25/04/2019 BARCELONA

Expresión, reunión y conciencia en Bahrein

La revolución bahreiní es la menos conocida. Una de las causas de este silencio puede venir del propio desconocimiento que se tiene del país y el silencio de los medios. Este artículo intenta presentar una descripción de la situación de los derechos humanos en Bahrein, personalizada en la figura de Nabeel Rajab.

El reino de Bahrein ha sido dirigido desde 1783 por la familia Khalifa, miembros de la tribu de Bani Utbah, que expulsó a los persas. Hasta la independencia en 1971, Bahrein había sido prácticamente un protectorado británico. El actual Jeque Hamad bin Isa Al-Khalifa llegó al poder en 1999 impulsando ciertas reformas para transformar el país en una monarquía constitucional con una Asamblea legislativa elegida, y las primeras elecciones legislativas tuvieron lugar en 2002.

A pesar de estas reformas, Bahrein está muy lejos de ser una democracia occidentalizada. El rey es la autoridad suprema y los miembros de su familia mantienen los principales puestos políticos y militares, además de una gran cantidad de territorio a título privado. Los partidos políticos están prohibidos oficialmente pero se permiten las asociaciones políticas con características de partidos. Éstas incluyen grupos islámicos (sunitas y chiítas), así como asociaciones laicas y liberales. A pesar de la existencia de estas asociaciones, el desequilibrio entre los poderes favorece al Ejecutivo, y éste sigue en manos de la familia real.

La mayoría de musulmanes chiítas piden más poder y reconocimiento social al gobierno liderado por sunitas.

Es de destacar que la familia real es sunita, mientras que la mayoría de la población es chiíta. Este hecho es causa de tensiones, puesto que la mayoría de musulmanes chiítas piden más poder y reconocimiento social al gobierno liderado por sunitas.

La primavera bahreiní: esa de la que nadie habla

Ante lo mencionado y la ausencia de una nueva Constitución que se había prometido, la revolución estalla en febrero de 2011. Al principio las manifestaciones se limitaban a solicitar un refuerzo de los derechos humanos, especialmente los políticos; pero tras la violenta represión del 17 de febrero de 2011, algunos manifestantes reclaman la desaparición de la monarquía. En marzo de 2011 el gobierno bahreiní declara el estado de emergencia y solicita la intervención de fuerzas de otros países, especialmente de Arabia Saudita, y la justifica con el fin de “evitar una intervención extranjera” por parte de Irán. A finales de ese mismo mes, mientras las protestas persisten y la represión se endurece, Naciones Unidas denuncia un gran número de desapariciones.

Pese a la convocatoria de diálogo, los incidentes y la intervención militar continúan hasta hoy con diversa intensidad. Varias fuentes calculan que hay más de 80 muertos y unos 3.000 detenidos.

La situación de los derechos humanos ha sido descrita por Human Rights Watch como sombría. Las Naciones Unidas han señalado a Bahrein entre las 16 naciones más represoras contra los críticos de sus gobiernos, diciendo que la mayoría de los gobiernos de esos países quedan impunes ante sus actos de represalia, En el caso que nos ocupa, estos actos de represalia han tenido lugar incluso en el marco del examen periódico universal de Bahrein que realizó Naciones Unidas en mayo de 2012,  cuando los defensores de los derechos humanos que habían denunciado abusos fueron tachados de traidores por la prensa oficial.

Las Naciones Unidas han señalado a Bahrein entre las 16 naciones más represoras contra los críticos de sus gobiernos.

En abril de 2012 se celebra el Gran Premio de Fórmula 1, en medio de protestas que conducen a la detención en mayo (y de nuevo en junio y en julio) de Nabeel Rajab, un conocido defensor de los derechos humanos bahreiní. Nabeel Rajab es el Presidente del Centro de Derechos Humanos de Bahrein, director del Centro del Golfo para los Derechos Humanos, Vicepresidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y miembro del Consejo Asesor en la sección MENA de Human Rights Watch.

Nabeel Rajab: conciencia y expresión

Definido como un “prolífico usuario de Twitter con más de 170.000 seguidores” de una cuenta que continúa activa, Rajab fue acusado de insultar públicamente mediante Twitter a los residentes de la ciudad de Muharraq por sus lazos con la dinastía gobernante. Condenado a tres meses de prisión, la Corte de Apelación ha rechazado el 23 de agosto de 2012 los cargos de difamación que pesaban contra el activista.

No obstante, esta revocación de la sentencia no ha significado la puesta en libertad de Rajab, que tiene que hacer frente a otras acusaciones, como la de organizar protestas ilegales. El pasado 16 de agosto se le condenó a tres años de prisión por concentraciones ilegales. En relación con ese juicio, durante el cual el activista intervino para denunciar torturas y aislamiento durante su encierro, los abogados de la defensa han indicado a Human Rights Watch que el juez dictó la sentencia antes de que ellos pudiesen llegar a la audiencia desde otro caso de Rajab, en otro tribunal. Una vez más, se vulneraron las garantías procesales más básicas como el derecho a un abogado.

Rajab fue llevado a la prisión antes de que pudiese reunirse con sus abogados o su esposa e hijos. Mientras que la libertad condicional ha sido rechazada, esta última condena será vista en apelación el próximo 27 de septiembre.

La presión internacional se ha centrado en el caso de Rajab, resaltando la importancia de los derechos de reunión y expresión como derechos fundamentales y solicitando al gobierno de Bahrein el respeto a la dignidad y al habeas corpus, tanto para Rajab como para el resto de presos de conciencia, como la bloguera Zainab Al-Khawaja y su familia.

Derechos Humanos y Bahrein, hoy

Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch coinciden en denunciar múltiples y sistemáticos abusos de los derechos humanos en Bahrein. Juicios sin las garantías debidas, torturas, malos tratos, abuso de fuerza ante las protestas, la ausencia de libertad de expresión y de asociación, discriminación, xenofobia y la explotación de inmigrantes son las vulneraciones más destacadas.

Lejos de cambiar, la situación empeoró con las protestas de 2011. Entre otros factores es importante recordar la pasividad de la comunidad internacional ante las protestas en el país. Cuestiones geoestratégicas como la presencia de una base naval importante de Estados Unidos en Bahrein impiden que ciertos países ejerzan presión para que la situación cambie. ¿Hasta cuándo durará?

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Tamara Guirao

A Coruña. Galicia. España Lcda en CC. Políticas. DES Política Europea. DEA Economía. Experta en la dimensión internacional de las políticas regionales y locales. Interesada en Comercio Internacional y Derechos Humanos.


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