención para los alumnos pobres;
  • la reducción del coste de los préstamos para viviendas públicas y las tarifas de electricidad para aquellos con ingresos limitados.

Desarrollo: un clamor popular

La población no considera suficientes estas medidas y reclama en las calles una apertura política que conduzca hacia un régimen económico más inclusivo y social que dé lugar a una mayor sostenibilidad y mejores perspectivas de desarrollo. Mientras, el Gobierno ha declarado el Estado de Excepción y la inestabilidad en Bahréin está afectando especialmente a los sectores turístico (con una caída de la ocupación hotelera) y bancario. Desde el año pasado se habla de una crisis de confianzaLa economía de Bahréin se ha visto paralizada por los disturbios, motivo que ha ocasionado la huida de inversores y extranjeros. Fitch y Standard & Poor’s han rebajado la calificación de la deuda soberana, comprometiendo el futuro socioeconómico del país.

Las organizaciones internacionales recriminan a Bahréin su línea dura con los disidentes y ello también incide en el prestigio del país a nivel internacional. Esta presión internacional, política y económica, parece estar dando sus frutos y el pasado 19 de Septiembre el gobierno de Bahréin se comprometió a poner en marcha más de 140 (de 170) de las recomendaciones del examen periódico universal de Bahréin que anteriormente realizaron las Naciones Unidas en mayo de 2012.

¿Serán estas reformas suficientes para asegurar el desarrollo de Bahréin? El tiempo nos lo dirá.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Tamara Guirao

A Coruña. Galicia. España Lcda en CC. Políticas. DES Política Europea. DEA Economía. Experta en la dimensión internacional de las políticas regionales y locales. Interesada en Comercio Internacional y Derechos Humanos.


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