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Además de las cuestiones propiamente geopolíticas del conflicto, los partidarios de la ofensiva en Afganistán encontraron también un fuerte argumento en la situación social del país, especialmente en la total discriminación que sufrían las mujeres. La derrota del gobierno talibán iba a suponer que las afganas recuperarían los derechos fundamentales que les habían arrebatado ante el silencio de la comunidad internacional en 1996, año en que los seguidoresdel mulá Omar llegaron al poder.

La Constitución y la Ley contra la violencia hacia las mujeres: ¿papel mojado?

Elecciones en Afganistán en 2009

Podemos hablar de dos avances clave, que se consiguieron sobre todo por la implicación del poder político: por un lado, el artículo 22 de la Constituciónde la República Islámica de Afganistán, del año 2004, que subraya la igualdad entre hombres y mujeres; por otro, la Ley sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de 2009 que tipifica como delitos algunas prácticas habituales en Afganistán como por ejemplo los matrimonios forzados, la compraventa de mujeres bajo el pretexto de un matrimonio, la entrega de una mujer o una niña para solucionar una disputa (baad) o los crímenes de honor.

Sin embargo, la eficacia de esta ley está todavía por determinar. Según un informe de UNAMA, la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán, existen importantes lagunas: no se establecen diferencias entre una violación o el mantenimiento de relaciones sexuales fuera del matrimonio (la zina, que está castigada por ley), dejando indefensa a la víctima si tenemos en cuenta que en el imaginario colectivo afgano la palabra de un hombre tiene más valor que la de una mujer; no hay una clara criminalización de los crímenes de honor, cometidos normalmente por familiares de la víctima; y existe un gran desconocimiento de la ley por parte de gobernadores y jueces locales proclives a aceptar sobornos, además de una insuficiencia clara de instrumentos jurídicos para hacer efectiva la ley.

Pese a la ley sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en general niñas y mujeres encuentran todavía una gran dificultad para demostrar que son víctimas de un delito, principalmente porque en muchos casos al juez no le importa el delito per se sino si la víctima ha transgredido alguna normal social.

Escuela de la ONU en Afganistán

Pese a la ley, en general niñas y mujeres encuentran todavía una gran dificultad para demostrar que son víctimas de un delito, principalmente porque en muchos casos al juez no le importa el delito per se sino si la víctima ha transgredido alguna normal social. Esto se traduce en otro fenómeno, el de las mujeres encarceladas por los denominados delitos morales, un número que según Human Rights Watch asciende actualmente a 400. Normalmente son acusadas de zina (mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio), que está castigada por la ley islámica, aunque en numerosas ocasiones el hecho real sea que la mujer ha huido de su hogar para escapar de la violencia doméstica.

Más mujeres en los espacios públicos pero siempre escoltadas

En 1996 el régimen de los talibanes prohibió trabajar a las mujeres, afectando a más de 40.000 mujeres que estaban vinculadas especialmente al sector sanitario y al educativo. Sólo se permitió a unas pocas doctoras y enfermeras que ejercieran en Kabul para atender a mujeres y niñas.

Actualmente, las mujeres tienen una mayor presencia en los espacios públicos: doctoras, enfermeras, matronas, fiscales, profesoras… profesionales que han decidido tener un papel más activo en la sociedad, incluso en la política: en las elecciones presidenciales de 2009, dos de los 38 candidatos eran mujeres. Pero esta actividad tiene un coste: son amenazadas y atacadas para que dejen sus puestos y algunas han sido objetivo de atentados.

Mujeres con burka paseando por las calles de Kabul

Aunque alrededor del 95% de las niñas afganas que empieza la escuela no alcanza la educación secundaria, un dato sin duda alarmante, es en el sector educativo donde se han producido destacados avances. El informe que Intermon Oxfam publicó en 2011 destaca la apertura de numerosas escuelas para niñas, que habían sido cerradas por los talibanes, y el aumento de las matriculaciones, de apenas 5.000 durante la época talibán hasta los 2,4 millones. Un dato significativo porque impulsa también una mayor presencia de profesoras.

Sin embargo, la organización apunta también a una disminución de los esfuerzos por parte del gobierno afgano en los últimos años, más centrado en los conflictos internos, quedando en el aire la necesidad de continuar abriendo escuelas especialmente en zonas rurales del país, mejorar su seguridad (ya que algunas han sufrido ataques) y facilitar la continuidad de la formación de mujeres adultas, especialmente las viudas.

El futuro de las afganas después de 2014

Quizás el cambio más esperado, y que todo apunta que tardará en llegar, sea eliminar la prohibición de que la mujer salga a la calle sin estar acompañada por un muhram o escolta (un hombre de su familia). Además de suponer la vulneración de su libertad individual tiene también otras consecuencias, como el alto índice de mortalidad entre las mujeres afganas por complicaciones médicas. Según UNICEF, 1 de cada 11 afganas muere al dar a luz, entre otras razones porque sin un hombre no pueden desplazarse a un hospital, debiendo hacerlo en casa sin asistencia y sin las condiciones sanitarias mínimas. La prohibición de salir solas supone también no poder denunciar la violencia ejercida por algún hombre de su entorno, así como el abandono de la educación secundaria y superior, lo que les cierra la puerta a una profesión fuera del hogar.

Con tantos cambios pendientes, la salida de las fuerzas internacionales en 2014 augura un Afganistán olvidado de la agenda mundial, lo que con toda seguridad llevará a un retroceso en las condiciones ya de por sí precarias de las mujeres afganas. Las organizaciones internacionales piden que no se olvide que aún queda mucho por hacer para devolver la visibilidad a la población femenina y para conseguir el fin de la violencia contra la mujer.  Hasta el momento, muchos de los avances se han logrado por la presión internacional.

Así, el futuro de las mujeres afganas no se presenta muy prometedor. El camino hacia el respeto de sus derechos más fundamentales sigue siendo, a día de hoy, muy largo.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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