05/06/2020 BARCELONA

Malí: ¿un golpe de Estado fallido?

La caída de Toumani Touré en Malí, el 22 de marzo, en un golpe de Estado protagonizado por el capitán de las fuerzas armadas, ha acabado con la democracia más serena del África Occidental. Los golpistas afirman su voluntad de devolver el poder a los civiles y buscan el apoyo de una comunidad internacional que amenaza con condenar al ostracismo internacional al país, al borde de una grave crisis humanitaria.

Actualización 03 de abril de 2012:

La ECOWAS cumple su amenaza e impone el “embargo total” contra la junta militar de Malí. La reiterada voluntad del capitán Sanogo de proteger la integridad nacional del país y negociar una pacífica transición no han convencido a la organización, que ha decretado sanciones económicas y diplomáticas (bloqueo de fronteras, congelación de bienes y embargo de fondos) y prepara una posible intervención militar en el país, ante la confusión de los ciudadanos malienses. Las represalias de la comunidad internacional podrían asfixiar la esperanza de un país al borde de la crisis humanitaria, que no ha censado de reclamar la paz como objetivo prioritario.

El 22 de marzo, un mes antes de las elecciones presidenciales de abril, una junta golpista liderada por el capitán del Ejército, derrocó al gobierno democrático de Amadou Toumani Touré. El alzamiento militar se ha producido dos días después de que la comunidad internacional se comprometiese a ayudar al gobierno de Malí, incapaz de resolver los conflictos internos que amenazaban la seguridad de una de las democracias más estables del continente africano. El líder golpista, Amadou Haya Sanogo, pide apoyo internacional para garantizar la seguridad e integridad nacional e insiste en que cederá el poder cuando acabe su “misión”.

Como prueba de confianza, ayer, 1 de abril, anunció el restablecimiento de la Constitución y las instituciones republicanas, ante la amenaza del embargo internacional y el desafío de la insurgencia tuareg, que este fin de semana ha conseguido conquistar las principales ciudades del norte del país.

Un golpe de Estado “por sorpresa”

La comunidad internacional, que ha mostrado su sorpresa y firme rechazo unánime, e insta al restablecimiento del orden democrático y constitucional bajo amenaza de sancionar económica y financieramente al país. La ONU, Estados Unidos y la Unión Europea han suspendido su ayuda humanitaria, a excepción de la ayuda de emergencia. El ostracismo internacional podría condenar definitivamente a un país que se encuentra al borde de una grave crisis humanitaria, anunciada por la ONU desde el pasado mes de noviembre.

Los países vecinos, a los que comienzan a llegar centenares de desplazados, han suscrito una “posición innegociable”  frente a la junta golpista. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS, por sus siglas en inglés)  ha suspendido la membresía de Malí y a anunciado un ultimátum. Hoy acaba el plazo y, ante la negativa de los golpistas por restablecer el orden constitucional, tendrán que decidir sobre el embargo diplomático y financiero, así como sobre la posibilidad de una intervención militar.

Amadou Toumani Touré, el presidente derrocado, actualmente en paradero desconocido, realizó, el pasado miércoles, unas declaraciones a Radio Francia Internacional (RFI),  en las que afirmaba encontrarse a salvo y dispuesto a colaborar con la ECOWAS por el bien del país: “Pienso que lo más importante ahora no es ATT -como se le conoce, por sus siglas-, ni los hombres, sino la democracia, las instituciones, Malí”.

¿Y Malí, qué opina?

Mientras, en la capital, Bamako, a orillas del río Níger, miles de malienses se manifestaron, el pasado sábado, para solicitar el apoyo a la junta militar. Además del principio de no injerencia en asuntos internos, la mayoría de los ciudadanos defienden la toma de poder como la última oportunidad de mantener la unidad nacional frente al avance de la insurgencia Tuareg. Pero el objetivo prioritario es la paz. Así, el mismo sábado tuvo lugar una multitudinaria concentración de 25.000 ciudadanos de Malí, de diferentes confesiones, que pidieron el fin de la violencia.

