22/09/2019 BARCELONA

¿Otra guerra Caucásica?

Después del atentado suicida de la semana pasada, que dejó muerto al respetado y amado líder espiritual, Said Afandi al-Chirkawi, junto a seis otros miembros de la comunidad Sufí de Daguestán, muchos se han quedado preguntando si la región del Cáucaso no está al borde de otra guerra sangrienta.


Después del atentado suicida de la semana pasada, que dejó muerto al respetado y amado líder espiritual, Said Afandi al-Chirkawi, junto a seis otros miembros de la comunidad Sufí de Daguestán, muchos se han quedado preguntando si la región del Cáucaso no está al borde de otra guerra sangrienta. La República de Daguestán, oficialmente una república de la federación rusa, se traduce literalmente a la tierra de las montañas, y ha sido conocida por tener que utilizar su terreno montañoso para una variedad de operaciones encubiertas y guerra de guerrillas. Daguestán comparte su frontera oriental con Chechenia y Georgia, ambos sitios que se vieron envueltos en guerras brutales contra Rusia durante las últimas dos décadas. La frontera occidental de la república es casi tan turbulenta ya que la comparte con Azerbaiján, otro país involucrado en un conflicto armado, esta vez contra Armenia por su propia región  separatista.

La diversidad étnica y lingüística de la república autónoma (En Daguestán se habla más de 30 idiomas distintos), que lo hace fascinante para etnógrafos y lingüistas, la ha apartado del resto de Rusia y ha sido fuente de  muchos conflictos y tensiones, sobre todo entre las diferentes facciones religiosas.

Sin embargo, recientemente parecía que se estaba avanzando hacia la reconciliación entre la rama del Islam sancionada por el estado-el sufismo, y los seguidores de los fundamentalistas salafistas, un movimiento islámico conocido como Wahabí que surgió en la región en la década de los 90. El asesinato de al-Chirkawi, que tuvo la mayor red de seguidores (los seguidores del sufismo son conocidos como murid-analistas piensan que al-Chirkawi tenía alrededor de 400,000 murides, entre los cuales figuraban prominentes miembros del gobierno de Daguestán y de las fuerzas policíacas) de todos los líderes espirituales sufíes de la región, parece ser una provocación directa con el objetivo de poner fin a cualquier atisbo de la paz. Mientas muchos trataban de discernir quién sacaría el máximo provecho de otra guerra en la región, el ala de Daguestán de Riyadus Salikhiin, un batallón suicido formado por un recluso comandante chechenio, Sahmil Basayev, ha tomado responsabilidad completa por la muerte del reverenciado líder. Todavía queda por ver los efectos que la muerte de al-Chirkawi tendrá en la región. Todavía no se sabe cómo reaccionarán los oficiales Daguestaníes, pero queda claro que este evento transformará el paisaje político de una república ya complicada.

Violencia y Luchas Religiosas en Daguestán:

Mientras los seguidores de al-Chirkawi están de luto, mostrando un dolor evidente, el atentado contra su vida tampoco se puede tomar con mucha sorpresa dados los acontecimientos anteriores en la región. Del 1995 al presente han habido 68 ataques contra líderes musulmanes de Rusia y 57 homicidios. Ya tuvo lugar un atentado previo contra la vida de al-Chirkawi , y su muerte es la segunda de un jeque sufí en Daguestán en el último año.

El conflicto entre los sufíes y las facciones Wahabís del Islam ya han provocado la muerte de 31 personas en la región y las relaciones entre los insurgentes Wahabíes y los oficiales de Daguestán siempre han sido tensas, si no abiertamente hostiles.

Photo on Flickr by Bolshakov

En el 1999 el parlamento de Daguestán aprobó una prohibición contra “actividades extremistas Wahabíes y otras”. Tras la prohibición, la policía reprimió a muchos líderes salafistas ya algunos han acusado a los policías de excesos contra ciudadanos no combatientes que siguen la fe salafista. El anterior ministro de interior de Daguestán, Aldilgerey Magomedtagirov, que también fue asesinado en el 2009, fue reconocido por promover el duro trato a la comunidad salafista. Muchos ciudadanos locales afirman que los insurgentes sospechados son detenidos y desaparecidos regularmente por las fuerzas policíacas de Daguestán.

