17/10/2019 BARCELONA

Bajo el burka… mucho sentido del humor

La ley que prohíbe el uso del burka en Francia acaba de entrar en vigor. Además de la legislación, hay otras formas de enfrentarse a esta realidad. El sentido del humor es una de ellas, pero ¿podemos reírnos de algo que no hace gracia?. Unos cuantos cómics nos muestran que sí.


Si escribimos la palabra burka –del árabe برقع burqa– ­en el buscador de la Real Academia Española, aparece un mensaje diciéndonos que “no está en el diccionario”. En cambio, si tratamos de averiguar su significado en inglés, el Diccionario Inglés Collins la define como “vestido largo envolvente que usan las mujeres musulmanas en público”. Para cualquier persona que haya visto alguna vez esta prenda, reproducida en una imagen o en vivo y en directo, sabrá que esta definición omite su auténtica esencia.

En cambio, si buceamos un poco en Wikipedia nos dice que “puede referirse a dos formas de ropa tradicional usadas por mujeres en países del mundo árabe y otros de religión islámica, principalmente Afganistán, donde es la vestimenta tradicional de las mujeres afganas pashtun. La primera es un tipo de velo que se ata a la cabeza sobre un cobertor y cubre toda la cara, salvo una ranura en los ojos para que la mujer pueda ver a través de ella. La otra es una prenda conocida como burka completo, burka afgano o, en ocasiones, chador (چادر), el cual cubre el cuerpo y la cara por completo. Ambas son utilizados por algunas mujeres musulmanas como una interpretación del código de vestido del hiyab”.

Esta descripción define algo más que un simple “vestido largo envolvente” y nos muestra una cárcel de tela bajo la cual esconder la feminidad en una interpretación extrema que responde, sobretodo, a las prácticas de una tribu afgana autóctona, los pastún. Cuando los talibán, en su mayoría de origen pasthun llegaron al poder en Afganistán, impusieron a toda la población femenina el uso del burka, entre otras restricciones. Debido a estas connotaciones, varios países de la Unión Europea han prohibido su uso en público -Italia, Bélgica y Luxemburgo son algunos ejemplos- aludiendo que es más que un símbolo religioso. “En nombre de la dignidad y de los derechos de la mujer”, como explica Nicolás Sarcozy, en Francia acaba de entrar en vigor una ley que impondrá multas de hasta 150 euros a las féminas que lo vistan. Además de aislamiento social, el uso del burka –por la falta de luz- produce deficiencia de vitamina D que conduce tanto al raquitismo como a la osteoporosis, aumentando el riesgo de convulsiones en los lactantes nacidos de madres afectadas.

Reír y actuar

Además de la legislación, hay otras formas de enfrentarse a esta realidad. El sentido del humor es una de ellas, pero ¿podemos reírnos de algo que no hace gracia?. “La risa, en el caso del burka, nunca es franca y abierta, consecuencia de un humor contestatario y salvador. No puede serlo porque debajo siempre hay una víctima real”. Así habla Anne-Marie Lizin, profesora del Institut des Sciences Politiques de París y antigua presidenta del Senado belga en la introducción de Burkamania (Norma Editorial 2011) de JaqPé. Este ilustrador de Bruselas, especializado en dibujo humorístico y colaborador del corrosivo semanario satírico Père Ubu, provoca la risa al mostrar situaciones las situaciones absurdas que provoca llevar este atuendo. Niñas que abren una caja de muñecas y encuentran una BurkaBarbie, la Mona Burka que hubiera pintado Leonardo, el hombre que se pregunta ante tres burkas a cuál ha repudiado o la celebración del Día Internacional de la Mujer en Afganistán donde el marido “abre” la reja que cubre el rostro de su esposa. “Reír es saludable, sobre todo cuando te lleva a actuar”, continúa Lizin, mientras señala que la globalización del mundo “pasa también por la risa y las indignaciones”.

El uso del velo

El debate sobre el uso del burka y del velo no es nuevo. La llegada de los flujos de inmigrantes, con sus costumbres y tradiciones, la dificultad para integrarse y ser aceptado ha ocasionado múltiples roces y enfrentamientos. Muchos de ellos a causa del uso de esas prendas, señal de respeto para unos y símbolo de opresión machista para otros. En el desternillante El caso del velo (Norma Editorial) de René Pétillon, el detective Jack Palmer –que es cualquier cosa salvo discreto y sagaz- le sigue la pista a la hija de un cirujano, sospechando que se ha convertido en una fundamentalista islámica. El autor se inspiró en hechos reales y situó la acción en París, donde la musulmana es la segunda religión. En Pétillon también plantea la risa como antídoto, y retrata las posturas de moderados e integristas a través de diálogos donde algunos personajes reivindican el velo como “un mandato divino” frente a otros que ven esa afirmación como “una manipulación de los textos religiosos”. En un guiño cómico, por las guardas del libro desfilan una multitud de hombres y mujeres árabes portando la pancarta “Con velo porque así lo quiero”.

Ser mujer en Afganistán

Otra aportación llega del pincel de Nicolas Wild en su Kabul Disco, de cómo no me enganché al opio en Afganistán (Ponet Mon). Por increíble que parezca, su protagonista encuentra una oferta de trabajo como dibujante de cómics en la capital afgana para la agencia Zendagui. Esta irreverente y surrealista visión de un país en crisis permanente, también aborda con sentido del humor la cuestión del burka. Armado con su pequeño portátil y su conexión WiFi, Nicolas muestra Afganistán a su familia y amigos. “¿Por qué se tapa la cara esa señora?. ¿Tiene frío en la boca?”, le preguntan al otro lado de la pantalla sus sobrinos cuando les presenta a Shaina, la afgana que trabaja como ayudante del contable. La propia Shaina –unas cuantas viñetas más tarde- da las gracias a los dueños de la agencia. “Antes de trabajar aquí tenía una imagen mediocre de mí misma. No me sentía bien, me sentía inútil. Me he dado cuenta de que puedo servir para algo. Me he dado cuenta de que soy alguien. Me siento realizada, en cierto modo. Se puede ser una mujer en este país y desempeñar un papel en la sociedad”.

En España, la Defensora del Pueblo en funciones, María Luisa Cava de Llano, defendió recientemente la libertad de las mujeres que deciden llevar burka, “siempre que sea por voluntad propia y no como un elemento de sumisión al hombre”. Pero Lizin, desde la introducción de Burkamania recuerda que  “esta elección casi nunca es personal, sino impuesta por una realidad que subyuga el papel de la mujer como ser humano completo”. “El burka es un accesorio destinado a esconder y estigmatizar el cuerpo de la mujer, y por tanto una discriminación”, sentencia.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Esther Ortiz

Madrileña, periodista de Acción Social, RSC y Gestión Cultural. Especialista en diseño de proyectos culturales, sociales y comunicacionales, así como de relaciones entre empresa y ONL como socios de acción y conocimiento. Me encantan los perros y Berlín es mi ciudad favorita. Le sigo la pista al Inspector Wallander; me emociona la voz de Robert Smith y aún sigo esperando que Ilsa no se suba a ese avión y se quede con Rick. Y cada día libro pequeñas batallas, logro pequeñas conquistas que hacen que me sienta un poquito Wonder Woman.


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