Los tuareg, población nómada distribuida principalmente en el cinturón saheliano, representan, en Malí, un minoritario 15% frente a una población de 15 millones, y reclaman la independencia de la parte septentrional del país. El conflicto secesionista se remonta años atrás, y ha dado muchos quebraderos de cabeza al gobierno nacional. El 17 de enero de 2012 milicianos tuareg, unidos bajo el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), iniciaron una ofensiva sin precedentes cuyo avance parece inexorable: apenas dos meses después, el 1 de abril ya habían tomado ciudades estratégicas en las regiones de Kidal, Gao y Tumbuctú, controlando un tercio del territorio norte del país y poniendo así fin a lo que consideraban “una invasión maliense de su territorio”.

Especulaciones mediáticas apuntan a una alianza de la facción laica de los tuaregs con los salafistas de Ansar al Din como clave del éxito; ambos habrían olvidado sus diferencias para hacer frente a un enemigo común. Por otra parte, partidas de armas originarias de la revolución libia habrían nutrido los arsenales de sus fuerzas,  imbatibles para un ejército nacional maliense mal equipado y desnutrido.

La popularidad del carismático presidente maliense Touré, conocido por su papel de mediador en conflictos regionales y su defensa de la democracia, se había resentido en los últimos años de mandato. A pesar de mantener un régimen multipartidista, donde primaba la libertad de prensa y no había presos políticos, la democracia de Touré no era perfecta.  La mala gestión de su gobierno frente al conflicto secesionista del norte, sumada a  la inestabilidad provocada por el brote de células terroristas que, supuestamente, utilizaban el territorio maliense para refugiar a sus rehenes, ha sido el detonante del golpe de estado protagonizado por las fuerzas del ejército de Malí.

El Comité Nacional para el Restablecimiento de la Democracia y la Restauración del Estado (CNRDRE), como se conoce a la junta militar, ha suspendido la Constitución, disuelto todas las instituciones democráticas e instaurado un toque de queda. Su líder, el capitán Sanogo explicaba, en varios comunicados emitidos esta semana, que no pretende eternizarse en el poder, sino entregar el poder a los civiles a través de unas elecciones que todavía no figuran en el calendario: “Pretendo […] que este país tenga la calma y viva en el perdón y la paz.”  Las primeras medidas se orientan en este sentido: Sanogo ha presentado una nueva Carta Magna según la cual “cualquier persona que formase parte del CNRDRE o del Gobierno no podrá participar como candidato en las elecciones”, además de garantizar el derecho de manifestación y de huelga.

Por otra parte, si los malienses no se muestran tan escépticos como el resto de la comunidad internacional, podría ser debido a que el mismo Touré, conocido como “el soldado de la democracia”,  protagonizó, en 1991, un alzamiento militar que depuso al dictador Alpha Konaré y devolvió el poder a los civiles un año después, antes de ser elegido democráticamente en 2002.

La República de Malí, una de las democracias más sólidas del continente africano, se enfrenta ahora a un futuro incierto en el que la ECOWAS tienen, hoy, mucho que decir: sus miembros se reunirán en Dakar para tomar una decisión sobre la intervención de sus fuerzas militares y las medidas de embargo. En reacción, la junta militar ha anunciado el restablecimiento de la Constitución y las instituciones republicanas y ha manifestado su voluntad de implantar órganos de transición para la celebración de las futuras elecciones democráticas y libres.

Este importante paso (atrás) de la junta golpista no significaría, como ya señalan algunos, un cambio radical de su postura, sino que podría ser la prueba fehaciente de que la paz es un objetivo primordial para todos los malienses.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Paloma Casaseca

Asistente de investigación en CIDOB, Barcelona. Licenciada en Comunicación y especializada en Relaciones Internaciones. Experta en Paz y Seguridad en África. Nací con una maleta debajo del brazo; después de haber vivido en Marruecos, Madrid y París, busco una oportunidad para trasladarme a África.


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