La situación, sin embargo, ha mejorado gracias a los esfuerzos del actual presidente de la república, Mogamedsalam Mogamedov. Mogamedov se ofreció a aceptar las peticiones de vivienda social y de prestaciones por desempleo para los insurgentes que aceptaron deponer las armas, y comenzó un diálogo con los salafistas, considerando la posibilidad de ofrecerles algunos derechos civiles. La última reunión entre el gobierno de Daguestán y los salafistas se llevó a cabo en abril, y terminó con el acuerdo de que las futuras diferencias se resolvería a través de debate público. La paz, sin embargo, duró poco. Sólo unos días después de la reunión,  varias coche bombas en la capital de Daguestán, Makhachakala, mataron a 14 personas y hirieron a 122. Entre los sospechados de haber planeado el atentado fue Aminat Kurbanova, la misma terrorista suicida acusada de haberle matado a Said Afandi al-Chirkawi la semana pasada.

¿Quién mató a Said Afandi al-Chirkawi?

Es evidente que este último ataque fue un intento a desestabilizar cualquier  reconciliación entre los dos grupos. Mientras algunos creen en la confesión del Salikhiin Riyadus de haber orquestado el asesinato, otros siguen buscando a otros a quien culpar. Algunos piensan que fue planeado por  grupos religiosos fundamentalistas en protesta contra los premios que fueron otorgados por el presidente Putin tanto al Muftí de Tatarstán, Ildus Faizov, que se lesionó recientemente en un atentado de coche bomba en Tatarstán, como a la familia de Valliula Yakupov, el ex muftí diputado que fue asesinado en otro ataque.

El atentado que acabó con la vida de al-Chirkawi tuvo lugar en el mismo momento en que los  premios fueron entregados, llevando a algunos a creer que la muerte de líder fue un acto de venganza por su apoyo político a Moscú.

Sin embargo, otros creen que el asesinato del líder fue una operación perfectamente planeada por oficiales rusos que deseen provocar disturbios en la región y así crear un motivo por lo cual los rusos pueden ejercer más control sobre la república. En marzo de este año, Rusia mandó una “unidad de tropas temporarias” al sur de Daguestán en lo que los rusos llamaron “un paso para combatir contra el terrorismo” . Este paso llevó a muchos a especular sobre los futuros planes del gobierno central ruso en la zona.

Un Futuro Incierto para Daguestán:

Photo on Flickr by Boshakov

Actualmente, la situación en la región sigue siendo tensa. El mismo día que al-Chirkawi fue asesinado, una base militar rusa, en la frontera con Azerbaiján, fue atacada, y en otro incidente tropas Georgianas se vieron obligadas a utilizar la fuerza contra para detener a un grupo de militantes que vinieron de Daguestán para liberar rehenes. Tres oficiales Georgianos y once militantes de Daguestán murieron en la escaramuza en la frontera.

Tomando en cuenta las posibles represalias contra los salafistas y la potencial reacción de estos, el presidente de Daguestán, Magomedov, ha sugerido que escuadrones voluntarios de auto defensa se forman de inmediato. Escuadrones similares se formaron en 1999 contra los insurgentes de Shamil Basaeyev, y según oficiales de Daguestán, fueron eficaces. La formación de estos escuadrones significaría que el gobierno regional tendría sus propias fuerzas paramilitares que no están bajo el mando del gobierno central ruso, lo que podría conducir a la impunidad. Los analistas de Radio Europa Libre constatan que el asesinato provocará a los policíacas de Daguestán a arremeter contra los combatientes salafistas y  los ciudadanos pacíficos por igual. Otros analistas de la fundación de Jamestown, sostienen que el gobierno regional no actuará sin la aprobación explícita de Moscú. En ambos casos, la violencia en la zona ha ido aumentando. Las próximas semanas serán cruciales para determinar si la situación seguirá empeorando o si las tensiones y animosidades se pueden mantener a raya.

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Cristina Maza

Vive en Tbilisi, Georgia donde trabaja en la ONG-Transparency International. Licenciada en Ciencias Políticas con un enfoque en la economía política y Europa del este, postgrado en gestión de proyectos de cooperación internacional y desarrollo y máster en Estudios del Centro y Sur Oriente de Europa de University College London, con un enfoque en la política de la región, los conflictos armados y el nacionalismo.


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